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19 de mayo de 2009

Mario Benedetti, del amor y lo cotidiano

A TIENTAS

Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas / lentamente
por lo común a contramano
de los convictos y confesos
en búsqueda tal vez
de amores residuales
que sirvan de consuelo y recompensa
o iluminen un pozo de nostalgias
se avanza a tientas/ vacilante
no importan la distancia ni el horario
ni que el futuro sea una vislumbre
o una pasión deshabitada
a tientas hasta que una noche
se queda uno sin cómplices ni tacto
y a ciegas otra vez y para siempre
se introduce en un túnel o destino
que no se sabe dónde acaba.

Mario Benedetti (1920-2009)

20 de abril de 2009

No dejes

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarse,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores: el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes. Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros
Los "poetas vivos".

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...



Walt Whitman



4 de marzo de 2009

Plantar un árbol...



Resulta inevitable mencionar al poeta cubano José Martí. Él dijo que para ser una persona completa había que llevar a cabo estas tres acciones: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Si me guío por la frase, estoy bastante lejos de sentirme una persona completa; ni tengo hijos ni he escrito un libro, aunque sí he plantado un árbol. Bueno, algo es algo. Pero una duda me corroe. Una duda que, me temo, sólo podré despejar el hipotético día en que vea realizadas esas acciones. ¿Podrá un hijo y un libro convertirme en una persona completa? ¿Qué significa ser una persona completa?

Supongo que José Martí se refería a dejar un legado a la humanidad. Para que las generaciones futuras tengan constancia de nuestra existencia y trascendencia. Sentir que, de una forma u otra, nos hemos ganado la inmortalidad; que este juego tiene algo de sentido, que no desapareceremos del todo después de morir. Ahí quedaran nuestras obras. El árbol crecerá y dará frutos. El hijo crecerá y tendrá hijos. El libro hablara con nuestra voz cuando su eco se haya extinguido. Puede que sí. O puede que el árbol sea arrancado por el viento; que el hijo sea estéril; que el libro se pudra en un estante polvoriento hasta desintegrarse. Puede que la certeza de “pasar sin más” sea demasiado insoportable para tolerarla y que nos agarremos a la esperanza de trascender para aliviar nuestra alma.

Yo dudo que hacer algo si no estamos plenamente conscientes de ello pueda convertirnos en personas mejores. Porque a veces esas decisiones poco meditadas las pagamos demasiado caras. Hacer algo porque es un dictado de la sociedad, del entorno, de la familia, con el pretexto de que eso “nos hará ser mejores personas” es un error. Meterse en una hipoteca a sesenta años sin tener estabilidad laboral porque hay que ser propietario; vivir a dieta permanente y obsesionados con la báscula porque ser delgado es lo que se lleva; estudiar derecho como papá porque es tradición familiar…Si vivimos agobiados porque tenemos que cumplir con el deber, ¿cómo puede ese sentimiento convertirnos en personas plenas?
No se trata de darle la espalda a las responsabilidades, se trata de escuchar más a nuestro corazón. De t
ener un momento para plantar un árbol, para escribir un libro, para cuidar a un hijo…o, simplemente, para ser las personas que queremos ser.

Árbol de mi alma

Como un ave que cruza el aire claro
Siento hacia mí venir tu pensamiento
Y acá en mi corazón hacer su nido.
Ábrese el alma en flor: tiemblan sus ramas
Como los labios frescos de un mancebo
En su primer abrazo a una hermosura:
Cuchichean las hojas: tal parecen
Lenguaraces obreras y envidiosas,
A la doncella de la casa rica
En preparar el tálamo ocupadas:
Ancho es mi corazón, y es todo tuyo:
Todo lo triste cabe en él, y todo
Cuanto en el mundo llora, y sufre, y muere!
De hojas secas, y polvo, y derruidas
Ramas lo limpio: bruño con cuidado
Cada hoja, y los tallos: de las flores
Los gusanos del pétalo comido
Separo: oreo el césped en contorno
Y a recibirte, oh pájaro sin mancha
Apresto el corazón enajenado!

José Martí

11 de noviembre de 2008

Soneto 93

Si alguna vez tu pecho se detiene,
si algo deja de andar ardiendo por tus venas,
si tu voz en tu boca se van sin ser palabra,
si tus manos se olvidan de volar y se duermen,


Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos
porque ese último beso debe durar conmigo,
debe quedar inmóvil para siempre en tu boca
para que así también me acompañe en mi muerte.


Me moriré besando tu loca boca fría,
abrazando el racimo perdido de tu cuerpo,
y buscando la luz de tus ojos cerrados.


Ya así cuando la tierra reciba nuestro abrazo
iremos confundidos en una sola muerte
a vivir para siempre la eternidad de un beso.
Pablo Neruda

22 de septiembre de 2008

La forma de querer tú

es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.



Jamás palabras, abrazos,

me dirán que tú existías,
que me quisiste: Jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.



Y estoy abrazado a ti

sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.



No vaya a ser que descubra

con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.



9 de febrero de 2008

Sombra final

...Aquí ciega pasión se estrelló fría, aquí mi corazón golpeó obseso, tercamente insistió, palpitó opreso. Aquí perdió mi boca su alegría.

Entre mis brazos ciega te he tenido, bajo mi pecho respiraste amada y en ti vivió mi sangre tu latido.

Oh noche oscura. Ya no espero nada. La soledad no miente a tu sentido. Reina la pura sombra sosegada.

19 de enero de 2008

Soneto XXV- Pablo Neruda

Antes de amarte, amor, nada era mío:

vacilé por las calles y las cosas:

nada contaba ni tenía nombre:

el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,

túneles habitados por la luna,

hangares crueles que se despedían,

preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,

caído, abandonado y decaído,

todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,

hasta que tu belleza y tu pobreza

llenaron el otoño de regalos.

11 de enero de 2008

No es nada de tu cuerpo...

No es nada de tu cuerpo

ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,

ni ese lugar secreto que los dos conocemos,

fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.

No es tu boca -tu boca

que es igual que tu sexo-,

ni la reunión exacta de tus pechos,

ni tu espalda dulcísima y suave,

ni tu ombligo en que bebo.

Ni son tus muslos duros como el día,

ni tus rodillas de marfil al fuego,

ni tus pies diminutos y sangrantes,

ni tu olor, ni tu pelo.

No es tu mirada -¿qué es una mirada?-

triste luz descarriada, paz sin dueño,

ni el álbum de tu oído, ni tus voces,

ni las ojeras que te deja el sueño.

Ni es tu lengua de víbora tampoco,

flecha de avispas en el aire ciego,

ni la humedad caliente de tu asfixia

que sostiene tu beso.

No es nada de tu cuerpo,

ni una brizna, ni un pétalo,

ni una gota, ni un grano, ni un momento.

Es sólo este lugar donde estuviste, estos mis brazos tercos.

Jaime Sabines.

17 de diciembre de 2007

Cuánto rato te he mirado

sin mirarte a ti, en la imagen

exacta e inaccesible

que te traiciona el espejo!

«Bésame», dices. Te beso,

y mientras te beso pienso

en lo fríos que serán

tus labios en el espejo.

«Toda el alma para ti»,

murmuras, pero en el pecho

siento un vacío que sólo

me lo llenará ese alma

que no me das.

El alma que se recata

con disfraz de claridades

en tu forma del espejo.

23 de noviembre de 2007

Amor mío, mi amor, amor hallado

de pronto en la ostra de la muerte.

Quiero comer contigo, estar, amar contigo,

quiero tocarte, verte.

Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo

los hilos de mi sangre acostumbrada,

lo dice este dolor y mis zapatos

y mi boca y mi almohada.

Te quiero, amor, amor absurdamente,

tontamente, perdido, iluminado,

soñando rosas e inventando estrellas

y diciéndote adiós yendo a tu lado.

Te quiero desde el poste de la esquina,

desde la alfombra de ese cuarto a solas,

en las sábanas tibias de tu cuerpo

donde se duerme un agua de amapolas.

Cabellera del aire desvelado,

río de noche, platanar oscuro,

colmena ciega, amor desenterrado,

voy a seguir tus pasos hacia arriba,

de tus pies a tu muslo y tu costado.

Jaime Sabines

8 de noviembre de 2007

La hora de la luz mágica

En la desnuda tierra del camino

la hora florida brota,

espino solitario,

del valle humilde en la revuelta umbrosa.

*

El salmo verdadero

de tenue voz hoy torna

al corazón, y al labio,

la palabra quebrada y temblorosa.
*

Mis viejos mares duermen; se apagaron

sus espumas sonoras

sobre la playa estéril. La tormenta

camina lejos en la nube torva.
*

Vuelve la paz al cielo;

la brisa tutelar esparce aromas

otra vez sobre el campo, y aparece,

en la bendita soledad, tu sombra.

Antonio Machado
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