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4 de octubre de 2011





Su historia  se remonta al siglo XIII,  cuando el abad del monasterio cirtenciense de Sedlec viajó a Tierra Santa en 1278. Allí recogió tierra del Monte Gólgota -donde se cree que Jesús fue crucificado- y se la llevó a su ciudad, esparciéndola en el cementerio.


Aquello hizo que todo el mundo quisiera ser enterrado en el lugar, convirtiéndose con el tiempo en uno de los principales y más famosos cementerios de Europa Central.


Tanto creció el cementerio, debido en gran parte a la Peste Negra del siglo XIV, y después a las Guerras husitas a principios del siglo XV, que el cementerio tuvo que ser ampliado considerablemente en el año 1400.



Para ello se construyó una iglesia gótica en el centro del cementerio que constaba de dos niveles.



Uno superior, dedicado a la liturgia; y otro inferior, ubicado algunos metros bajo tierra,  el osario, donde se amontonaron los miles  de restos óseos diseminados que se encontraban y fueron apareciendo –de 40.000 a 70.000 aproximadamente-  al remover las tierras para construir el templo.



Entre 1703 y 1710 una nueva entrada fue construida para apoyar la pared delantera, que se inclinaba hacia el exterior, y la capilla superior fue reconstruida. Este trabajo, en el estilo checo Barroco, fue diseñado por Jan Santini Aichel.



En el año 1870 la familia Schwarzenberg contrató a Frantisek Rit, un experto y hábil maestro tallador de madera, para adecentar y dar uso a la parte inferior de la iglesia.



Para realizar  el encargo, Frantisek tuvo una idea macabra; utilizar como material de construcción los miles de huesos que allí se encontraban. Realizó algún muro con ellos, así como la ornamentación, lámparas, candelabros y el escudo de la familia.


La capilla es una atracción turística, y es visitada por 200.000 personas al año.
Hasta hace pocos años, se oficiaban misas en su interior.



Fuentes: Wikipedia, IZaping,
Fotografias: Google, Escalofrio.com

5 comentarios:

Prometeo dijo...

Muy buen reportaje sobre un sitio relamente gotico y macabro, que nos recuerda que somos mortales. me encantaria poder visitar el sitio, quizas algun año de estos.
Un abrazo.

EL BLOG DE MARPIN Y LA RANA dijo...

Muy buen post. No acaba de gustarme la idea de hacer lámparas con huesos humanos. Pero es parte del mundo en que vivo y me gusta conocerlo.

Un abrazo de Marpín y La Rana

Ana dijo...

¿Objetos hechos con huesos humanos? Que frivolidad, ¿no? Acabar formando parte del mobiliario. Y donde dejamos la profanación, es profanar, ¿no?
Un macabro lugar, ¿cuando vamos?
;)

Natalia Ortiz dijo...

¿Cómo decirlo? Jaja, es un lugar en el que nadie querría perderse, pero me gustaría hacer una fotografía parecida como a la primera jaja. Me gusta así en plano general para guardar. El resto ya dan más cosa...
Menudo cementerio. No podía ser otro lugar.
Debo señalar que no conozco las guerras husitas. No me suenan de nada.
Repleto de calaveras. Un lugar que da miedo para hacer misas...
Un beso, Raquel :) Menudo Halloween de miedo te vas a pegar jaja

Raquel dijo...

Gracias a los cuatro por vuestros comentarios.

A mi tampoco me hace gracia eso de hacer lámparas y otros objetos con huesos humanos, lo considero profanar. Lo que pasa es que el sitio es muy curioso, y seguramente en vivo y en directo impresione más que en fotos. Aunque no osy nada morbosa para estas cosas me gustaría visitarlo, eso sí, a la luz del día y acompañada.
Por cierto Natalia, yo tampoco sé nada sobre las guerras Husitas.

Besos :)

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