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20 de marzo de 2018
¡Porque sí... porque te lo mereces!
4 de marzo de 2018
Mujeres
24 de enero de 2018
Enjoy the silence
10 de enero de 2018
La música cura
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15 de agosto de 2014
España vende Canarias por 60 millones de euros.
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| Deepwater Horizon |
29 de septiembre de 2012
Ojala que llueva...
4 de mayo de 2012
...porque la vida es bella
16 de abril de 2012
Puto euro
La vida se puso cuesta arriba. Seguramente no nos hubiera ido mejor manteniendo la peseta mientras los demás países europeos implantaban el euro, pero lo que es seguro es que antes vivíamos mejor, mucho mejor. Claro que en eso no sólo intervino la nueva moneda.
2 de septiembre de 2011
Tabú
12 de junio de 2011
Derivas
14 de mayo de 2011
Estaba escrito...
9 de noviembre de 2010
Feliz navidad
19 de febrero de 2010
"Jamas cedas ante el mal...
(Tu ne cede malis sed contra audentior ito)
Leí esta frase en alguna parte y no he podido dejar de pensar en ella. Quizás porque cuando miro a mi alrededor no veo esa lucha por combatir el mal con audacia. Ni mucho menos.
Lo que veo es que todo el mundo, o casi, termina cediendo ante el mal, porque el mal avasalla y pervierte muy fácilmente. El mal está de moda, y siempre hay borregos que siguen las tendencias para ahorrarse pensar por si mismos.
Así que he llegado a la conclusión de que el mal está venciendo la batalla, y que nos hemos acostumbrado demasiado a su presencia.
Cadenas de televisión; periódicos; Internet…pervirtiendo nuestra moral, mientras consentimos de buen grado la manipulación, pasivamente, sin querer romper nuestra burbuja de pasotismo, sin voluntad para luchar.
Tampoco los que luchan contra el mal lo hacen de forma digna, caen en las mismas trampas, utilizan las mismas armas, acaban haciendo lo mismo que condenan, o peor. Los que luchan lo hacen de forma interesada y torpe, nada que ver con la audacia que reclamaba Virgilio.
He trasladado mis pensamientos a mi calle, a mi entorno, y he visto lo mismo. Gente que mira para otro lado para no ver la realidad.
He visto el poder devastador de la mentira y de la envidia, estandartes de nuestra sociedad. La indiferencia en letras mayúsculas. La perversión de las ideas. La falta de responsabilidad.
Sólo hay que encender la televisión para obtener un chute de basura enlatada en tu propia casa. Veo una sociedad estúpida, vulgar, que se conforma con la mierda que le alimenta y que cada día pudre su cerebro un poco más. Veo una sociedad ignorante que por segundos se vuelve más ignorante y a la que no le importa perder sus valores, tal vez porque nunca creyó en ellos.
Miro a mí alrededor y me encuentro con leyes que protegen a los delincuentes y dejan desamparadas a las victimas. Una sociedad individualista que no mira más allá de sus narices y no mueve un pelo por sus semejantes. Una sociedad cada vez más egocéntrica y consumista. Una sociedad que convierte a los ladrones, vividores e incultos en modelos a seguir; una sociedad que premia la ordinariez y desdeña lo extraordinario.
Veo con impotencia la impunidad que proporciona ser menor en este país. Contemplo con rabia la burla de esos jóvenes asesinos, que torean a la policía como quieren, sin tener en cuenta el dolor de la familia que acaban de destruir porque ya han conseguido lo que querían: ser famosos y tener más amigos en el Facebook.
Soy testigo de lo mucho que molesta la diferencia. Percibo la angustia de la gente por adaptarse a los cánones de belleza que alguien ha decidido que deben primar, incluso por encima de la salud. La infelicidad que no dar la “talla” ocasiona en las mentes vulnerables; la frustración que provoca en los jóvenes que creen que, ajustándose a la norma impuesta, alcanzaran el éxito o la felicidad.
Siento pena al ver como se malea, maltrata y retuerce la palabra “libertad”. Asco cuando se favorece al poderoso a costa del pobre. Miedo cuando presencio como los políticos juegan con nuestro futuro y estabilidad. Y me indigno de pensar en el poder del mal y en todo el terreno que nos lleva ganado.
23 de septiembre de 2009
Adiós Verano. Hola Otoño
El verano se acaba. Ha pasado tan rápido que me ha dado un poco de pena que haya terminado. Pero al menos nos queda su recuerdo, ¡qué remedio! Ha sido un verano cálido, algo seco, pero bastante benévolo por estas tierras. Me llevo un buen recuerdo, aunque no haya podido salir de vacaciones. Viviendo en un lugar tan turístico como Tenerife eso no supone un drama, y bueno, el que no se consuela es porque no quiere. El fin de semana pasado era el último del verano. La estación más tórrida del año se despidió…con un buen chaparrón. Un broche adecuado. Me sigue dando nostalgia que acabe, como cuando era niña y llegaba septiembre y comenzaban las clases. Así que la lluvia le da más dramatismo a esta transición de estaciones.
En el Puerto de la Cruz, lugar turístico por excelencia, llovía mucho el domingo. Bueno, en realidad sólo lloviznaba, pero la débil lluvia deslució las últimas fotos veraniegas. ¿Qué tendrá la lluvia que es capaz de llamar a la nostalgia de esa forma? No hay nada más deprimente que el lugar de vacaciones un día lluvioso.
Se despide el verano y llega el otoño, una estación que me entristece. Trato de que me guste pero será la oscuridad tras la luz estival, el cambio de hora que eterniza las tardes, el cielo encapotado, ver caer las hojas de los árboles o la textura que adquieren las cosas bajo la luz gris del otoño, no sé por qué será, pero me pone muy melancólica.
No queda de otra que acostumbrarse. Aunque el otoño no es una de mis estaciones favoritas le encuentro cierto encanto. Bien mirado es una estación romántica y serena. Pasear sobre una alfombra de hojas secas al atardecer apetece en esta época. Hay muchas cosas del otoño que me gustan. Me gustan los calcetines calentitos, y la confortable ropa de abrigo. Las mantitas en el sillón; los colores de la naturaleza tan ricos y variados; las castañas asadas con su olor a otoño inundando las calles y la templanza de las mañanas.
Aunque el otoño suene a despedida, también suena a madurez y vino, a cosas añejas, a tierra mojada y a tormenta.
11 de junio de 2009
Atrapa el instante

Otras veces, muy pocas últimamente, la mano va sola y se adelanta a mí, pero yo me dejo guiar por ella pues ese extraño arrebato me lleva siempre a buen puerto. Ese espontáneo y fresco delirio escritor me complace, porque no es algo planeado o calculado, simplemente surge.
Las cosas realmente importantes de la vida surgen. No se puede proyectar un amanecer por eso tiene más valor.
Hoy, de regreso a casa pensaba en estas palabras, en cómo podría atrapar el instante del calor de este día y de la brisa en el rostro. En mi cabeza las palabras sonaban maravillosas, pero ahora, frente a la pantalla, las palabras se esfuman y esos instantes preciosos del atardecer en el valle de la Orotava, del aire caliente del Puerto de la Cruz, del sonido de las olas contra la orilla de arena negra pierden parte de su valor. Estas palabras, moldeadas tan torpemente, no pueden alcanzar la belleza de esos instantes. Esos instantes que habitan, como una impresión de agua, tras mis párpados.
Aún ahora, si cierro los ojos, puedo verlos con su belleza descarnada. Sé que mañana los habré perdido, habrán muerto en la niebla de mi memoria. Pero ahora suenan como un eco. Puedo oír las olas que se mecen bajo un sol tibio, las gaviotas volando cerca de la costa, y la brisa silbando entre las palmeras.
Atrapada la esencia de esos instantes mágicos en mis retinas puedo considerarme afortunada. Mañana habrá otro atardecer, volverán a acariciar las olas la orilla pero ni el sol ni el mar serán el mismo, porque una pequeña parte de su esencia reside ya en mis recuerdos.

Fotos: SergioTF (Flickr)
Playa Benijo.
22 de abril de 2009
Todo pasa
“Cayó a mis pies de hinojos. Suplicante y exclamando: - ¡Don Miguel, por Dios, quiero vivir, quiero ser yo!
-¡No puede ser, pobre Augusto- le dije cogiéndole una mano y levantándole_, no puede ser! Lo tengo ya escrito y es irrevocable: no puedes vivir más. No sé qué hacer ya de ti. Dios, cuando no sabe qué hacer de nosotros, nos mata. Y no se me olvida que pasó por tu mente la idea de matarme…
-Pero si yo, don Miguel…
- No importa; sé lo que me digo. Y me temo que, en efecto, si no te mato pronto acabes por matarme tú.
-Pero, ¿no quedamos en que…?
-No puede ser, Augusto, no puede ser. Ha llegado tu hora. Está ya escrito y no puedo volverme atrás. Te morirás. Para lo que ha de valerte ya la vida…
- Pero…por Dios…
-No hay pero ni Dios que valgan. ¡Vete!
-¿Conque no, eh? –me dijo-, ¿con que no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme. ¿Conque no lo quiere? , ¿Conque he de morir entre la ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió… ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, si, se morirá aunque no lo quiera; se morirá usted y morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! ¡Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su victima…
- ¿Victima?-exclamé.
- ¡Victima, si! ¡Crearme para dejarme morir! ¡Usted también se morirá! El que crea se crea y el que se crea se muere. ¡Morirá usted, don Miguel, morirá usted, y morirán todos los que me piensen! ¡A morir, pues!
Este supremo esfuerzo de pasión de vida, de ansia de inmortalidad, le dejó extenuado al pobre Augusto.
Y le empujé a la puerta, por la que salió cabizbajo. Luego se tanteó como si dudase de su propia existencia. Yo me enjugué una lágrima furtiva.”
21 de marzo de 2009
No se distingue muy bien, pero al fondo, tras el rompeolas, puede verse la silueta de la Gomera. Aquel día, la playa Fañabe estaba desierta, apática. El invierno remoloneaba en la arena, enredado en mis zapatos, empeñado en seguirme allá a donde fuera. No sé si las fotos, hechas con el móvil, pueden expresar ese instante, pero aquí están.
Una canción para el final del invierno:
Cuando la primavera no produce bienestar
La astenia primaveral esta causada por una disminución de betaendorfinas en el plasma, sustancias que regulan el sistema bienestar malestar, que al alterarse produce una sensación de decaimiento y agotamiento.
Existen dos tipos de astenia primaveral: de origen físico que se suele manifestar a través de cansancio y debilitamiento corporal, y de origen nervioso que se caracteriza porque la persona muestra un especial cansancio a la hora de realizar alguna actividad mental.
Aunque su causa no se conoce con exactitud se cree que se origina principalmente por el estrés, aunque puede tener un origen orgánico.
Tratamiento
A pesar de no existir un tratamiento especifico, se recomienda lleva una vida saludable; dormir lo necesario, hacer ejercicio y mantener un dieta adecuada. Hay que evitar la comida basura. Hay alimentos que nos ayudarán como los cereales, las legumbres, las frutas y verduras de temporada.
Evita el exceso de grasas saturadas y colesterol y aumenta la presencia en la dieta de ácidos grasos poliinsaturados, como los omega-3, abundantes en el pescado azul y en productos enriquecidos.
Es muy importante mantener el cuerpo bien hidratad. En esta estación el cuerpo empieza a sudar y hacer un gasto de agua corporal mucho más elevado. Es recomendable mantener un nivel de 1.5 litros, al menos, de agua al día.
Si quieres sobrevivir a la primavera, a las alergias, a las dietas puestas a punto pre-verano, a los resfriados traicioneros y a los agobios, hazme caso: olvida los propósitos. Haz lo que más te apetezca en el momento que te apetezca, sin presiones. Disfruta de los instantes buenos, y saca algo positivo de los malos, aunque sea difícil. Disfruta, de las cosas sencillas, de la hierba amarillenta, del sol que fortalece, de las nubes que ya no cargan lluvia. Del esplendor efimero de la primavera.
4 de marzo de 2009
Plantar un árbol...
No se trata de darle la espalda a las responsabilidades, se trata de escuchar más a nuestro corazón. De tener un momento para plantar un árbol, para escribir un libro, para cuidar a un hijo…o, simplemente, para ser las personas que queremos ser.
Como un ave que cruza el aire claro
José Martí





























