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23 de abril de 2013

¿Cual fue el Origen de los Fósforos?

Si uno de nuestros antepasados prehistóricos resucitara hoy, es probable que quedara más impresionado al ver una cerilla que ante otras maravillas modernas. Este bastoncito capaz de crear fuego es una de las invenciones más ingeniosas, tanto por su simplicidad como por su eficacia.
Este palito de madera está provisto de una mezcla de compuestos, clorato de potasio, bióxido de manganeso, bicromato potásico, sulfuro de antimonio, polvo de vidrio, que, por fricción sobre una superficie fosforada, el raspador, produce una reacción química cuyo resultado es una combustión viva, la llama.


La cerilla fue inventada en 1809. Estaba constituida por un palito de madera azufrado, una de cuyas puntas estaba impregnado por  una mezcla que contenía clorato de potasio. Para inflamarla era necesario sumergirla en ácido sulfúrico concentrado, pero esto era peligroso y poco práctico.
La primera cerilla de utilización simple fue ideada en 1831 por un joven estudiante francés de diecinueve años, Charles Sauria, el cual se le ocurrió incorporar a la pasta fósforo blanco, que se inflamaba por simple fricción. Más tarde, en Suecia, se incorporó fósforo rojo (que al contrario que el blanco no es tóxico) a otra pasta depositada en el raspador, la cabeza de la cerilla sólo contenía clorato potásico. Así nació la cerilla “sueca” o “de seguridad”, que con algunas modificaciones de detalle sigue usándose hoy.
La intoxicación causada por las cerillas fue muy frecuente durante años, sobre todo a finales del s. XIX. Actualmente este riesgo ha desaparecido porque las cerillas se elaboran sin que en su cabeza exista peligro, no tiene más que un oxidante energético.


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Una de las primeras cerillas inventada fue la de azufre, se hacían sumergiendo franjas delgadas de madera en azufre fundido; el que ardía al aplicarle una chispa producida por una piedra y acero.

En 1812 fue inventada la cerilla química que se fabricaba con una cubierta de azufre y provista de una mezcla de clorato de potasio y azúcar, ésta ardía al entrar en contacto con ácido sulfúrico.



En 1827, el químico británico John Walker introdujo en Inglaterra los primeros fósforos de fricción.

En 1844, el sueco Pasch inventó los fósforos de seguridad, que salieron al mercado alrededor de 1850. Con algunas mejoras posteriores, son los fósforos que se usan en la actualidad.

Anterior a ellos, en 1823 existía un encendedor de mesa que consistía en un tubo cilíndrico alimentado a alcohol, con una mecha en su interior, que afloraba en el centro de la parte superior y que se encendía por un dispositivo de fricción.



En las cerillas de fricción fabricadas actualmente, se sumerge un extremo de la barra en un agente incombustible para que no arda fácilmente, y el otro extremo se recubre con parafina. La cabeza de la cerilla contiene: un agente oxidante, como clorato de potasio; una sustancia que se oxida fácilmente, como azufre o resina de trementina; un relleno de arcilla; un material adhesivo, como la cola, y un colorante para darle color. Al final de la punta hay una mínima cantidad de trisulfuro de fósforo, el cual se descompone y arde a baja temperatura; éste prende la parafina, que arde más fácilmente por la presencia de los demás productos.

Los fósforos de seguridad están diseñados de forma que la cabeza sólo arde al rasparla contra la superficie de fricción que posee la caja. La punta de los fósforos de seguridad contiene trisulfuro de antimonio y un agente oxidante pegados con caseína o cola y son realizados de madera. La superficie de frotamiento de la caja contiene vidrio en polvo para la fricción, fósforo rojo y cola (adhesivo). Al raspar allí el fósforo, el calor de fricción transforma el fósforo rojo en blanco, que arde y prende a su vez la cabeza de la cerilla.

3 comentarios:

Ligia dijo...

Muy curioso lo que cuentas de los fósforos. Siempre me llamó la atención qué era la superficie de la caja que hace que la cerilla prenda. Abrazos

Carol Torrecilla García dijo...

Qué artículos tan buenos, Raquel.
Siempre sorprendes con pequeñas cosas que nos preguntamos o sobre las que no pensamos hasta que tú nos las planteas, genio. =)
Abrazos, amiga.

Raquel dijo...

Gracias a las dos por vuestros comentarios.
Jo Carol, genio no, solo curiosa, menos mal que existe Internet que si no. :)


Besos a las dos

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