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9 de enero de 2017

No tengas propósitos, ten constancia

O mejor dicho, ten propósitos y la  constancia para hacerlos realidad.


Esto es un clásico que se repite cada inicio de año, nos hacemos una lista de cosas que queremos cambiar y al final las buenas intenciones nos duran muy poco.
Apuntarnos al gimnasio, dejar de fumar, estudiar un idioma, ahorrar, comer mejor,  tomarse la vida con más humor…  Pero pasados doce meses nos encontramos en la misma situación de partida de otros años; comenzamos con muchas ganas y las ganas se enfriaron casi tan rápidamente como surgieron. ¿Y qué falló? Pues casi siempre es lo mismo: nuestra constancia.


Algunos datos dicen que sólo el 8% de las personas que se proponen cambios de hábitos en su vida lo logran. Pero el dato más impactante es  el que dice que el 77% de esas personas abandonarán después de la primera semana.






Hoy, lunes 9 de enero, comenzamos la segunda semana del mes y del año, y seguramente si eres de ese 77% puede que ya te estés planteando dejar tus propósitos para el año que viene. Y es que tan importante como marcarse metas es que éstas sean realistas, y sobre todo, asumir que deberemos trabajar para lograr resultados.


Ten presente que sólo con disciplina conseguiremos mejorar en todos los ámbitos de la vida, y que si no estás dispuesto al sacrifico que eso conlleva  fácilmente serás de los que tiran la toalla la primera semana.



Por eso no tengas muchos propósitos, ten pocos y sobre todo acompáñalos de una buena dosis de constancia, de actitud positiva y fortaleza mental. Empieza poco a poco, permítete fallar un día, no pasa nada. Si sientes que necesitas un descanso, tómatelo; es mejor parar por un tiempo si te notas agotado, vuelve cuando sientas que tienes las pilas cargadas. Piensa que los resultados no son inmediatos, no te desanimes si no ves logros al instante. Piensa en toda la autoestima que ganarás si no procrastinas y consigues crear de un propósito una rutina satisfactoria que te haga sentirte realizado.  Es más fácil si te organizas, puedes imprimir una plantilla para poder llevar  el seguimiento semanal de tus avances o escribir un diario. Pero sobre todo, haz que lo divertido sea el camino y no la meta.



Y pase lo que pase, lo consigas o vayas a formar parte de ese temible 77%, no te frustres, al fin y al cabo tienes más años para intentarlo :)


18 de diciembre de 2016

Animales fantásticos y dónde encontrarlos

El miércoles pasado, aprovechando que era el día del espectador, me acerqué al cine más cercano de mi ciudad para ver “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, el nuevo, reluciente y mastodóntico aparato propagandístico del mundo Potteriano (toma frase). Proyecto que en esta ocasión tiene a J.K. Rowling, creadora de este universo mágico, firmando como guionista. El director vuelve a ser David Yates, responsable de las últimas películas de la saga Harry Potter.
Entrando en materia hay que decir que un 80 % del metraje de “Animales fantásticos y dónde encontrarlos” se resume  básicamente en fantásticos efectos especiales que recrean estas curiosas, legendarias y en ocasiones tiernas criaturas del título. Un recurso que tiende a volverse algo reiterativo, pues el problema de esta historia es que es algo escasa, una introducción que sirve para presentarnos a los personajes.
Puedo decir que la verdadera historia y la que tendrá una trascendencia en las siguientes cuatro películas que componen esta pentalogía es su trama secundaria.



Esta es la premisa inicial: Newt Scamander llega a New York con una maleta cargada de  fauna mágica y por un descuido algunos de ellos se pierden en la ciudad de los rascacielos poniendo en peligro el equilibrio entre el mundo mágico y el de los “No-Maj” (los muggle de toda la vida). Newt, Eddie Redmayne, va recorriendo la ciudad para hallarlos y devolverlos a su maleta. Para ello contará con la ayuda de Jacob Kowalski, un muggle que obligado por las circunstancias se ve involucrado en esta  misión. También contará con la ayuda de dos brujas, Tina y Queenie Goldstein.



La trama secundaria es mucho más oscura y tiene como protagonista al joven y atormentado Credence (Ezra Miller), y a Percival Graves (Colin Farrell), auror del MACUSA, un personaje que esconde algunos secretos; pero no se puede contar mucho más sin correr el riesgo de desvelar demasiado. Para ubicarnos, los hechos que suceden en la película tienen lugar 70 años antes de los narrados en las películas de Harry Potter. Otro dato importante para los fans que se quieran acercar al cine pensando que van a encontrar algo parecido a las películas del mago de la cicatriz: no tienen nada que ver, ni en cuanto a estructura, ni en cuanto a ambientación, ni personajes. No hay castillos ni bosques encantados. En “Animales fantásticos y dónde encontrarlos” la acción se desarrolla en el New York de los años 20 y cuenta con un reparto adulto. El diseño de escenarios y vestuario nos trasporta a esa época; concretamente el vestuario de la película ha corrido a cargo de toda una eminencia en estos temas, Colleen Atwood (Chicago, Memorias de una Geisha, Alicia en el país de las maravillas).



Realmente he pasado un rato muy entretenido con la película. Tiene fantasía, humor, un toque oscuro, y muchos animales fantásticos, aunque como decía más arriba hay pasajes que se hacen algo pesados, pues parece que cuando atrapan a uno hay otro, y otro y otro, pero es una película que cumplirá con tus expectativas si lo que quieres es entretenimiento sano. Los actores están muy bien, Eddie Redmayne con sus clásicos tics componiendo la personalidad del tímido y asocial Newt Scamander, y Dan Fogler, su complemento perfecto, como un entrañable hombre corriente maravillado por el mundo mágico que acaba de conocer. Los otros personajes, como el de las hermanas Goldstein, no parecen tan trabajados y se muestran algo planos. Lo más flojo de la película, curiosamente, es su guión. Digamos que sabe a poco, no así el plano visual que es sobresaliente.



En definitiva, aunque lleva el sello del mundo Potter se aleja bastante de él, creando su propio universo.

Recomendada. 

28 de noviembre de 2016



El 5 de enero de 1791 un joven de la escuela militar patinaba sobre el hielo junto con otros compañeros en el foso helado que circundaba el fuerte de Auxone. Cuando eran las cinco en punto de la tarde, el joven se quitó los patines mientras sus compañeros, que seguían patinando, le invitaban a continuar.
-No, son las cinco y me voy.
Así lo hizo, mientras el resto siguió patinando. Entonces, el hielo se rompió y los patinadores se ahogaron sin que nada pudiera hacerse por salvarles. El joven que había dejado de patinar unos momentos antes no era otro que Napoleón Bonaparte.

19 de noviembre de 2016



Las cuevas de Waitomo están situadas bajo las colinas de Waitomo, en Nueva Zelanda, donde yace un laberinto de cuevas, simas y ríos subterráneos. El nombre de la zona proviene de las palabras maoríes "wai" (agua) y "tomo" (hoyo).


Estas cuevas que son de roca calcárea se originaron por la presión que ejercieron las corrientes subterráneas sobre la piedra caliza blanda durante miles de años. Su principal particularidad es la existencia de un gusano luminoso en el techo de las mismas, que le da al lugar una apariencia impresionante, como si fuera una pequeña galaxia de luciérnagas.



Así mismo,  del techo  al suelo se pueden contemplar impresionantes estalactitas y estalagmitas de rocas estratificadas, formadas por el goteo del agua durante siglos.



El gusano luminoso es la larva del insecto Arachnocampa luminosa, el cuál emite una luz brillante con la que atrae su presa acercándola a un hilo mucoso en el que el insecto atraído queda pegado con lo que el gusano retira el hilo y coge a su presa.



La primera exploración de la cueva de los gusanos (cueva de Aranui) se realizó en 1887 por Tane Tinorau, jefe maorí local y Fred Mace, topógrafo inglés. En 1888 la gruta fue abierta al público por Tinorau. En 1906 la gruta fue adquirida por el gobierno que la devolvió a sus antiguos dueños en 1989.




Hoy en día la forma más fácil de conocer las cuevas es a través de un tour a pie o en bote. 



16 de noviembre de 2016



James Dean  personificó el lema “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”.  Su trágica muerte en un accidente de coche el 30 de septiembre de 1955 sesgó una carrera prometedora, pero hizo catapultar su fama hasta convertirle en un mito.
A James le gustaba la velocidad, y estaba obsesionado con las carreras de coches. Con su primer descapotable compitió en varias de ellas alcanzando  notorios resultados, siempre entre los cuatro primeros.
Fue durante el rodaje de Gigantes (1955) cuando adquirió el famoso Porsche Spyder 550, al que bautizó como “Little Bastard”. En realidad, ese no era el coche que él deseaba. James había encargado un Lotus MK X, pero debido a un retraso en la entrega, y a su impaciencia por regresar a la competición,  se quedó con aquel coche mientras tanto.

Las heridas que sufrió James Dean eran mortales, murió de camino al War Memorial Hospital.

El Spyder era un vehículo de aluminio, que apenas pesaba 600 kilos y podía alcanzar sin dificultad los 220 kilómetros por hora.
Nueve días antes de su muerte, James estrenó el coche y dos días más tarde coincidió con el actor Alec Guinness en un restaurante. Por extraño que parezca, fue él quien predijo su triste final. Cuando James le enseñó su nueva adquisición, Alec le dijo: "Si conduces ese coche que tienes, pintado de ese color, será invisible para otros conductores. Refleja demasiado los rayos del sol... de lejos puede no verse. Si lo conduces, morirás en una semana". Eso fue exactamente lo que sucedió.

Alec Guinnes coincidió con James Dean en un restaurante. Al ver el nuevo coche del actor hizo una predicción que se cumplió; el joven Dean moriría en una semana.

El 30 de septiembre James se dirigía hacia Paso de Robles, en Salinas, California, junto a su mecánico, Rolf Wütherich, pues iba a competir  en una carrera. Con ellos viajaban su amigo Bill Hickman conduciendo la ranchera que remolcaba el Porsche 550, y el fotógrafo Sandford Roth. James decidió bajarse de la ranchera para conducir el Little Bastard; según dijo, para familiarizarse con su conducción antes de la competición.  Rolf subió con él.

Tras el accidente los restos del coche fueron vendidos por piezas. Todos aquellos que las compraron  sufrieron una desgracia tras otra, lo que dio pie a creer que el "Little Bastard" estaba maldito.
A pesar de la advertencia de un policía de tráfico que les paró por exceso de velocidad dos horas antes del siniestro, James apenas levantó el pie del acelerador hasta el cruce de la Ruta 41 con la 466, donde le cortó el paso un Ford Custom Tudor,  conducido por Donald Turnupspeed. El choque fue inevitable.  El Porsche, que en aquel momento iba a una velocidad de 89 kilómetros por hora, no pudo frenar y se estrelló contra un poste quedando convertido en un amasijo de metal. El actor murió camino del hospital; Rolf Wuetherich salió disparado del Spyder y sufrió varias lesiones, pero ninguna de gravedad.

El Ford Tudor con el que chocó el Porche 550 Spyder. A la derecha el estado en el que quedó el "Little Bastard"

Minutos después, Donald Turnupseed, quien sólo tenía heridas leves,  declaró a la policía no haber visto el Porsche Spyder 550, pues al ser un vehículo muy bajo y de color gris parecía haberse mimetizado con el asfalto.


7 de noviembre de 2016



Algunas crónicas cuentan que Oscar Wilde estaba convencido de que, en un gran número de ocasiones, la gente no escuchaba cuando se les hablaba, por lo que para demostrarlo explicaba a sus conocidos la anécdota que le ocurrió el día que tuvo que asistir a una importante fiesta a la que llegó tarde.
Para justificar su tardanza ante la anfitriona, Wilde puso como excusa que se había demorado debido a que ‘había tenido que enterrar a una tía suya a la que acababa de matar’.
La dama sin inmutarse contestó al escritor irlandés:

«No se preocupe usted. Lo importante es que haya venido»
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