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10 de octubre de 2011



Abraham Lincoln, para muchos uno de los mejores presidentes de los Estados Unidos, soñó con su propia muerte, unos días antes que fuera asesinado, le contó a su esposa:
 “Hace unos días, estaba esperando comunicaciones importantes desde el frente. Estaba cansado, pues había trabajado hasta muy tarde. Hacía poco que me había acostado y caí en un estado de somnolencia ya que estaba exhausto. Empecé a soñar. En el sueño sentí como una extraña quietud mortal en el ambiente. De pronto escuché sollozos, que aparentemente parecían ir disminuyendo. Tuve la sensación que algunas personas estuviesen llorando. Creo que me levanté de la cama y me fui recorrer al primer piso. De repente el silencio fue interrumpido por los mismos sollozos abrumadores, que había oído antes, sin embargo, las personas quienes lloraban eran invisibles. Empecé a deambular de habitación en habitación, no se veía a ningún ser humano cerca, sin embargo, continué escuchando el mismo llanto de profunda tristeza. Cuando iba en este recorrido, vi que todas las habitaciones estaban iluminadas y me fijé en cada objeto, que me era conocido. Reflexioné: ¿Dónde estarán las personas que están llorando con tanto pesar? ¿Qué podría significar todo esto? Continúe andando hacia el Salón Este. Allí me encontré con una horrenda sorpresa. Delante de mí yacía un cuerpo con vestimentas fúnebres. Había unos soldados de guardia custodiando el ataúd, una multitud estaba aglomerada y plañía con un sentimiento de dolor. ¿Quién murió en la Casa Blanca? Le pregunté a uno de los soldados: El presidente ha sido asesinado fue su respuesta. Repentinamente, sentí como viniendo de la muchedumbre una desazón inexplicable, tan fuerte que desperté y no conseguí conciliar el sueño otra vez esa noche” Abraham Lincoln. El decimosexto Presidente de los Estados Unidos, fue asesinado, durante la presentación de una obra teatral por un actor desconocido, diez días después que contara este sueño a su esposa y a sus colaboradores más directos.


Sócrates tres días antes de morir comentó a su discípulo Critón que había visto en sus sueños una bella dama que le llamaba por su nombre y le recitó unos versos de Homero: "dentro de tres días veréis los campos". Y, efectivamente, tres días después se ejecutó su sentencia de muerte dándole a beber jugo de cicuta.


Otro caso no menos célebre y aún más dramático, se produjo en el país de Gales en 1966. El 21 de octubre de ese año, a raíz de un deslizamiento de tierra, la escuela de la pequeña aldea minera de Abergan es sepultada por medio millón de toneladas de polvo de carbón. El accidente provoca la muerte de 144 personas, entre ellas 122 niños. Un psiquiatra, el Dr. Juan Barker, realiza una investigación con la ayuda de un amigo periodista y recoge sesenta relatos de personas que dicen haber presentido la catástrofe;. 24 de ellos son confirmados por testigos. El caso más emocionante es el de la pequeña Eryl Mai Jones, de diez años, una de las víctimas del terrible accidente. Dos días antes, la niña le dice inesperadamente a su madre que no tiene miedo de morir puesto que así "se reuniría con Jesús", que todo se ve negro en torno a ella y que estará con sus compañeros Pedro y June. La víspera, le cuenta también a su madre que ha soñado que la escuela había desaparecido y que "algo negro se la había tragado". En el cementerio, la pequeña está efectivamente enterrada entre Pedro y June.


Edwin Reed, quién fuera naturalista y director del Museo de Historia Natural en Concepción (Chile), soñó (encontrándose bien de salud) que paseaba por una avenida al final de la cuál veía una tumba de mármol con su nombre y una fecha: 7 de diciembre de 1910, fecha en la que realmente murió.

A principios de 1979, Jaime Castell, un ejecutivo de hostelería español, tuvo un sueño en el que una voz le anunciaba que nunca vería a su hijo, que debía nacer tres meses más tarde.
Convencido de que iba a morir, Castell contrató una póliza de seguros de siete millones de pesetas, pagaderos sólo en caso de defunción. Unas semanas más tarde, cuando regresaba del trabajo conduciendo su coche a 80 km/h, otro automóvil, que venía en sentido opuesto a unos 160 km/h, perdió el control, chocó contra una barrera de seguridad, dio una vuelta de campana y cayó sobre el vehículo de Castell. Ambos conductores murieron en el acto.

3 comentarios:

Ana dijo...

Una entrada muy curiosa y rara, porque nadie sabe lo que va a pasar, ¿verdad? ni cuando le llegará la hora, sin embargo muchos sienten algo, eso me recuerda a algunas historias sobre personas que han sentido una intuición y no se han subido a barcos, aviones o trenes porque presentían que no debían hacerlo. Entonces eso quiere decir que nuestra fecha de muerte ya esta predestinada, lo que significaría que el destino no esta en nuestras manos, que somos titeres conducidos por alguna fuerza extraña y superior, pero...¡quien sabe!
Lo siento por el rollo que te acabo de escribir, jaja. Hoy no sé explicarme bien.
Un beso
;)

Prometeo dijo...

Tremendo ¿verdad?...¿presentimientos o condicionamientos?, de todas formas ahi estan esos cientos de anecdotas incluso yo tengo la mia de pequeño aunque en otra linea de sucesos. Un abrazo.

Raquel dijo...

Bueno es tremendo sentir algo así, una corazonad tan fuerte que te impida dormir.
Hay gente especialmente sensible para estas cosas, que presienten, que ven cosas que los demás no podemos ver.
Un beso grande Ana.


Puede ser, pero yo sí creo en estas cosas; es decir que hya gente con una sensibilidad muy desarrollada, con una intuición afilada que siente esas cosas, corazonadas, presentimientos.
¿Te pasó algo así?
Vaya, tiene que ser extraño que te pase en tus propias carnes.
Un abrazo.

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