Georges Léonnec ( 1881-1940 ), hermano del novelista Félix
Léonnec , comenzó su carrera como ilustrador en 1899 dibujando para periódicos.
Después de participar en la Primera Guerra Mundial trabajó para la revista La
Vie Parisienne donde desarrolló casi toda su carrera. Aunque también trabajó
para otras publicaciones incluyendo Fantasio y Le Sourire. También era conocido
por sus ilustraciones publicitarias para el vino Byrrh apéritif, los grandes
almacenes Dufayel y el Casino de París.
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20 de mayo de 2017
12 de abril de 2017
El
químico sueco Carl Scheele inventó en la primera mitad del siglo XIX un tinte
que se utilizó indiscriminadamente para teñir ropas, forros de muebles,
juguetes, cuadros, y especialmente se usó en un papel pintado muy de moda en la
época victoriana, el verde “Scheele” o arsenito ácido de cobre (CuHAsO3),
sintetizado por primera vez en 1775. Este tinte contenía un peligroso elemento
de la tabla periódica, el número 33, arsénico,
y fue el responsable de la muerte de miles de personas, incluyendo al
mismísimo Napoleón en su exilio en Santa Elena.
Hasta
entonces el verde se extraía de la malaquita pero este nuevo pigmento era mucho
más llamativo y brillante y encandiló a pintores y artistas de la época.
El verde esmeralda o verde París fue un intento
posterior de mejorar la mezcla consiguiendo un verde más duradero sin tanta
tendencia a oscurecerse. En la época victoriana este verde causaba furor y su
uso, en los papeles pintados que decoraban muchas estancias, estaba muy
extendido.
La
humedad de Gran Bretaña propiciaba la aparición de un peligroso hongo, haciendo
que el arsénico del papel se vaporizaba de manera imperceptible. En la década
de 1860, podía leerse en el The Times de Londres: “No era infrecuente que los
niños que dormían en un cuarto empapelado de ese modo murieran envenenados con
arsénico.”
Ya
en 1822 el químico alemán Justus von Lieibig había avisado sobre los peligros y
publicó un informe sobre su composición y síntesis, que anteriormente había
sido un secreto industrial celosamente guardado por el fabricante.
En
1879 la reina Victoria, debido a la repentina enfermedad de un dignatario
visitante al pernoctar en un salón verde esmeralda, ordenó arrancar todo el
papel verde y los tapices de las paredes del palacio de Buckingham.
Pero
tanta era la locura por este verde y tantas las muertes que causaba, que en los
periódicos de la época se empezaron a caricaturizar imágenes de esqueletos
luciendo trajes verde esmeralda ante el peligro que representaba para mujeres y
hombres estar cerca de una prenda o cualquier cosa de este color, pues hasta el
movimiento más suave podía enviar una "nube de polvo venenoso".
La
amenaza de los vestidos fue tan grande que el químico Henry Letheby desarrolló
una sencilla prueba para que las damas pudieran identificarlo en su ropa. Si al
verter una gota de amoniaco sobre la tela esta se volvía azul.
Finalmente,
el uso de este pigmento fue abandonado cuando se comprobó el peligro que
representaba de morir prematuramente. Pero incluso con evidencia científica de
su naturaleza altamente tóxica, la producción del verde esmeralda no fue
prohibida hasta la década de 1960.
30 de marzo de 2017
6 escenas de películas bajo la lluvia
Seguro que te has
dado cuenta, la lluvia es un elemento muy recurrente en el cine. Y es que todos
los géneros, desde el romántico pasando por el dramático, el cómico o el de
acción, la emplean a menudo, sobre todo para reforzar una emoción determinada,
como puede ser la tristeza, la depresión,
la intimidad, la soledad, el aislamiento, o el terror...
La lluvia nunca
es gratuita y si aparece es por un motivo concreto. En el cine de terror nos predispone
creando ese necesario efecto de suspense. Al mismo tiempo hace que los personajes
se perciban de una forma más vulnerable ya que los contornos y el paisaje se
desenfocan, lo que hace que sintamos más intranquilidad al desconocer dónde se
encuentra el peligro. La lluvia puede simbolizar la purificación, y así se nos
da a entender en la mítica escena final de Ben Hur en donde la madre y hermana
del protagonista son curadas de su mal cuando tras la crucifixión comienza a
llover torrencialmente. Al mismo tiempo, la lluvia refuerza la sensación de
dramatismo, por ello, normalmente tras una tragedia, es seguro que lloverá.
Caminar bajo la lluvia o correr acentúa tanto la sensación de libertad como la
de desesperación. Y un beso nunca será más romántico si se da bajo la lluvia.
Pero la lluvia
que vemos en el cine tiene truco, para poder ser captada por la cámara el agua
se mezcla con leche. Este ardid se ha usado en varias películas, la más famosa,
en la mítica escena de Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia.
A continuación
seis escenas bajo la lluvia de mis películas preferidas:
Basada en una
novela de Jane Austen, Ang Lee realizó
esta adaptación en 1995 para la pantalla grande. 135 minutos de sensibilidad y mucho
romanticismo, de ese del que los insensibles rehúyen hablar y ver, y al que
tachan, sin mucha idea, de superficial. 135 minutos que no son para todos los
públicos, pues como mucha de la filmografía de Ang Lee, la película se
desarrolla con una pausa, una lentitud que hay que saborear poco a poco. La
escena, que conjuga lo mejor de Austen con un poema de Shakespeare, sobrecoge,
en especial por el buen hacer de Kate Winslet, prometedora joven actriz en
aquella época.
En 1974 Mel
Brooks dirigió esta divertida parodia sobre el monstruo de Mary Shelley. Contó
con la ayuda de Gene Wilder sin el cual la película no sería lo mismo. Además
de ser el actor principal escribió junto a Mel el guión de la película. Una
película sin más pretensión que la de entretener y divertir, y vaya si lo
consigue. La escena es uno de los gags más divertidos, quizás por su simpleza,
y la frase en cuestión una de las más recordadas.
La vieja Rose
diría… Han pasado 20 años desde que James Cameron estrenara, allá por 1997, una
película sobre uno de los transatlánticos más grandes y más malditos de la
historia, el insumergible Titanic, el buque de los sueños que acabó en el fondo
del frío océano Atlántico en 1912. La película es de las pocas que posee 11
Oscar; hasta el momento, sólo dos películas más ostentan ese honor. Además fue la más mediática de su año de estreno,
rompiendo varios récords. De lágrimas sobre todo.
Aún recuerdo el
olor de aquel cine, y la sensación que flotaba en el ambiente, entre sollozos y
lloros ahogados. Fue una de las experiencias más estremecedoras que haya vivido
en una sala de cine. Unas emociones remarcadas por la banda sonora de James
Horner, en la que suenan gaitas, y ecos lastimeros, lejanos y fantasmales. Este
momento, esta escena de lluvia en la que
Rose llega por fin, pero no como esperaba, a New York, es muy simbólica, y remarca aún
más si cabe, la tragedia de los instantes previos.
Ridley Scott
dirigió en 1982 Blade Runner, obra cumbre de la ciencia ficción. Esta conocida
escena bajo la lluvia en la que el replicante Roy Batty habla con Deckard ha pasado a la historia del cine
gracias al soliloquio de Roy, que el actor que lo interpreta, Rutger Hauer, improvisó
en buena parte ya que como buen apasionado de la poesía le parecía que a la
escena le faltaba más intensidad y añadió la frase que más sentido daría a toda
la escena.
Roberto Benigni
escribió, dirigió y protagonizó en 1997 la película por la cual ganaría un
Oscar a mejor actor, además de llevarse dos más, la de mejor banda sonora y a
la mejor película extranjera. La escena es romántica y divertida al mismo
tiempo, remarcada por una banda sonora que encaja a la perfección, emotiva y
muy mágica.
6# Los puentes de
Madison
Nadie esperaba
que el duro de Clint Eastwood dirigiera en 1995 este drama romántico, que
además protagonizó junto a Meryl Streep. Los dos están esplendidos pero Meryl
es mucha Meryl como demuestra la emotiva y contenida escena final. Llueve, el semáforo
está en rojo, y todo es gris. Hay muchas
emociones a flor de piel. Incertidumbre, miedo, dudas, indecisión, aflicción y
aceptación. Porque lo humano es sentir miedo, y dudar, y sentirse solo, y anhelar,
y necesitar y aceptar que las cosas duran lo que duran y no hay más, pero que
vale la pena sentir hasta el final, que vale la pena darle una oportunidad a lo que nos remueve por dentro.
8 de marzo de 2017
4 Mujeres a reivindicar de la historia
Lise Meitner
Lise Meitner (1878/1968), fue una física con un amplio
desarrollo en el campo de la radioactividad y la física nuclear, siendo parte
fundamental del equipo que descubrió la fisión nuclear, aunque solo su colega
Otto Hahn obtuvo el reconocimiento. Años más tarde, el meitnerio (elemento
químico de valor atómico 109) fue nombrado así en su honor.
Rosalind Franklin
En 1962 tres científicos recibían conjuntamente el
Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos sobre el ADN. Hacía cuatro
años que una de sus colegas de laboratorio había fallecido. Nadie mencionó en
la ceremonia de entrega del prestigioso galardón a Rosalind Franklin, una
científica que se enfrentó a su familia y a su mundo para dedicarse a su gran
pasión. Desde entonces se creó una controversia acerca de la verdadera autoría
de los descubrimientos sobre la estructura molecular del ADN. Rosalind había
conseguido fotografiar años atrás la estructura helicoidal del ADN en su famosa
Fotografía 51. Parece ser que uno de los científicos, con quien tuvo más
enfrentamiento a lo largo de sus investigaciones, mostró a otros dos, Watson y
Crick, dicha imagen que sirvió para que estos desarrollaran su teoría. Al
margen del debate sobre si mereció o no recibir el Nobel, lo cierto es que
Rosalind tuvo que luchar toda su vida por defender y justificar sus capacidades
científicas por el simple hecho de ser mujer.
María de la O Lejárraga
Fue escritora y feminista. Su posición acomodada le
permitió formarse como maestra, era una mujer muy culta que hablaba varios
idiomas, pero su verdadera vocación fue la de escritora, algo que chocaba con la sociedad en la que
creció, cerrada a la idea de que la mujer se dedicara a las artes y ciencias.
Su marido, Gregorio Martínez Sierra, se
apropió con su consentimiento de las obras teatrales que ella escribía, y empezó a hacerse conocido como dramaturgo. “Diálogos
fantásticos” (1899) o “Flores de escarcha” fueron algunas de esas obras.
Feminista convencida y activa, afiliada al Partido
Socialista, estuvo, no obstante, siempre sometida a su marido, en un auténtico
estado de explotación. María solo reivindicó ser la autora de sus textos cuando
la hija que Gregorio Martinez Sierra tuvo con la actriz Catalina Bárcenas
reclamó los derechos de autor de sus obras.
Federica Montseny
Federica Montseny, ideológicamente anarquista, era una
excelente escritora y oradora, y además fue la primera ministra de la historia
de España. Durante la Guerra Civil llegó
a la cartera de Sanidad y se encargó de ejecutar reformas en el terreno de la
salud pública, así como de elaborar
medidas pioneras sobre prevención de la enfermedad, eugenesia, sexualidad,
control de la natalidad, y reguló el
decreto de interrupción voluntario del embarazo.
Especialmente preocupada por la eliminación de la
prostitución creó los liberatorios, espacios donde las prostitutas entraban y
salían libremente, recibían instrucción y tratamiento médico, recuperaban
autoestima y eran preparadas para incorporarse a la esfera laboral. Al finalizar la Guerra Civil se exilió en Francia donde
fue perseguida tanto por la policía nazi como por la franquista, que pidió su
extradición aunque las autoridades francesas la denegaron.
Dos años después de la muerte de Franco, Montseny
regresó a España y continuó su activismo.
Feliz día internacional de la mujer
27 de febrero de 2017
10 Besos de Película (2ª parte)
El
secreto de los Abbott, del director Pat O´Connor, se estrenó en 1997 y es la
adaptación a la pantalla grande de la novela de Sue Miller. La película, que
pasó sin pena ni gloria por la taquilla de nuestro país, cuenta la historia de
dos familias de distintas clases sociales, sus encuentros y desencuentros, y sus amores prohibidos. El reparto está lleno
de caras guapas como Jennifer Connelly, Joaquín Phoenix o Liv Taylor y no es de
extrañar que salten las chispas en cada escena que comparten. Para muestra este
beso entre dos de sus protagonistas.
En
el momento de su estreno nadie daba un duro por esta comedia romántica (a punto
estuvo de estrenarse directamente en vídeo) pero obtuvo un éxito tan rotundo que con el
tiempo se ha convertido en todo un clásico ochentero. Su banda sonora vendió
millones y la canción principal “(I've Had) The Time of My Life” se llevó un Oscar y un
Globo de Oro. Gracias al éxito, la pareja protagonista alcanzó el estrellato,
aunque luego cada uno de ellos lo llevó con mejor o peor fortuna. La historia
de amor entre Johnny, profesor de baile de un balneario, y Baby, una
adolescente que se hospeda en el lugar, es
simple pero efectiva, y aunque los dos actores no se llevaban especialmente
bien, habían tenido algunos roces en el rodaje de Amanecer Rojo, su anterior
película, su química fue buena; como demuestra la siguiente escena en donde
además suena la canción que Patrick grabó
para la ocasión, “She´s like the wind”.
Considerada
una película de culto, fue estrena en 1959 con la explosiva Marilyn Monroe como
reclamo sexual; no en vano la rubia luce un vestuario semi-trasparente en
muchas escenas. Estos vestidos fueron diseñados por Orry Kelly que desafió la
censura de la época. El guión lo firman Billy Wilder, el director, y I.A.L.
Diamond, y cuenta una historia plagada de situaciones a cada cual más
desternillante pero con el sello de calidad de Wilder. El rodaje fue
complicado, sobre todo por la impuntualidad y los despistes de Marilyn; famosa
es la anécdota de la frase “¿Dónde está el bourbon?”, pues dicha toma tuvo que
repetirse nada menos que 59 veces ya que la actriz no atinaba a decirla
correctamente. La relación entre Tony y Marilyn era un poco tensa, pues los dos
habían sido amantes; un vaivén tormentoso con mucho altibajos, con abortos
involuntarios de por medio. Durante el rodaje Curtis fue muy crítico con
Marilyn de la que llegó a decir cosas como “era una mujer con el cuerpo de una
diosa y el cerebro de un niño de cuatro años” o “que besarla fue como besar a
Hitler”. Sin embargo la escena del beso entre los dos es una de las escenas más
sensuales de la historia del cine, y si no, para muestra un botón:
En
el 2001 esta amable y divertida comedia
romántica triunfó en medio mundo; su acierto, mostrar a una heroína totalmente
imperfecta con un gran sentido del humor, y ninguno del ridículo. La historia
de una treinteañera con una vida familiar, social y sentimental totalmente desastrosa,
dividida entre dos hombres; por un lado el vivalavida de Daniel, su jefe, y por
otro el serio y formal Mark Darcy. Renée se tomó muy en serio su personaje y
para ello engordó 13 kilos, además perfeccionó el acento británico, pues ella
es norteaméricana, y no se salió del
personaje ni siquiera en los descansos. Todo ello tuvo recompensa pues fue nominada
a los Oscar y a los Globos de Oro. La famosa escena del beso bajo la nieve fue
rodada en verano así que usaron nieve falsa.
No
siempre el amor tiene un final feliz. No siempre es para toda la vida. A veces
el amor llega y se va demasiado rápido dejando un vacio. Y sin embargo nadie
renunciaría a la experiencia por más corta que hubiera sido. Es mejor haber
amado y haber perdido que no haber amado nunca. Porque en lo que estamos todos
de acuerdo es que es el amor lo único que puede salvar una vida, lo que llena
nuestros corazones y hace funcionar nuestra maquinaria. A veces el recuerdo de
un amor es suficiente para que siga rodando. Noviembre dulce es la enseñanza de
todo esto. Amar con todas las consecuencias, amar hasta ser capaz de renunciar
al ser querido. Noviembre dulce tuvo una acogida regular, de hecho obtuvo tres
nominaciones a los premios Razzie, incluyendo peor actor y actriz. Aún así
Noviembre dulce tiene algunas virtudes para los que se consideran románticos
empedernidos, la química arrolladora de estos dos actores y un drama dulce y
amargo al mismo tiempo que te hará pensar en la fugacidad del amor y la vida.
(Cuidado contiene Spoilers del final de la película)
14 de febrero de 2017
10 Besos de Película (1ª parte)
Sidney
Lumet dirigió en 1988 “Un lugar en ninguna parte”, un drama intimista
sobre la huída permanente de una familia de activistas revolucionarios y
las consecuencias que tiene en sus hijos adolescentes esa existencia
desarraigada. En su momento la película recibió dos nominaciones a los Oscar, a
mejor actor secundario para el joven y prometedor River Phoenix, y al mejor
guión. No se llevó ninguno de los dos
premios pero sí un Globo de Oro.
River
Phoenix y Martha Plimpton ya habían
coincidido antes en “La costa de los mosquitos”, y al parecer cuando se
conocieron no se aguantaban pero el roce hizo el cariño y los dos estuvieron
saliendo en la vida real. De hecho Martha fue uno de los grandes amores de
River, algo que explica la gran química que había entre los dos.
En
los años 80 John Hughes dirigió, escribió y produjo varias de las películas
para adolescentes más taquilleras de la época. La más famosa fue “El club de
los cinco” (1985). “Una maravilla con clase” (1987) es una de sus películas
consideradas menores, un forzado drama juvenil que trata básicamente sobre lo
que es ser adolescente; insatisfacción, rebeldía, padres controladores, amores
platónicos, sueños de futuro, frustraciones y triángulos amorosos. Lo mejor de
esta historia es esta escena del beso entre Keith y Watts, los dos “cuquis” protagonistas.
En
1963 habían ciertos temas tabús que no solían tratarse en el cine. “Amores con
un extraño” habla sin tapujos de las
relaciones extramaritales y del aborto. Por aquel entonces el código de censura,
conocido como código Hays, aún estaba vigente, pero empezaba a perder presencia
cada vez más. Natalie Wood realiza aquí uno de las mejores interpretaciones de
su carrera, y junto a Steve McQueen forma una de las parejas más explosivas del
séptimo arte. Cada vez que los dos se juntan saltan las chispas, como puede
comprobarse en esta escena:
(A partir del minute 3:05. Cuidado, spoilers
hasta el final del vídeo)
Para
los de mi generación, Casper fue una película que nos marcó por su ternura, su
emotividad y su diversión. Y además por la escena del beso entre el fantasmita Casper
(Devon Sawa) y Kat (Christina Ricci). Una escena que siempre es un placer volver
a visionar.
Para
Ben Stiller “Reality Bites” fue su estreno como director de cine, también
participa en ella como actor, junto a dos guapos oficiales de los 90, Winona y
Ethan. La película, con una estética muy “grunge”, es un reflejo del estilo de
vida de la llamada “generación X” y toca temas muy variados, desde la
homosexualidad, al sida, pasando por todo un catálogo de distintas dudas
existenciales. La química de los dos protagonistas es evidente, y a día de hoy,
más de 22 años después, ambos siguen siendo muy buenos amigos.
10 de febrero de 2017
La química del amor
O
dicho de otra forma, ¿por qué nos enamoramos?
Desde
el punto de vista bioquímico, el enamoramiento comienza en la corteza cerebral.
Posteriormente pasa al sistema endocrino y se transforma en una respuesta
fisiológica y en cambios químicos originados por la segregación de dopamina en
el hipotálamo.
El
amor actúa igual que una droga en nuestros cerebros. La vista y el olfato tienen
mucho que ver en este proceso de enamoramiento. Así pues cuando vemos a la
persona amada se activan en nuestro cerebro algunas zonas como el córtex
anterior cingulado, produciendo sensaciones de euforia. Pero al mismo tiempo
las áreas encargadas de realizar juicios sociales y valoración se inactivan, lo
que explicaría la frase “ciego de amor”.
Aunque
nos atraen las personas con rasgos similares a los nuestros, tendemos a elegir
el olor de quienes tienen un sistema inmunológico distinto. Incluso influye el
tipo sanguíneo (A, B, AB, O), ya que la atracción suele suceder con las
personas del mismo tipo.
La
atracción tiene mecanismos diferentes en hombres y en mujeres En los hombres intervienen
más los ojos, en la mujer los oídos, y en ambos el olfato: en especial las
feromonas, unas sustancias capaces de producir modificaciones en el sexo
opuesto y que tienen que ver con la atracción instantánea, el cacareado “amor a
primera vista”. Después del orgasmo, el sistema límbico del cerebro libera la
hormona oxitocina, llega a subir hasta 400 % por encima del nivel normal, que ayuda
a forjar lazos permanentes. La hormona actúa cambiando las conexiones de los
miles de millones de circuitos cerebrales. Cuando se combina con los
estrógenos, hormonas femeninas, la mujer se siente cariñosa y conversadora.
Pero cuando se mezcla con las hormonas masculinas, la testosterona, provoca una necesidad incontenible de dormir.
Si se tienen suficientes relaciones con la misma persona es muy probable que
esta bomba de hormonas nos haga perder la cabeza por alguien.
Para
explicar el “enamoramiento” desde un punto de vista más científico se debe
tener en cuenta la intervención de las sustancias monoaminas “como la dopamina,
un neurotransmisor y una hormona que se asocia con un sistema de recompensa y
placer en el cerebro”, al secretarlas nos sentimos muy bien. Un cerebro
enamorado experimenta menos dolor, y
además se le suma el factor de crecimiento neural, y se reduce el
neurotransmisor serotonina, que hace que la persona tenga pensamientos y
conductas obsesivas por el otro.
La
feniletilamina (FEA), anfetamina que segrega el cuerpo, es una de las
sustancias implicadas en el enamoramiento. Este compuesto activa la secreción
de dopamina, neurotransmisor implicado en las sensaciones de deseo y que nos
hace repetir lo que nos proporciona placer, y produce oxitocina que activa el
deseo sexual.
Cuando
el cerebro se inunda de esta sustancia,
este responde secretando dopamina, neurotransmisor responsable de los
mecanismos de refuerzo del cerebro, de la capacidad de desear algo y de repetir
un comportamiento que genera placer, norepinefrina y oxiticina, que además de
estimular las contracciones uterinas para el parto y producir leche, es un
mensajero químico del deseo sexual, y estimula los neurotransmisores que
originan al enamoramiento. Tal mezcla de compuestos hace que los enamorados
permanezcan horas haciendo el amor y noches conversando, sin cansancio, que
estén siempre excitados, que necesiten al otro como una droga y que su
capacidad para juzgarla se reduzca a cero.
Pero
la producción de dopanima tiene fecha de caducidad, por ello en un periodo de uno
a tres años, la producción de dopamina cae de forma brutal. En este tiempo las parejas
pasan a la ‘atracción intelectiva’, lo que hace que empiece a valorarse al otro
mucho más que como una persona que lo atrae física, sensual y sexualmente y
pasa de la etapa en la que se dice “te deseo” a la que se dice “te quiero”.
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