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12 de octubre de 2013





En su día esta cárcel fue el edificio más caro de Estados Unidos, donde los criminales más peligrosos recibían un draconiano castigo, cumpliendo largas penas en total aislamiento, que condujo a muchos a la locura. Los que han visitado este lugar aseguran que se escuchan llantos, risas y susurros procedentes de las celdas.


Eastern State Penitentiary fue una prisión estadounidense ubicada en Filadelfia, Pennsylvania. Estuvo en funcionamiento desde 1829 hasta 1971. Cuando el edificio se construyó fue la estructura pública más grande y más cara jamás construida, convirtiéndose rápidamente en un modelo para más de 300 cárceles de todo el mundo. Se le consideró la primera penitenciaría real.  Su nombre deriva de la palabra ‘penal’, lo que significa que más que un cumplimiento de condena normal y corriente, la estancia en esta cárcel era más bien una penitencia.


Funcionó desde 1829 hasta 1913 con el Sistema de Pennsylvania, un sistema que prometía rehabilitar a los presos de una forma muy distinta a la que se utilizaba en otros lugares. Este sistema se llamó confinamiento solitario.


Los presos tenían una celda para cada uno, con una serie de comodidades inusuales para las cárceles de la época; tenían un pequeño patio privado para poder ver la luz del sol y hacer ejercicios que se sincronizaban de manera que el preso de la celda contigua no coincidiera  en sus ejercicios al mismo tiempo.



También tenían agua corriente, inodoro, y un sistema de tubos de agua caliente que servía de calefacción durante los meses de invierno. En contrapartida por todos estos privilegios no se les permitía articular palabra. No había comedor común, el carcelero se encargaba de llevar la comida silenciosamente al preso; si tenían que ser trasladados lo hacían con una capucha en la cabeza que les impedía ver absolutamente nada, lo que evitaba que pudieran comunicarse con los demás.


Si los condenados intentaban comunicarse entre si recibían castigos inhumanos; eran  atados a una silla sujetando todo el cuerpo, y así  pasaban días enteros. Otro castigo no menos cruel se basaba en duchar a los presos con agua fría y dejarlos a la intemperie durante la noche, castigo que resultaba fatal para muchos de los presos.  



También se les encadenaba la lengua a las muñecas de manera que si intentaban luchar contra las cadenas la lengua se podía rasgar de forma fatal. A los peores presos se les metía en un pozo llamado “El agujero” durante dos semanas, un pabellón subterráneo excavado bajo tierra, donde no tenían luz alguna, ningún tipo de contacto humano, y escaso alimento. 


Pero a pesar de todas estas horribles penas, tal vez el mayor castigo de todos era la propia soledad que debieron sentir durante años en total aislamiento.


Las celdas fueron diseñadas para  dar la sensación de estar en una  iglesia. Sus puertas eran de hierro y estaban cubiertas por otra puerta de madera que las insonorizaba. Además estas puertas eran pequeñas para evitar que el preso escapara con facilidad en caso de que el carcelero tuviera que entrar, aunque otros han explicado que  el tamaño de las puertas obligaba a los prisioneros a inclinarse para entrar. Este diseño estaría relacionado con la penitencia y sus vínculos con la inspiración religiosa de la prisión.



Las celdas  tenían una claraboya que representaba el "Ojo de Dios", advirtiendo a los presos que Dios siempre estaba mirando. La Penitenciaría no pretendía castigar simplemente, quería acercar al criminal hacia la reflexión espiritual y al cambio.



La prisión  se convirtió  en una atracción en el siglo XIX. Charles Dickens fue uno de sus visitantes más notables, además fue uno de los que denunció el terrible trato a los que eran sometidos los presos. El sistema de confinamiento solitario, finalmente se suspendió debido a los problemas de hacinamiento. En 1913, Pennsylvania abandonó oficialmente el sistema de aislamiento y funcionó como una prisión normal hasta que se cerró en 1971.
También hubo presos famosos como Al capone, pero cuando este ingresó en Eastern State el modelo de confinamiento solitario ya se había abolido.

Celda de Al Capone

Cuando la prisión  se cerró en 1971 la ciudad de Filadelfia compró la propiedad con la intención de volver a rehabilitarla o reconvertirla; se quería hacer un centro comercial y un bloque de apartamentos.  Pero durante los años que estuvo abandonada, hasta finales de los 80, un bosque creció dentro y fuera de sus paredes.



Desde 1994 la Penitenciaría del este del estado funciona como museo y sitio turístico.
Debido a su aspecto siniestro, la atmósfera sombría y su larga y macabra historia, Eastern State es considerado uno de los lugares más encantados de EE.UU



Fuentes: Wymering.blogspot.com.es / Sobreeeuu.com/ Wikipedia.
Imágenes: Google. 

3 comentarios:

Ana dijo...

¡Que lugar! Sin duda las fotografías desprenden una aura extraña, no sólo por el abandono, es como si estuvieran impregnadas de una historia truculenta, algo adherido a las paredes, las sombras, los escombros. Me he imaginado el sonido de risas, de llantos, de susurros, y se me han puesto los pelos de punta
Eso del aislamiento solitario suena como a novela de Dumas. Que horror lo de atarles la lengua.
Parece que Al Capone tenía sus privilegios, su celda tiene de todo.
Algo de iglesia si que tiene, ese halo de austeridad, lo de reclinarse antes de entrar a la celda, ese ojo arriba que todo lo ve...
Un sitio inquietante.

Ligia dijo...

Como dice Ana: "Inquietante"...
A mí me da escalofríos leyendo tus palabras y si miro las imágenes, me quedo helada... Horrible lo que tuvieron que pasar ahí. Ni para museo lo dejaría yo, pero bueno, esas cosas también pasaron y hay que saberlo. Abrazos

Raquel dijo...

Yo reconozco que también. Ver esas fotos, ese lugar extraño es como asomarse al pasado , como ver, pero no con los ojos, lo que allí se vivió, se sintió. Es verdad que los lugares pueden quedarse impregnados con todo eso, y rezumarlo. La verdad es que me pone los pelos de punta.
Un beso Anita :)


Estos lugares desprenden una energía extraña, doliente. Yo tampoco lo visitaría, ni como museo. Creo que lo pasaría muy mal paseando por semejante lugar.
Un abrazo Ligia.

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