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28 de noviembre de 2016



El 5 de enero de 1791 un joven de la escuela militar patinaba sobre el hielo junto con otros compañeros en el foso helado que circundaba el fuerte de Auxone. Cuando eran las cinco en punto de la tarde, el joven se quitó los patines mientras sus compañeros, que seguían patinando, le invitaban a continuar.
-No, son las cinco y me voy.
Así lo hizo, mientras el resto siguió patinando. Entonces, el hielo se rompió y los patinadores se ahogaron sin que nada pudiera hacerse por salvarles. El joven que había dejado de patinar unos momentos antes no era otro que Napoleón Bonaparte.

4 comentarios:

Ana Bohemia dijo...

Estaba escrito que no muriera ese día... tenía que convertirse en un personaje histórico muy importante.
:)

Carol Torrecilla García dijo...

Me dejas completamente helada, Raque, valga la redundancia. Está claro que las cosas pasan por alguna razón, aunque no las comprendamos del todo.
Abrazos.

Montse Martínez Ruiz dijo...

¡Qué curiosa anécdota! con ella queda demostrada la teoría de que nada ocurre por casualidad, hay un algo, llamado destino? que nos tiene preparada una misión en la vida. Desde luego la de Napoleón era un misión muy importante como para que se salvara de morir antes de las cinco de la tarde de aquel día.
Me encanta que nos cuentes estas cosas, Raquel.
Un beso enorme.

Raquel dijo...

Parece ser que sí, estaba escrito que ese no era su día, tenía que seguir viviendo mucho más.
Un beso :)

Jajaja y nunca mejor dicho eso de helada. Pues sí, es una cosa bastante curiosa y que da mucho qué pensar. Tenía un ángel de guarda.
Abrazos :)

Es algo extrañisimo, hay cosas que no tienen mucha explicación y parece que suceden por algo. Desde luego napoleón tenía que convertirse en lo que fue y por eso tenía que seguir viviendo.
Gracias Montse.
Un beso grande para tí :)

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