“Mi semana con Marilyn” se basa en un libro de memorias de Colin Clark, donde se relatan los problemas que tuvo Laurence Olivier con Marilyn Monroe durante el rodaje de la película “El príncipe y la corista” (1957). Sir Laurence Olivier (Kenneth Branagh) va a rodar una película en Londres. Colin Clark (Eddie Redmayne), un joven estudiante de cinematografía, se las arregla para trabajar en la producción. La llegada a Londres de la rubia explosiva Marilyn Monroe (Michelle Williams) para el rodaje revoluciona la ciudad, al mismo tiempo que Olivier trata de atender sus múltiples exigencias y manejar sus inseguridades a la hora de interpretar. Colin se siente atraído por la actriz, que también se interesa por él y le abre su mundo interior, donde lucha con su fama, su belleza y su deseo de convertirse en una gran actriz.
No fue la mejor actriz. Tampoco la más guapa ni la más elegante de la meca de Hollywood y sin embargo nadie marcó tanto al público como ella, cuyo nivel de magnetismo alcanzaba, siempre que aparecía en pantalla y fuera de ella, cotas muy altas. Ella fue uno de los iconos del siglo XX. La sex-symbol de figura curvilínea y fama de rubia tonta. La mujer triste, inestable, siempre necesitada de afecto. La que se hacía esperar. La que todo el mundo quería ver. Porque después de todo ella era en si misma, y a su pesar, un espectáculo digno de verse.
Todo esto se ha reflejado muy bien en la película, que hace una aproximación a la persona, igual que al personaje, muy respetuoso. La actriz Michelle Williams fue la encargada de meterse en la piel de Marilyn, y su interpretación es brillante. Es en la versión original donde mejor se pueden apreciar todos los matices de su trabajo, que no sólo se basan en su caracterización, gestos y movimientos, sino sobretodo en su voz; esa voz dulce y melosa que era el sello de identidad de Marilyn Monroe. La Marilyn de Williams es un ser más delicado, ingenuo e inseguro, menos mujer sexy, más desvalida.
Un gran trabajo también el de los actores secundarios, en especial el de Kenneth Branagh como Laurence Olivier, y la genial Judi Dench, aunque sus personajes están muy desaprovechados.
Su frescura, la agilidad y simpleza de la trama se agradecen, pero también hacen de la película un producto disperso, demasiado ligero, que no llega a profundizar en la figura de Marilyn más allá de lo superficial, ni tampoco en las anécdotas del rodaje de la película que rodó junto a Laurence Olvier en los míticos estudios Pinewood, más allá de las manías conocidas de la actriz; sus retrasos, su inseguridad enfermiza a la hora de actuar y aprenderse un guión, etc. Aunque si se trasmite ese respeto y admiración por los actores, por los dos grandes actores que fueron Marilyn y Olivier. Muy recomendable. 6.4
Ghost Rider: Espíritu de venganza
Nicolas Cage retoma el papel de Johnny Blaze en “Ghost Rider: Espíritu de venganza”. En esta nueva visión del personaje, Johnny sigue luchando con la maldición de ser el cazarrecompensas del Diablo, pero puede que lo arriesgue todo al unir fuerzas con el líder de un grupo de monjes rebeldes (Idris Elba) para salvar a un niño de las garras del Mal e intentar librarse de una vez por todas de su propia condena.
Pues sí, para que vamos a engañarnos, ya la sinopsis no augura nada bueno. Esta claro por donde va a ir la película incluso antes de verla, y sigue ese camino de principio a fin, sin desviarse ni un poco; casi como la primera parte pero multiplicado por dos. Acción, sin pararse a construir una excusa a la altura que la justifique; lo de menos es el guión. Acción y más acción envuelta en vistosos efectos especiales. El reclamo del 3D para los que quieran sumar emoción, y mareo, a la experiencia, y por supuesto Nicolas Cage más pasado de rosca y botox que nunca. Una película frenética, tan hueca y previsible que no se puede decir mucho más sobre ella. Lo único a destacar los paisajes de Capadocia. Para pasar el rato, nada más. 2
La invención de Hugo
En “La invención de Hugo” conoceremos a Hugo, un niño huérfano, relojero y ladrón que vive entre los muros de una ajetreada estación de trenes parisina. Nadie sabe de su existencia hasta que le descubre una excéntrica niña junto a la que vivirá una increíble aventura.
El cine, la materia de la que están hechos los sueños. Eso es La invención de Hugo, simplemente una película mágica. Una película que posee el poder del cine bien hecho; ese que te cautiva, te abstrae de la realidad y te transporta a otros mundos fantásticos, donde todo lo que imagines es posible.
Sin duda, La invención de Hugo es una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo. Todo encaja a la perfección, como un mecanismo de engranajes que se acoplan y hacen funcionar una complicada maquinaria. Nada chirría, todo está bien engrasado. Todo fluye con buen y acompasado ritmo.
La invención de Hugo es un homenaje sentido y nostálgico al cine, a los que fueron sus precursores y a los que con su imaginación lo alimentaron y le dieron alas. Aquí están los Lumière y George Méliès. Artífices de la magia del cine en sus primeros años.
Una película muy visual; esa película que de niñ@ hubiera sido tu favorita, la que hubiera ocupado un lugar especial en la estantería de cintas. A pesar de sus fallos, que los tiene, tiene un mensaje muy a tener en cuenta; lo roto se puede arreglar, y eso incluye también a las personas.
Una fabula que te hará sonreír. 8
Chronicle
“Chronicle”, dirigida por Josh Trank, nos cuenta la historia de tres adolescentes que, tras entrar en contacto con una misteriosa sustancia en el bosque, comienzan a desarrollar extraordinarios poderes. Los jóvenes trabajan de forma conjunta para perfeccionar sus nuevas habilidades, si bien todo se complica cuando sus problemas personales y familiares provocan disputas entre ellos.
A veces pasa que una película se convierte en un éxito mucho antes de llegar a las masas. Todo el mundo habla bien de ella, los críticos la ponen por las nubes, hay mucha expectación y luego la realidad es muy distinta. Esta es la típica película inflada para hacer taquilla que no puede esconder que en realidad es marketing puro y duro. Una fachada que esconde una estructura defectuosa. La idea es buena, no lo niego, con muchas posibilidades, pero la puesta en escena es pésima. Lenta, aburrida, tramposa porque te ves el tráiler y no tiene nada que ver. Para empezar está rodada como si fuera un documental, cámara en mano, algo así como La bruja de Blair, lo que la hace poco creible y realista en muchos momentos. Sin embargo no es la única película que parece haber inspirado a su autor. Chico pardillo, al que todo el mundo margina, le pegan cada dos por tres sin venir a cuento, tiene un padre que le hace la vida imposible, pero un día descubre que tiene un poder impresionante, puede mover objetos con la mente… además sus poderes van aumentado casi tan gradualmente como su ira contra todo lo que le rodea. Una versión masculina de Carrie. Y con idéntico final. Ya lo decía el eslogan de una famosa saga de superhéroes, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y si ese poder cae en manos equivocadas pueden pasar cosas muy malas. El principio es muy flojo, y aunque el final es una explosión de efectos especiales y tiene un ritmo más ágil, la película es mala. 3.5













































