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14 de abril de 2012

Barcos Malditos, Barcos Fantasma





El 5 de diciembre de 1872, el barco Mary Celeste fue encontrado por la goleta Dei Gratia navegando a la deriva y sin tripulación a unas 600 millas de las costas de Gibraltar.
El Mary Celeste había zarpado desde Nueva York el 7 de noviembre de 1872 bajo el mando del experimentado capitán Benjamin Briggs. La tripulación estaba formada por ocho hombres, la mujer del capitán y su hija. La nave llevaba un cargamento de 1700 barriles de alcohol.
Morehouse  ordenó al primer oficial que  abordase al pequeño bergantín para inspeccionarlo, lo que confirmó  que el barco estaba desierto. Los botes estaban sin arriar. El interior de la embarcación, vacío, y el cargamento junto con todos los víveres, intacto. El primer oficial encontró joyas, dinero, un valioso medallón de oro, muebles, libros, cartas personales y prendas de vestir. Todo en perfecto  orden.
Deveau comprobó el nivel de agua que había en la sentina y comprobó que sólo tenía un metro, lo que no parecía suficiente razón como para abandonar un barco de estas características. Pero lo que sorprendió aún más a Deveau, fue hallar en la cocina, sobre un fogón todavía caliente, una cacerola con un pollo recién cocido y unos tazones de té aún tibios sobre la mesa central.
La última anotación del diario del capitán, el 24 de noviembre, no reflejaba nada que pudiera explicar la misteriosa desaparición de la tripulación.
El capitán Morehouse, que fue informado inmediatamente, sólo pudo deducir que la tripulación había sido víctima de una tormenta, pero Deveau, contradijo a su superior, ya que  algunos de los objetos encontrados no hubieran aguantado en  esas condiciones de haber sufrido un fuerte oleaje.
Cuando el barco  fue llevado a puerto, el almirantazgo inició una investigación. Se inspeccionó el barco en detalle, pero no se halló nada que pudiera aclarar la desaparición de los tripulantes. El informe oficial formuló algunas teorías pero ninguna aclaró el misterio del Mary Celeste, que aún hoy sigue siendo objeto de interesantes y fantásticas suposiciones.


El Baychimo, barco de vapor propiedad de la compañía Hudson Bay, era usado para el intercambio de pieles con los Inuits en el norte de Canadá. Pero en 1931 quedó atrapado entre el hielo de Alaska. Tras varios intentos fallidos de liberarlo, la tripulación fue evacuada por aire y tras una ventisca que rompió el hielo, el barco quedó liberado pero fue abandonado a su suerte debido a que quedó muy dañado. El propietario asumió que no aguantaría al invierno pero asombrosamente permaneció a flote y a la deriva en aguas de Alaska durante 38 años. El Baychimo se convirtió en una leyenda local y frecuentemente era avistado cerca del hielo por esquimales y otros navíos. Hasta que después del invierno de 1969 dejó de verse.
Debido a su fama, las autoridades de Alaska pusieron en marcha en el 2006 una iniciativa para localizar al conocido como 'Barco Fantasma del Ártico', ya fuera surcando todavía los mares o hundido en el fondo del mar, pero hasta la fecha no han dado con él, circunstancia ésta que ha contribuido a hacer crecer, aun más si cabe, la leyenda entorno al Baychimo.


Antes incluso de que inspirase a Wagner su ópera "Der Fliegende Hollander", la leyenda del Holandés Errante era conocida por innumerables generaciones de marinos de todo el mundo. Lejanos antecedentes demuestran que en 1680 un barco holandés que hacia la travesía a las Indias Orientales, mandado por el capitán Hendrik van der Decken, navegaba desde Amsterdam a la colonia de Batavia, en las Indias Orientales holandesas. Van der Decken, de disposición aventurera e intrépida, gozaba al parecer de pocos escrúpulos y de mala reputación. Pero era un hábil marino, y los propietarios del barco no tuvieron inconveniente en confiarle el mando del buque, pese a sus fanfarronadas en las tabernas del muelle, en las que afirmaba que volvería con una fortuna.
Todo pareció ir bien pero cerca del Cabo de Buena Esperanza un repentino temporal hizo jirones las velas y destrozó el timón.  Pasaron días y semanas sin que  el barco, pudiera hacer frente al viento que soplaba en dirección sudeste. Según la leyenda, Van der Decken se enfureció al ver que ninguna de sus habilidades y conocimientos le servían para bordear el cabo. No hacía otra cosa que proferir juramentos.
Aprovechando el desesperado animo de Van der Decken, el diablo le sugirió en sueños que desafiara el intento del todopoderoso de impedirle bordear el cabo. Ciego de rabia, el capitán holandés profirió el reto:
"Desafío al poder de Dios a detener el curso de mi destino y mi resuelta carrera.
Ni el mismo diablo despertará mi temor aunque tenga que surcar los mares hasta el día del juicio".
El castigo llegó rápidamente cuando el Ángel del Señor ordenó que Van der Decken errase para siempre por los mares "hasta que las trompetas del Señor rasgasen los cielos".
El barco acabaría hundiéndose y la tripulación moriría, pero Van der Decken ha de proseguir su vigilia hasta el día del juicio final.
Van der Decken y su barco no llegaron nunca a Batavia. Desde 1680 son innumerables las gentes que han visto su barco. Se dice que cualquier buque que aviste al barco fantasma tendrá mala suerte.


El 20 de agosto de 1881, el vigía del barco de carga “Ellen Austin” divisó una goleta sin nombre, a medio camino entre Bahamas y Bermudas, con aparentes muestras de abandono, aunque sin indicios de haber sufrido ningún percance.
El capitán Baker ordenó abordar el barco viendo que nadie contestaba a las llamadas desde cubierta y  a los disparos al aire que realizó.
El barco estaba en perfectas condiciones, ni averías, ni vías de agua. Pero tampoco cuaderno de bitácora ni ningún documento que identificara ni la nave ni su destino o procedencia. En sus bodegas se encontró un cargamento de caoba y cedro de mucho valor. El capitán mandó que parte de su tripulación embarcara en el barco para llevarlo a puerto y reclamar la recompensa una vez lo identificaran.
Durante el primer día navegaron los dos barcos juntos, hasta que el segundo día una tormenta los separó entrada ya la noche. Cuando salió el sol, el Ellen Austin estaba solo en medio del océano. Empezaron la búsqueda, pero no encontraron ni rastro de él. Al final del tercer día, Baker vio en su catalejo la silueta de la goleta en el horizonte.
Les hicieron señales, dispararon al aire, pero como la otra vez nadie contestó. Cuando lo abordaron, encontraron que la tripulación se había esfumado misteriosamente. Ni siquiera habían tocado las provisiones.
Baker decidió intentar de nuevo llevarlo a puerto,  a pesar de la reticencia de sus marineros. Tras organizar una nueva tripulación, las dos goletas volvieron a navegar juntas con la orden de no separarse bajo ninguna circunstancia, y de abandonar la goleta inmediatamente en el bote salvavidas si sucedía algo anormal.
Los dos días siguientes fueron tranquilos y los ánimos se calmaron. Pero entonces  empezó a llover y una fina niebla envolvió a los barcos. Poco a poco, la goleta empezó a quedarse rezagada y a separarse del Ellen Austin, aunque se mantenía a la vista. De pronto la niebla espesó y perdieron totalmente el contacto visual, viraron inmediatamente para ir a buscarla, durante unos instantes llegaron a divisar las luces de la goleta durante unos minutos.
En respuesta a los gritos de los marineros del Ellen Austin y los disparos al aire sólo obtuvieron un silencio sepulcral.
Horas más tarde, cuando la niebla se disipó, no se encontró ninguna prueba de la existencia de la goleta ni de ninguno de sus tripulantes.


La noche del 22 de Diciembre de 1967 una pequeña embarcación zarpaba del puerto de Miami con dos tripulantes a bordo. Eran, el dueño de la embarcación, Dan Burack, de 42 años, y su amigo, el padre Patrick Horgan, de 55. Su intención era alejarse de la costa para observar la maravillosa vista nocturna de la ciudad.
Salieron del puerto sobre las ocho y sobre las nueve los Guardacostas recibieron una llamada de Burack, en la que explicó que algo había chocado contra el casco del barco dejando inutilizadas las hélices. Quince minutos más tarde una embarcación de rescate llegaba al punto de la transmisión, a una distancia de tan solo dos kilómetros para encontrarse un mar vacío, el Witchcraft había desaparecido sin rastro.
La búsqueda comenzó inmediatamente y se extendió 150 millas mar adentro. Las patrullas de rastreo inspeccionaron desde los Cayos de Florida hasta Jacksonville sin encontrar  ningún resto flotando en el mar que hiciera pensar en un hundimiento. Desconcierta el hecho de que Burack no enviase otra transmisión por radio si su barco estaba en peligro de hundirse, y en su único comunicado en ningún momento mencionó que la embarcación hiciera agua. 


El barco "Great Eastern" fue uno de los buques más grandes que surcaron los siete mares. Pero también estuvo marcado por la fatalidad.
Su creador, Isambard Kingdom Brunel, hombre  de contrastada experiencia en puentes y ferrocarriles, concibió la idea de construir una ciudad flotante que conectase Londres con el resto del mundo. En aquella época, los arquitectos navales ya habían concebido y producido buques de línea de un peso alrededor a las 3.000 toneladas.
Pero el Great Eastern los dejaba muy atrás; con un calado estimado de 100.000 toneladas, sus  10 calderas enormes alimentadas por 115 hornos impulsaban dos ruedas de paletas de 20 metros y una hélice de 10 metros.  
El día de su botadura Brunel invitó a todos los obreros  que habían participado en su construcción a verlo, pero faltaba uno, un carpintero que había trabajado en la separación doble de la cala.
La botadura y el lanzamiento del buque no siguieron el guión previsto inicialmente: el volumen y el peso del buque hicieron que el mecanismo de lanzamiento se bloqueara. Poco después de su botadura la compañía de navegación de Brunel quebró e incluso el mismo Brunel falleció en extrañas circunstancias. El día de su muerte, el capitán del barco se había quejado al jefe de los mecánicos de haber sido despertado por "un constante martilleo que provenía  de abajo".
Las desgracias siguieron sucediéndose cuando una de las chimeneas del Great Eastern explotó, matando a seis personas y destruyendo el gran salón. Tras este incidente todo pareció calmarse pero, durante el transcurso de la cuarta travesía del Atlántico, un viento de través torció una de las ruedas de álabes y proyectó los botes salvavidas a la borda. Mientras muchos de los viajeros seguían quejándose de los fuertes golpeteos que se oían en el barco.
El Great Eastern pudo completar la travesía, pero este sería su último viaje. Sus últimos propietarios  decidieron venderlo para chatarra. En 1885, mientras que se acababa de desmontarlo, los soldadores hicieron un extraño hallazgo: junto a una bolsa de oxidadas herramientas descubrieron el cuerpo del carpintero desaparecido, encajado entre las paredes de hierro  del casco del Great Eastern.

4 comentarios:

Prometeo dijo...

Me encantan las hsitorias de barcos desaparecidos o fantasmas, naci a pie de mar, cerca de un puerto pesquero...cuando se leen te entran como un repelus y es que el amr es msiterioso, poco sabemos de el y sus msiterios...un abarzo.

Ana dijo...

Curiosa entrada Raque y muy entretenida de leer.
Yo no soy muy amante del mar, me aterra esa gran masa de agua, susmmareas, sus misterios y sus criaturas, pero tengo que reconocer que las leyendas acercas de barcos fantasmas o misteriosos me encantan. Ya conocía algunas de estas historias, como la del Holandés Errante y la del Mary Celeste, pero la que me ha impactado y de verdad ha sido la del Great Eastern, menudo hallazgo, que pavor tendría que ser pasar una noche oyendo esos martillazos. Un barco maldito, ¿no?
Hace años que no se ha vuelto oñir nada acerca del trinagulo de las bermudas, ¿o es que ya no pasan cosas raras por ahí?
Un abrazo grande
;)

Raquel dijo...

Los que vivimos junto al mar sentimos esa atracción por las historias de barcos fantasmas, barcos desaparecidos, las historias del mar tan enorme y desconocido, tan inquietante.
Gracias por comentar, era extensa la entrada.
Un abrazo.


Las historias de fantasmas que al igual que las del mar nos atraen de forma extraña, miedo, fascinación, respeto... La del great Eastern es la más truculenta, menudo hallazgo.
Un beso :)

Carol Torrecilla García dijo...

Raquel, me ha encantado tu entrada. Yo vivo junto al mar y lo adoro. Siento esa nostalgia cuando viajo tan solo tres semanas o dos meses tierra adentro, =)
Lo cierto es que es muy interesante todo esto que cuentas. ¡Qué miedo! Soy un pequeño pececillo que chapotea en la orilla, pero no tengo nada de grumete aventurero, XD
Contigo aprendo siempre. Gracias.
Tu amiga:
Carol

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