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4 de enero de 2012



En estos días navideños que estamos viviendo si algo es fundamental, junto a un buen árbol de Navidad y un bonito Belén, son los regalos. Esta costumbre de intercambiar regalos en estas fechas viene de lejos, concretamente de la Antigua Roma
Los antiguos romanos solían, en el marco de las Saturnales, intercambiar regalos y ¿sabéis cuáles eran los más usuales? Tres higos secos guarnecidos de hojas de laurel y de ramitas de olivo. Junto a ellos los más pudientes regalaban unas pequeñas lámparas de bronce, mientras las que entregaban los más pobres eran de barro y en ellas se solía escribir alguna leyenda alegórica a los deseos venturosos para el año que se iniciaba.

Algunos otros creen que los regalos navideños son un símbolo de los obsequios que los Reyes Magos llevaron al niño Jesús el día de su nacimiento, oro, incienso y mirra. Otros dicen que la historia de los regalos de Navidad se remonta a la costumbre de tiempos antiguos de presentarse ante los reyes y los dioses con un regalo, los cuales se transformaron después en impuestos. Al paso de los años, los regalos fueron evolucionando en obsequios mucho más elaborados y se fueron quedando en el gusto de la gente, a tal grado que la tradición continúa actualmente.


¡Feliz día de Reyes!

3 comentarios:

Prometeo dijo...

Te deseo miles de regalos a cual mejor para ti y los tuyos.
Un fuerte abarzo.

Ana dijo...

Buena curiosidad, ¿y después se trasformaron en impuestos?, ¿eso querían los dioses?, puff, que pedichones, como se pasaron... y a lo que ha degenerado todo eso.
Bueno, esto de regalar y hacer sentir bien a la gente con un obsequio viene de muy lejos, y hoy por hoy el mejor regalo es tener una hermana como tú, mi geme.
Un abrazo grande ¡y feliz día de reyes!
:D

Nicole Sagan dijo...

Qué bueno, Raquel. Yo solo conocía la versión de los Reyes Magos de Oriente.
Me ha encantado saber las demás.
Me culturizas, amiga, que es un gusto.
Muchas gracias y feliz año, porque el día de reyes ha pasado ya.
Pues si te digo algo, a mi madre le gustaría más los regalos romanos que los de los reyes de oriente, pero como sabe la versión católica.....
Un gran abrazo, Raquel.
Carol.

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