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20 de marzo de 2018

¡Porque sí... porque te lo mereces!

Porque muchas veces te olvidas de ti. Porque en ocasiones te has conformado con un sucedáneo. Porque has creído que no valía la pena buscar más. Porque te has sentido cansada o cansado,  al borde de las fuerzas, casi extenuada, casi extenuado, creyendo que quizás…  eso no era para ti… que no te correspondía, que no era el momento, que no lo merecías, que habías agotado tu cuota, que ya no volverías a experimentarla. 
Porque te has rendido, admítelo.  Y has hecho caso a ese cerebro tramposo que te ha hecho sucumbir a su influencia. 
Te lo has creído.
Como si uno pudiera gastarla toda de una vez, como si estuviera contada, como si tuviera una fecha tope para canjearla… Como si no fuera lo que es, una mina que no se agota, una mina que hay en ti. Así es. Está ahí. 
A veces brota como un árbol con miles de ramas llenándote el pecho, con una poderosa savia  capaz de romper la más gruesa capa de hielo. Como una primavera en el estómago. 
Y otras, no es que no esté, sólo se esconde, se debilita, y hay que buscar más profundo o en otras zonas… 
No pienses que tu tiempo ya pasó, no dejes abandonada esa mina. Por mucho que te cueste has que retoñe esa felicidad latente, has que sea la fuente de tu alegría. No importa que sea un pedazo, una onza, un grano. No permitas que se quede ahí, hibernando en un pecho frío. Porque sí, porque te lo mereces… Porque…


4 de marzo de 2018

Mujeres


Para las mujeres del mundo, para las que se rebelaron contra las injusticias, para las que no aceptaron estar en segundo plano, para las que elevaron su voz y lucharon por un mundo más igualitario, para las que superaron adversidades y prohibiciones y tomaron el timón de su propia vida, para las que cada día cuidan a los más vulnerables, para las que sueñan con llegar a la luna o más allá, para las que eligen lo que quieren ser, para las que son y para las que nacerán… para todas nosotras. Ojalá llegué ese día, y que podamos verlo, en que ninguna niña, ninguna chica, ninguna mujer sufra discriminación por su género, ojalá llegué pronto ese día en que todas las mujeres del mundo puedan sentirse seguras y tranquilas.


24 de enero de 2018

Enjoy the silence

España es el segundo país más ruidoso del mundo, por detrás de Japón. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) exponerse a un nivel de decibelios superior a 55 dB  es contraproducente y puede resultar dañino para la salud. En nuestro día a día estamos expuestos a unos niveles de ruido muy superiores a ese, pues ya sólo andar por una calle con tráfico nos lleva a los 75 dB.
Con el tiempo el silencio se ha convertido en un lujo. Nos hemos acostumbrado al ruido, es algo marcado en el ADN de los españoles, una característica que nos ha hecho famosos en el mundo. La acreditada idiosincrasia española. Hablamos alto, reímos alto, somos alborotadores por naturaleza y allá donde vayamos nos hacemos notar.  Y aunque esto no tiene que ser del todo malo, un exceso de ruido lleva acarreados algunos problemas graves como dificultades en el habla y problemas de concentración en los niños, dolores de cabeza, irritabilidad, insomnio, pérdida auditiva e incluso alteraciones psicológicas, digestivas y de la presión arterial.
Un exceso de ruido se lleva también la capacidad de imaginar, pues casi todas las actividades creativas necesitan de un ambiente propicio.



Aún así le tememos al silencio. Pues los hay que duelen, que son como una bofetada sin manos, sobre todo en el terreno sentimental. A veces hay silencios cobardes, otros que son un escudo para quienes sufren violencia de género pero no se atreven a confesarlo, o para quienes están siendo acosados en el colegio. Son pocos los que se atreven a silenciar sus teléfonos móviles, esclavos de la tecnología que nos impide estar un día entero con nosotros mismos. Para algunos el silencio es incómodo, y a otros les hace sentir solos.  Sin embargo se ha comprobado que el silencio es necesario para nuestro cerebro pues un exceso de estímulos puede dejar sin recursos a la corteza prefrontal, la que se encarga del razonamiento.
Si hace unas semanas hablábamos del beneficio mágico de la música, hoy no podemos obviar el del silencio; se ha demostrado que dos horas de silencio al día favorecen la creación de nuevas células en el hipocampo. El silencio repara nuestro cerebro y nos hace sentir regenerados y con las pilas cargadas.

Por eso, búscalo y disfrútalo. El silencio te ayudará a conocerte a ti mismo. 



10 de enero de 2018

La música cura

Dicen de ella que es la medicina del alma, y es verdad. La música tiene esa cualidad extraña, consigue modular tu estado de ánimo hasta transformarlo por completo. Cuando una canción te llega, te “toca”,  ya no te abandona. Puede que el tiempo cambie su significado, porque la música cambia contigo, adaptándose a tus nuevas medidas corporales y emocionales, pero una vez que ha sido capaz de remover tus sentimientos siempre formará parte de la banda sonora de tu vida. Siempre estará ahí, hibernando o presente. Es la música que te ha acompañado en las etapas de la vida, con la que reíste o te enamoraste, con la que lloraste, echaste de menos o te emocionaste. Música con la que incluso puedes viajar en el tiempo.
Hace un tiempo leí que la música puede aliviar el dolor de una enfermedad terminal, es capaz de recuperar recuerdos en los enfermos de alzheimer,  tiene un efecto increíble en los fetos dentro del vientre materno y favorece el aprendizaje y la memoria. La música cura.



Escribo estas líneas escuchando una de esas canciones, uno de los “hits” de mi vida. Su melodía me acuna, me hace sentir un poco de melancolía y mucho de nostalgia porque hay tanto de poesía en esta canción de Antonio Vega... Ese ser demasiado apasionado, cansado y frágil, que tenía el coeficiente de Albert Einstein y un talento de otro mundo.
Antonio Vega escribió está canción en un momento en que no se encontraba bien, y aún así consiguió arrancar de la guitarra estos  acordes llenos de belleza y sensibilidad. Porque así era él, se entregaba a todo con pasión, a la vida, a las drogas, pero sobre todo a la música.

Y yo sólo sé que hay momentos en que vuelvo al sitio de esta canción, el sitio de mi recreo, y me siento muy próxima a él, a su forma de rasgar las cuerdas, a susurrar esa melancolía que es capaz de llevarme hacía un lugar bañado por el sol, de espiga y deseo, de silencio, brisa y cordura, de nieve, huracán y abismos... 

 Y escucharla con los ojos cerrados... El sitio de mi recreo.

15 de agosto de 2014

España vende Canarias por 60 millones de euros.


Nos han querido colar la milonga de que las prospecciones en aguas del archipiélago canario  serán buenas para Canarias, una comunidad con un porcentaje de paro que roza el 30%. Los beneficios que se obtengan repercutirán en el bienestar de todos los ciudadanos de las islas y del resto del país. Se crearán puestos de trabajo, y no afectará negativamente al principal motor de la economía isleña, el turismo.
Repsol, la empresa privada que va a encargarse de los sondeos exploratorios, y al que  el ministerio de Industria, Energía y Turismo ha dado carta blanca, ha firmado un seguro civil de 40 millones de euros y una garantía financiera para riesgos ambientales por otros 20 millones. 60 millones de euros. Esto significa que si ocurre algo ellos apoquinaran dicha cantidad. 60 millones de euros.
En 2010 la “Deepwater Horizon” plataforma  petrolífera  situada en el Golfo de México explotó y se hundió en el océano; esto provocó el vertido de petróleo más importante de la historia. 779.000 toneladas de crudo afectaron a las marismas de la desembocadura y el delta del Misisipi extendiéndose hasta Luisiana, Florida y Cuba. Además del daño ecológico, 11 personas perdieron la vida.
La BP tuvo que pagar casi 6000 millones de euros (7800 millones de dólares) en concepto de indemnización.

 Deepwater Horizon

Una vez más España nos trata a nosotros, los canarios, como seres periféricos, cuyo sentir y prioridades no se tienen en cuenta. Si hay que pasar por encima de todos se pasa, y punto. Es por eso que mi indignación no puede ser mayor en estos momentos. Nos toman el pelo. Nos mienten, porque ese cuento de que “los beneficios repercutirán aquí” está por verse, y tanto que está por verse. No creo que una empresa, privada además, que busca por encima de todo lucrarse, vaya a anteponer sus prioridades a las prioridades y necesidades de nosotros, los canarios. Pero eso parece no importar a los mandamases  que nos gobiernan, que dicen buscan lo mejor para todos. Claro; porque los políticos siempre velan por los intereses generales y jamás por los suyos propios. Si José Manuel Soria, canario para más inri, ministro de Industria, Energía y Turismo, autoriza las prospecciones, aunque con ello se ponga en contra de casi todos sus paisanos, es por el bien de todos. No podemos suponer que algo turbio esconda el señor Soria. Los políticos rara vez hacen cosas turbias.
Es más indignante si tenemos en cuenta la doble vara de medir de estos políticos, que frente a las prospecciones en Baleares toman unas decisiones pero en lo que respecta a Canarias otra bien distinta. Si en Baleares y Valencia es el propio Mariano Rajoy quien se opone al considerar las prospecciones peligrosas, tanto  medioambientalmente como para el sector turístico, con Canarias en cambio  no opina lo mismo.
Canarias, junto con el Mediterráneo, las Islas Azores y Madeira, conforma una de las 34 áreas de especial importancia para la biodiversidad en el mundo.
El turismo es a si mismo el factor más importante de nuestra economía.



Sin embargo Mariano Rajoy no considera que las dichosas prospecciones pongan en riesgo ni el entorno ni el turismo aquí.
Hace nada, el consejero balear de Agricultura, Medio Ambiente y Territorio, Biel Company, declaró en una rueda de prensa que “la situación de Baleares en relación a las prospecciones petrolíferas "no es comparable" con la de Canarias, porque las circunstancias geoestratégicas y políticas son distintas en los dos archipiélagos”
"La situación geoestratégica y política es muy diferente; creo que no somos comparables en muchos casos, por lo tanto, la situación es muy diferente".
Además al ser preguntado sobre las prospecciones petrolíferas en Canarias, respondió que el Gobierno balear ya tiene "suficiente" con defender lo suyo.
La sociedad canaria ha dejado claro que no quiere petróleo en sus costas. Este planeta ha de concienciarse de que los recursos son limitados, de que no podemos seguir explotándolo y ensuciándolo. No podemos seguir degradando la tierra, construyendo a lo loco, asfaltando y ampliando autopistas, contaminando y destruyendo el paisaje, y seguir justificando que el progreso pasa por el petróleo. Tenemos alternativas limpias, ecológicas.



Algunos ilusos creen que esto del petróleo traerá riquezas, como maná caído del cielo. Nos amenazan. Si no lo hace España lo hará Marruecos, ¿y qué le va a importar a Marruecos si ensucia su litoral y de paso el nuestro con el sucio piche que puedan extraer?

La pena es que esto sea una cuestión de intereses políticos y no de intereses para el pueblo. Canarias tiene que ceder. Si no lo hacen unos, lo harán otros y se lo llevarán calentito, y nosotros seguiremos en medio, dudando de esas promesas de progreso y bienestar, asumiendo los riesgos de las prospecciones en un terreno como el nuestro, con gran actividad sísmica,  arriesgo lo que tenemos seguro, nuestro paisaje, por un bien sucio y negro que no sabemos si duerme bajo tierra. 





29 de septiembre de 2012

Ojala que llueva...

y llovió.

Y la lluvia cayó del cielo para barrer lo malo, como una señal de que nada permanece, de que los días se acortan y  las estaciones pasan, de que todo es un ciclo que gira y gira. De un plumazo el verano ya sólo es recuerdo.
A algunas personas la lluvia les trae tristes recuerdos. Cuando el techo del cielo se cubre de nubes, negras nubes, nubes retadoras que amenazan la tierra, el corazón se encoge y la respiración se corta. Hay algo en la atmósfera, algo invisible, que te hace sentir muy pequeño, expuesto, vulnerable. Para algunas personas lo que  trae la lluvia es doloroso. Parece que la lluvia es el triste mensajero de la melancolía. Un mensajero húmedo, reumático, inconsolable. Pero la lluvia no es triste.
Hoy la lluvia no es triste. Hoy trae un buen presagio.
Tras la lluvia viene un cielo claro, resplandeciente, como recién estrenado. Hoy la lluvia,  programada siempre en blanco y negro, ha dejado paso a los colores más brillantes, y se respira con más libertad, más profundamente. El aire es distinto, más fresco.
Ojala que llueva… Y el cielo me concedió esta tregua después del infierno. Que llueva, tanto, tanto, tanto que tengamos que poner el cubo para la gotera.
Ojala que llueva para que todo lo reseco se ablande, y que se lleve flotando lo feo, lo sucio, lo malo...

4 de mayo de 2012

...porque la vida es bella

Porque siempre hay un amanecer. Por las cosas inesperadas que nos levantan cuando pensamos que ya no podemos caer más bajo.
Porque a pesar de las pequeñas frustraciones del día a día, de los sueños rotos que ha dejado la maldita crisis, de la soledad que asola esta pequeña estrella que flota en la inmensidad del universo, de las injusticias, del hambre, de las guerras que destrozan vidas y esperanzas, siempre hay un puerto, un amigo, una ilusión, una sensación que nos salva de la tristeza.
Porque siempre hay algo por lo que seguir adelante. Porque el amor es más fuerte que el odio. Porque vale la pena tener fe. Y luchar por lo que uno cree aunque todos te digan que estás equivocado.
Porque nada está escrito. Por tus pasos que construyen caminos. Por los brazos que en los que nos apoyamos. Por las voces que nos guían en la oscuridad.
Porque aunque creas que ya no hay nada que valga la pena, aunque te decepcione el amor, la amistad,  la gente interesada, egoísta, que te hace daño con su indiferencia, o sus palabras, o sus silencios, o sus ausencias, siempre hay algo, por muy pequeño que sea que nos salva de sentirnos solos y abandonados.
Porque siempre hay algo ahí, para ti, por ti, para levantarte y empujarte a vivir.

Porque la vida, digan los que digan los pesimistas, es bella.

16 de abril de 2012

Puto euro

Perdonad la expresión, pero si tengo que resumir estos diez años y pico del Euro lo único que se me viene a la mente es eso.
¿Te acuerdas del 1 de enero de 2002? Antes de esta fatídica fecha existían las pesetas. Las majas pesetas que tuvieron una vida larga y feliz, desde el lejano año de 1868, fecha en que se implantaron en España, aunque llevaban circulando mucho antes, hasta el 1 de enero de 1999, si bien siguieron  usándose hasta  el 31 de diciembre de 2001.
La vida era, o simplemente lo parecía, más asequible. A la peseta se le cantó, se le cambió el nombre, se la mimó y hasta ahora se la recuerda con cariño, incluso hay gente que pide su vuelta.
Cuando más cariño sentíamos por ella llegó el euro. Los que sabían, o eso nos hicieron creer, juzgaron lo beneficioso que sería para todos los españoles. Lo primero que pasó, después del lio de calcular a la vez los precios en pesetas y euros y de tener que lidiar con los céntimos, fue que nos redondearon los precios. De repente todo empezó a costar el doble, y aquel dinero de juguete, de colorines, no nos alcanzaba para nada.
Antes, tener diez mil pesetas en el bolsillo era una seguridad, podías considerarte afortunado. Hoy en día,  60 euros, más o menos 10000 pesetas de las antiguas, se desvanecen en la cartera y antes de que te des cuenta han desaparecido casi por completo.  
La vida se puso cuesta arriba. Seguramente no nos hubiera ido mejor manteniendo la peseta mientras los demás países europeos implantaban el euro, pero lo que es seguro es que antes vivíamos mejor, mucho mejor. Claro que en eso no sólo intervino la nueva moneda.
Estaba claro que de la noche a la mañana habíamos perdido poder adquisitivo gracias al maldito redondeo.  Virtualmente, las socorridas 100 pesetas se transformaron en el feo y avariento 1€. Es decir unas 66,386 pesetas más de la cuenta. Unas 66,386 pesetas menos en el bolsillo que se notaban, y mucho.  Y donde más se apreció fue en los productos más básicos, pues era más sencillo redondear al alza con el pan, las verduras o el transporte público. Hasta un 45 % subieron los precios. No fue lo único que subió, porque de hecho todo lo hizo, mientras lo que permanecía casi igual eran nuestros sueldos.
Este año el euro está de celebración, y sin embargo su cumpleaños no ha podido ser más triste.
El euro nos prometió una vida mejor pero por el momento nos ha dejado más pobres,  entrampados y profundamente pesimistas respecto al futuro. Aún no se ha ganado nuestro afecto  y la duda está en si lo conseguirá.











2 de septiembre de 2011

Tabú


Durante muchos años el cuerpo humano, en especial el femenino, ha sido censurado. Su visión se consideraba tabú; algo tan ignominioso, que había que ocultarlo de todas las miradas.
Así apareció el pecado, la culpa, y la represión. La religión dictaba que no estaba bien hacer esto o aquello, que no era moral, que era pecado, que era ofensivo; y el pueblo acataba temeroso de faltar a Dios.  
Durante siglos estas ideas arraigaron profundamente.
Apareció también la doble moral. Aquellos que predicaban, dictaban, oprimían y subyugaban al pueblo no siempre practicaban con el ejemplo. Mientras al pueblo se le vedaban ciertas cosas ellos las disfrutaban libremente, a veces sin disimulo alguno.
La religión, en especial el Cristianismo y el Islam, la tomó con la mujer. En ella veía reflejado el pecado; un pecado que para ellos venía de serie. El cuerpo femenino fue demonizado.
Llegó entonces el Renacimiento, y el desnudo, tanto femenino como masculino, proliferó en las demostraciones artísticas. Los artistas de la época encontraron un filón en el cuerpo humano, al que retrataron con delicadeza y de forma idealizada. El desnudo empezó a mostrarse sin prejuicios, como un hecho natural y artístico, aunque el temor a la censura de la iglesia impedía su plena realización.  
El Barroco también nutrió su arte de desnudos, con una novedad; las obras sagradas se impregnaron de la misma sensualidad que las profanas. En los siglos siguientes el desnudo fue ganando terreno, siempre en el ámbito del arte.
Porque estaba claro. El cuerpo humano siempre ha tenido tirón. Y eso en nuestro país lo sabemos bien. Ahí está el “Destape” para demostrarlo. Vale, que la cosa tomó un cariz bochornoso. Porque hay límites, siempre necesarios, y la línea entre libertad y libertinaje es muy fina.  
La utilización del cuerpo como reclamo publicitario forma parte de nuestra cultura. Ya ni siquiera nos preguntamos si viene a cuento. Dejamos de escandalizarnos hace mucho. Por eso me ha llamado la atención esta serie de fotografías que pongo a continuación del fotógrafo Robert Doisneau. Un escándalo para las puritanas mentes de la época.
Me resulta curiosa la expresión de los protagonistas de las fotografías. En ellas hay sorpresa, indignación, censura, curiosidad, sonrojo, miradas  furtivas…
Para nosotros esta imagen casi nos pasaría desapercibida. No deja de ser interesante que en tan pocos años nuestra mentalidad haya experimentado un cambio tan grande.
Vosotros, ¿qué creéis? ¿Hemos pasado de ser unos mojigatos obsesionados por la decencia y las apariencias a unos liberales demasiado radicales?

En esta mítica serie el fotógrafo francés Robert Doisneau (1912 - 1994) captó con su cámara las reacciones de los viandantes ante un cuadro expuesto en la vitrina de la Galeria Romi, situada en la rue de Seine, París (Francia). La serie, compuesta por 14 fotos, se llamó La vitrine de Romi. Las imágenes fueron tomadas en el año 1948.








12 de junio de 2011

Derivas




A veces me siento perdida en un océano inmenso. A veces me siento a la deriva. Bajo un cielo amenazador, sorteando las olas, remontando las horas vacías. Bogando hacia un horizonte que cada día parece más distante.

A veces las corrientes me arrastran y el mar furioso golpea mi embarcación. A veces tan pequeña como una nuez, otras veces grande y robusta. A veces tan frágil como el cristal, otras veces ligera como las nubes.

A veces siento que el viaje es largo y pesado. Y siento miedo del silencio, de las horas oscuras. Otras veces me siento y miro, y disfruto de la calma que me mece. Tendida allí descubro que el cielo cambia de color. Y percibo los cambios de estación. Veo nacer estrellas y las veo caer sobre un mar verde, metálico, espumoso, que brama, en un ciclo eterno.

A veces hundo mis manos y remo. Y los peces mordisquean mis dedos. Y lucho contra las mareas. Y reniego, y pataleo,   y grito, y caigo sin fuerzas. Y me siento como una botella que ha recorrido mil kilómetros sin encontrar una playa donde encallar.

Otras veces no me dejo vencer. En pie, resistiendo al viento que rasga mis velas, pongo rumbo y, tras la niebla, vislumbro un rayo de sol abrazando una isla.



14 de mayo de 2011

Estaba escrito...

Ya lo pronosticaron los Mayas, Nostradamus y otros profetas que anunciaban el final de la existencia para el 2012.
Aún no hemos llegado al 2012 y sin embargo el mundo ha llegado a su fin. No me refiero a la vida en el planeta sino al mundo… bloguero.
Dos días ha estado Blogger impidiéndonos el acceso a nuestras cuentas, además de borrar las entradas publicadas o programadas y los comentarios realizados desde el miércoles pasado, día 11.
Si tienes una cuenta en Blogger seguro que te suena el "Blogger no está actualmente disponible. Sentimos esta interrupción del servicio" como toda explicación. En mi caso ha sido aún peor, pues en lugar de aparecer este mensaje me salía otro, que decía algo así como que no tenía ninguna cuenta de Google y una serie de números y letras; un código cifrado que no sé si guardaba relación con alguna profecía de Nostradamus.
La verdad es que ya pensé que todo el trabajo de cinco años se había ido a la porra, y me asusté, pues muchas cosas, información, reseñas, críticas, diseños y escritos  no los he copiado y me llevaron tiempo y trabajo.
Mi blog es un pasatiempo entretenido, pero lo que ha pasado me ha hecho pensar lo dependientes que nos hemos vuelto de Internet y de las nuevas tecnologías. Aquí tenemos nuestro trabajo, nuestro ocio, y buena parte de nuestras relaciones sociales. Estamos enganchados a esto y cuando no lo tenemos parece que nos falte algo. Nos hemos acostumbrado a utilizar Internet para todo, y ya resulta imposible imaginarse estar sin la comodidad que resulta Internet en muchos sentidos.
Afortunadamente las cosas han vuelto a la normalidad. La explicación, un fallo en las labores de mantenimiento. Parece que las entradas borradas se han podido recuperar en algunos casos, y el caos que se vivió al final no lo fue tanto. Todo ha seguido rodando y los dos días sin blog muy pronto pasaran al olvido, de todas formas tampoco fue para tanto ¿no?












Sin embargo no puedo cerrar esta entrada sin mencionar un suceso mucho más importante y, por desgracia, más trágico. Se ha hablado bastante estos días de una profecía sobre un terremoto que destruiría la ciudad de Roma, y que tendría lugar el día 11 de mayo. Finalmente, como era de esperar, nada sucedió en Roma, aunque si hubo terremoto en Murcia, más concretamente en Lorca. De todas formas nadie hubiera podido predecir algo así, ni siquiera con los medios actuales. Estos fenómenos desgraciadamente aún escapan a nuestro control.
Mi apoyo a la ciudad de Lorca, mi deseo de que todo vuelva a la normalidad cuanto antes, y mi sentido pésame a los que perdieron a sus seres queridos en esta tragedia.

9 de noviembre de 2010

Feliz navidad


 
Sí, ya sé que falta más de un mes, que aún es demasiado pronto, pero no he podido contenerme. Las fiestas navideñas ya están aquí, a la vuelta de la esquina.
No sé vosotros, pero a mí que la navidad se adelante cada año un poco más me pone de un humor de perros. Me gusta la navidad, con sus luces, su ambiente festivo y todo lo demás, pero odio algunas cosas asociadas a estas fiestas, como el consumismo desatado, y la impresión de que hay que gastar por gastar.
El colmo es que hace semanas, ¡semanas!, que los supermercados y algunas tiendas han puesto a la venta productos navideños. ¡Cualquier año enlazaremos directamente el verano con la navidad! Turrones, bombones de esos que vuelven con el frío, latas de bizcochos, peladillas, y adornos varios para la mesa de nochebuena se ponen a la venta con tanta antelación que  a mi, personalmente, me choca.
El sábado estaba viendo la tele y no pude contar los anuncios de juguetes que pusieron. Vale, eso lo entiendo más, hay que dar tiempo a los niños a decidirse, crearles alguna necesidad irrefrenable con el nuevo anuncio de videoconsolas, y dejar tiempo a los padres a ahorrar un poco. Pero, ¿por qué no entienden los programadores de televisión, que algunas personas nos estresamos con tanto adelanto? Hace unos días, un programa de la  televisión autonómica puso un reportaje sobre cómo adornar la mesa el día de nochebuena, además también hicieron un repaso a los nuevos adornos hinchables. Sí, son muy bonitos, quedan muy bien en la mini terraza abarrotada de tu piso, entre las macetas, la bicicleta estática y la secadora., junto a los reyes magos escaladores y los neones luminosos que enmarcan la ventana. Pero de verdad ¿te hace falta? Es decir, ¿para qué demonios quieres un papa Noel inflable de dos metros? Estos reportajes no estarían fuera de lugar si se hicieran la semana antes de nochebuena, pero faltando más de un mes, no los comprendo. Todo este merchandising navideño me pone un poco enferma. Si hasta las calles ya lucen  alumbrado (apagado todavía pero ya preparado).
Todo nos lleva a lo mismo. Gastar. Comprar, despilfarrar, volverse loco y fundir la tarjeta de crédito. Que no está mal, que hay que levantar la economía, pero qué diablos, la navidad no es eso. Ese no es el espíritu navideño.
Parece que lo hemos olvidado. Las fiestas navideñas cada vez me gustan menos, quizás porque ya no queda nada de aquellas fiestas donde lo importante era reunirse, celebrar en familia, y lo material quedaba en segundo plano. Ahora es al revés, lo importante es lo material y lo secundario lo que importa de verdad.

19 de febrero de 2010

"Jamas cedas ante el mal...

sino combátelo con mayor audacia." (Virgilio)
(Tu ne cede malis sed contra audentior ito)


Leí esta frase en alguna parte y no he podido dejar de pensar en ella. Quizás porque cuando miro a mi alrededor no veo esa lucha por combatir el mal con audacia. Ni mucho menos.
Lo que veo es que todo el mundo, o casi, termina cediendo ante el mal, porque el mal avasalla y pervierte muy fácilmente. El mal está de moda, y siempre hay borregos que siguen las tendencias para ahorrarse pensar por si mismos.
Así que he llegado a la conclusión de que el mal está venciendo la batalla, y que nos hemos acostumbrado demasiado a su presencia.
Cadenas de televisión; periódicos; Internet…pervirtiendo nuestra moral, mientras consentimos de buen grado la manipulación, pasivamente, sin querer romper nuestra burbuja de pasotismo, sin voluntad para luchar.
Tampoco los que luchan contra el mal lo hacen de forma digna, caen en las mismas trampas, utilizan las mismas armas, acaban haciendo lo mismo que condenan, o peor. Los que luchan lo hacen de forma interesada y torpe, nada que ver con la audacia que reclamaba Virgilio.
He trasladado mis pensamientos a mi calle, a mi entorno, y he visto lo mismo. Gente que mira para otro lado para no ver la realidad.
He visto el poder devastador de la mentira y de la envidia, estandartes de nuestra sociedad. La indiferencia en letras mayúsculas. La perversión de las ideas. La falta de responsabilidad.
Sólo hay que encender la televisión para obtener un chute de basura enlatada en tu propia casa. Veo una sociedad estúpida, vulgar, que se conforma con la mierda que le alimenta y que cada día pudre su cerebro un poco más. Veo una sociedad ignorante que por segundos se vuelve más ignorante y a la que no le importa perder sus valores, tal vez porque nunca creyó en ellos.
Miro a mí alrededor y me encuentro con leyes que protegen a los delincuentes y dejan desamparadas a las victimas. Una sociedad individualista que no mira más allá de sus narices y no mueve un pelo por sus semejantes. Una sociedad cada vez más egocéntrica y consumista. Una sociedad que convierte a los ladrones, vividores e incultos en modelos a seguir; una sociedad que premia la ordinariez y desdeña lo extraordinario.
Veo con impotencia la impunidad que proporciona ser menor en este país. Contemplo con rabia la burla de esos jóvenes asesinos, que torean a la policía como quieren, sin tener en cuenta el dolor de la familia que acaban de destruir porque ya han conseguido lo que querían: ser famosos y tener más amigos en el Facebook.
Soy testigo de lo mucho que molesta la diferencia. Percibo la angustia de la gente por adaptarse a los cánones de belleza que alguien ha decidido que deben primar, incluso por encima de la salud. La infelicidad que no dar la “talla” ocasiona en las mentes vulnerables; la frustración que provoca en los jóvenes que creen que, ajustándose a la norma impuesta, alcanzaran el éxito o la felicidad.
Siento pena al ver como se malea, maltrata y retuerce la palabra “libertad”. Asco cuando se favorece al poderoso a costa del pobre. Miedo cuando presencio como los políticos juegan con nuestro futuro y estabilidad. Y me indigno de pensar en el poder del mal y en todo el terreno que nos lleva ganado.

23 de septiembre de 2009

Adiós Verano. Hola Otoño

El verano se acaba. Ha pasado tan rápido que me ha dado un poco de pena que haya terminado. Pero al menos nos queda su recuerdo, ¡qué remedio! Ha sido un verano cálido, algo seco, pero bastante benévolo por estas tierras. Me llevo un buen recuerdo, aunque no haya podido salir de vacaciones. Viviendo en un lugar tan turístico como Tenerife eso no supone un drama, y bueno, el que no se consuela es porque no quiere.
El fin de semana pasado era el último del verano. La estación más tórrida del año se despidió…con un buen chaparrón. Un broche adecuado. Me sigue dando nostalgia que acabe, como cuando era niña y llegaba septiembre y comenzaban las clases. Así que la lluvia le da más dramatismo a esta transición de estaciones.
En el Puerto de la Cruz, lugar turístico por excelencia, llovía mucho el domingo. Bueno, en realidad sólo lloviznaba, pero la débil lluvia deslució las últimas fotos veraniegas. ¿Qué tendrá la lluvia que es capaz de llamar a la nostalgia de esa forma? No hay nada más deprimente que el lugar de vacaciones un día lluvioso.
Se despide el verano y llega el otoño, una estación que me entristece. Trato de que me guste pero será la oscuridad tras la luz estival, el cambio de hora que eterniza las tardes, el cielo encapotado, ver caer las hojas de los árboles o la textura que adquieren las cosas bajo la luz gris del otoño, no sé por qué será, pero me pone muy melancólica.
No queda de otra que acostumbrarse. Aunque el otoño no es una de mis estaciones favoritas le encuentro cierto encanto. Bien mirado es una estación romántica y serena. Pasear sobre una alfombra de hojas secas al atardecer apetece en esta época. Hay muchas cosas del otoño que me gustan. Me gustan los calcetines calentitos, y la confortable ropa de abrigo. Las mantitas en el sillón; los colores de la naturaleza tan ricos y variados; las castañas asadas con su olor a otoño inundando las calles y la templanza de las mañanas.
Aunque el otoño suene a despedida, también suena a madurez y vino, a cosas añejas, a tierra mojada y a tormenta
.


11 de junio de 2009

Atrapa el instante





Esto es lo que más me cuesta. Muchas veces no sé cómo empezar a desenredar la madeja de palabras que danzan por mi mente; ya que demasiadas de esas veces el inicio condiciona todo lo demás arrastrándome lejos de donde me he propuesto llegar en un principio.
Otras veces, muy pocas últimamente, la mano va sola y se adelanta a mí, pero yo me dejo guiar por ella pues ese extraño arrebato me lleva siempre a buen puerto. Ese espontáneo y fresco delirio escritor me complace, porque no es algo planeado o calculado, simplemente surge.
Las cosas realmente importantes de la vida surgen. No se puede proyectar un amanecer por eso tiene más valor.
Hoy, de regreso a casa pensaba en estas palabras, en cómo podría atrapar el instante del calor de este día y de la brisa en el rostro. En mi cabeza las palabras sonaban maravillosas, pero ahora, frente a la pantalla, las palabras se esfuman y esos instantes preciosos del atardecer en el valle de la Orotava, del aire caliente del Puerto de la Cruz, del sonido de las olas contra la orilla de arena negra pierden parte de su valor. Estas palabras, moldeadas tan torpemente, no pueden alcanzar la belleza de esos instantes. Esos instantes que habitan, como una impresión de agua, tras mis párpados.
Aún ahora, si cierro los ojos, puedo verlos con su belleza descarnada. Sé que mañana los habré perdido, habrán muerto en la niebla de mi memoria. Pero ahora suenan como un eco. Puedo oír las olas que se mecen bajo un sol tibio, las gaviotas volando cerca de la costa, y la brisa silbando entre las palmeras.
Atrapada la esencia de esos instantes mágicos en mis retinas puedo considerarme afortunada. Mañana habrá otro atardecer, volverán a acariciar las olas la orilla pero ni el sol ni el mar serán el mismo, porque una pequeña parte de su esencia reside ya en mis recuerdos.


Fotos: SergioTF (Flickr)

Playa Benijo.

22 de abril de 2009

Todo pasa


¡Todo pasa! Tal es el estribillo de los que han bebido de la fuente de la vida, boca al chorro, de los que han gustado del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal...

Llevo unos días inquieta, desubicada, registrando cajones y hojeando viejos apuntes sin centrar mi atención nada. El motivo, el dolor; bueno para ser más exacta la molestia de haber perdido una muela. Encontré este fragmento de “Niebla” de Miguel de Unamuno en un viejo CD. Por alguna razón desconocida para mi este pequeño fragmento me dice muchas cosas, me llega al corazón. Además, me hizo olvidar mi nuevo “vacio”, porque todo pasa, y en realidad podría ser peor, mira sino al pobre Augusto Pérez. Con la misma desesperación que él, grito: ¡Quiero ser yo! ¡Quiero vivir… sin dolor! Pero entiendo que eso es imposible, la vida es sueño, pero también tiene su cuota de dolor, de dolor inevitable, y me toca resignarme, en realidad todo pasa.

“Cayó a mis pies de hinojos. Suplicante y exclamando:

- ¡Don Miguel, por Dios, quiero vivir, quiero ser yo!

-¡No puede ser, pobre Augusto- le dije cogiéndole una mano y levantándole_, no puede ser! Lo tengo ya escrito y es irrevocable: no puedes vivir más. No sé qué hacer ya de ti. Dios, cuando no sabe qué hacer de nosotros, nos mata. Y no se me olvida que pasó por tu mente la idea de matarme…

-Pero si yo, don Miguel…

- No importa; sé lo que me digo. Y me temo que, en efecto, si no te mato pronto acabes por matarme tú.

-Pero, ¿no quedamos en que…?

-No puede ser, Augusto, no puede ser. Ha llegado tu hora. Está ya escrito y no puedo volverme atrás. Te morirás. Para lo que ha de valerte ya la vida…

- Pero…por Dios…

-No hay pero ni Dios que valgan. ¡Vete!

-¿Conque no, eh? –me dijo-, ¿con que no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme. ¿Conque no lo quiere? , ¿Conque he de morir entre la ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió… ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, si, se morirá aunque no lo quiera; se morirá usted y morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! ¡Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su victima…

- ¿Victima?-exclamé.

- ¡Victima, si! ¡Crearme para dejarme morir! ¡Usted también se morirá! El que crea se crea y el que se crea se muere. ¡Morirá usted, don Miguel, morirá usted, y morirán todos los que me piensen! ¡A morir, pues!

Este supremo esfuerzo de pasión de vida, de ansia de inmortalidad, le dejó extenuado al pobre Augusto.

Y le empujé a la puerta, por la que salió cabizbajo. Luego se tanteó como si dudase de su propia existencia. Yo me enjugué una lágrima furtiva.”


Miguel de Unamuno

21 de marzo de 2009


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Hace unos meses me alegraba al comprobar como la huerta junto a mi casa se teñía de un verde esmeralda. Las primeras lluvias del invierno obraron el prodigio, tras un sediento verano. Las lluvias, tan esperadas, llegaron por fin y se instalaron con intención de acompañarnos todo el invierno. En mi ciudad el panorama lluvioso y sombrío ha sido difícil de soportar.
Este año se ha notado más frío, tal vez porque los inviernos pasados se han caracterizado por ser más cálidos. Lo peor, la humedad, que merma el animo. Supongo que en mi caso ha sido evidente, no me he cortado en evidenciarlo. He tenido la impresión de haber soportado un invierno eterno. Por eso me alegra, incluso más que aquella visión esmeralda del otoño, este cambio de estación. Ese verde intenso, fresco, rotundo se ha transformado poco a poco.
Teniendo esta suerte, la de poder observar el paso de las estaciones a través de la vegetación que me rodea, no puedo pasar por alto esa metamorfosis. La hierba tiene otro tono, más suave. Aquí y allá se ven islas de flores silvestres, amarillas, malvas, blancas. La hierba ya no tiene una textura fresca y reluciente, sino áspera y gastada. El aire está perfumado. El cielo, aunque nublado, ya no resulta amenazante; hay más luz, los días empiezan a alargarse, lo que repercute muy positivamente en mi alma.

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Hace dos fines de semana, huyendo del invierno, me escape de la lluvia para ir tras el sol. Pero no tuve mucha suerte, incluso en el sur de la isla el mal tiempo reinaba. Estas fotos corresponden a ese día.



No se distingue muy bien, pero al fondo, tras el rompeolas, puede verse la silueta de la Gomera. Aquel día, la playa Fañabe estaba desierta, apática. El invierno remoloneaba en la arena, enredado en mis zapatos, empeñado en seguirme allá a donde fuera. No sé si las fotos, hechas con el móvil, pueden expresar ese instante, pero aquí están.



Una canción para el final del invierno:



Cuando la primavera no produce bienestar


Puede suceder que el cambio de estación y la llegada del buen tiempo causen un profundo cansancio, mucho agotamiento, decaimiento y falta de energía en general, incluso para realizar aquellas actividades habituales de nuestra rutina. Este conjunto de síntomas se ha llamado Astenia primaveral, un malestar que afecta a una de cada diez personas, especialmente a las mujeres.
La astenia primaveral esta causada por una disminución de betaendorfinas en el plasma, sustancias que regulan el sistema bienestar malestar, que al alterarse produce una sensación de decaimiento y agotamiento.
Existen dos tipos de astenia primaveral: de origen físico que se suele manifestar a través de cansancio y debilitamiento corporal, y de origen nervioso que se caracteriza porque la persona muestra un especial cansancio a la hora de realizar alguna actividad mental.
Aunque su causa no se conoce con exactitud se cree que se origina principalmente por el estrés, aunque puede tener un origen orgánico.

Tratamiento


A pesar de no existir un tratamiento especifico, se recomienda lleva una vida saludable; dormir lo necesario, hacer ejercicio y mantener un dieta adecuada. Hay que evitar la comida basura. Hay alimentos que nos ayudarán como los cereales, las legumbres, las frutas y verduras de temporada.
Evita el exceso de grasas saturadas y colesterol y aumenta la presencia en la dieta de ácidos grasos poliinsaturados, como los omega-3, abundantes en el pescado azul y en productos enriquecidos.
Es muy importante mantener el cuerpo bien hidratad. En esta estación el cuerpo empieza a sudar y hacer un gasto de agua corporal mucho más elevado. Es recomendable mantener un nivel de 1.5 litros, al menos, de agua al día.
El yoga u otros ejercicios de relajación, algunos complementos dietéticos como la jalea real o el Ginseng también serán beneficiosos.

Si quieres sobrevivir a la primavera, a las alergias, a las dietas puestas a punto pre-verano, a los resfriados traicioneros y a los agobios, hazme caso: olvida los propósitos. Haz lo que más te apetezca en el momento que te apetezca, sin presiones. Disfruta de los instantes buenos, y saca algo positivo de los malos, aunque sea difícil. Disfruta, de las cosas sencillas, de la hierba amarillenta, del sol que fortalece, de las nubes que ya no cargan lluvia. Del esplendor efimero de la primavera.

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4 de marzo de 2009

Plantar un árbol...



Resulta inevitable mencionar al poeta cubano José Martí. Él dijo que para ser una persona completa había que llevar a cabo estas tres acciones: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Si me guío por la frase, estoy bastante lejos de sentirme una persona completa; ni tengo hijos ni he escrito un libro, aunque sí he plantado un árbol. Bueno, algo es algo. Pero una duda me corroe. Una duda que, me temo, sólo podré despejar el hipotético día en que vea realizadas esas acciones. ¿Podrá un hijo y un libro convertirme en una persona completa? ¿Qué significa ser una persona completa?

Supongo que José Martí se refería a dejar un legado a la humanidad. Para que las generaciones futuras tengan constancia de nuestra existencia y trascendencia. Sentir que, de una forma u otra, nos hemos ganado la inmortalidad; que este juego tiene algo de sentido, que no desapareceremos del todo después de morir. Ahí quedaran nuestras obras. El árbol crecerá y dará frutos. El hijo crecerá y tendrá hijos. El libro hablara con nuestra voz cuando su eco se haya extinguido. Puede que sí. O puede que el árbol sea arrancado por el viento; que el hijo sea estéril; que el libro se pudra en un estante polvoriento hasta desintegrarse. Puede que la certeza de “pasar sin más” sea demasiado insoportable para tolerarla y que nos agarremos a la esperanza de trascender para aliviar nuestra alma.

Yo dudo que hacer algo si no estamos plenamente conscientes de ello pueda convertirnos en personas mejores. Porque a veces esas decisiones poco meditadas las pagamos demasiado caras. Hacer algo porque es un dictado de la sociedad, del entorno, de la familia, con el pretexto de que eso “nos hará ser mejores personas” es un error. Meterse en una hipoteca a sesenta años sin tener estabilidad laboral porque hay que ser propietario; vivir a dieta permanente y obsesionados con la báscula porque ser delgado es lo que se lleva; estudiar derecho como papá porque es tradición familiar…Si vivimos agobiados porque tenemos que cumplir con el deber, ¿cómo puede ese sentimiento convertirnos en personas plenas?
No se trata de darle la espalda a las responsabilidades, se trata de escuchar más a nuestro corazón. De t
ener un momento para plantar un árbol, para escribir un libro, para cuidar a un hijo…o, simplemente, para ser las personas que queremos ser.

Árbol de mi alma

Como un ave que cruza el aire claro
Siento hacia mí venir tu pensamiento
Y acá en mi corazón hacer su nido.
Ábrese el alma en flor: tiemblan sus ramas
Como los labios frescos de un mancebo
En su primer abrazo a una hermosura:
Cuchichean las hojas: tal parecen
Lenguaraces obreras y envidiosas,
A la doncella de la casa rica
En preparar el tálamo ocupadas:
Ancho es mi corazón, y es todo tuyo:
Todo lo triste cabe en él, y todo
Cuanto en el mundo llora, y sufre, y muere!
De hojas secas, y polvo, y derruidas
Ramas lo limpio: bruño con cuidado
Cada hoja, y los tallos: de las flores
Los gusanos del pétalo comido
Separo: oreo el césped en contorno
Y a recibirte, oh pájaro sin mancha
Apresto el corazón enajenado!

José Martí

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