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26 de mayo de 2012

¡Qué vergüenza!

A mi querida abuela materna la quiero mucho pero gracias a ella pasé una de las mayores vergüenzas que recuerdo, sobre todo porque ocurrió cuando yo tenía esa edad extraña que son los once años.
Mi abuela me regaló un bonito pijama súper colorido, con los colores más estridentes y el estampado más epiléptico que pudo encontrar en la tienda. Lo malo es que al final  resultó que no era un pijama,  aunque que yo al verlo, ¡y para no verlo!, lo pensará. Aquel "no pijama" era “un conjunto para llevar por la calle”.
Era mi abuela, y mi abuela pensionista que con todas las fatiguitas del mundo quiso hacerme, hacernos a todos los hermanos, un regalo de Reyes. No tuve valor para decirle que no me gustaba, y aunque lo hubiera dicho, creo que hubiera dado igual. Ya pensaba arrimarlo y dejarlo ahí en al armario como quien no quiere la cosa, pero  mi madre se empeñó en que lo estrenáramos. Decir que los demás conjuntos de mis hermanos eran casi igual de horripilantes que el mío. Al final me lo puse y recuerdo ese día como el de mayor vergüenza de mi niñez. Yo notaba miradas raras de los sorprendidos transeúntes que nos veían llegar a un kilometro de distancia, y para colmo de males me topé con casi todos los compañeros de clase que disfrutaban de los últimos días de vacaciones, y que, como no, me miraron como si estuvieran viendo al payaso de Micolor; tampoco los culpo. Esa fue la primera y última vez que me lo puse… en la calle. Lo bueno es que al final resultó ser uno de los pijamas más cómodos que he tenido nunca.

Un conjunto para llevar por la calle... En  Carnaval ¿no?

6 comentarios:

Ligia dijo...

Es que con once años nos importa mucho lo que piensen los demás de nuestra indumentaria, yo lo entiendo, pero a medida que nos hacemos mayores nos importa un pepino...
Abrazos

Carol Torrecilla García dijo...

Hola Raquel. ¡No me podía creer lo que leía mientras te leía porque mi tía también me regaló un maravilloso y celeste CHÁNDAL-PIJAMA!!!!¡¡¡¡TAMBIÉN LO TUVE QUE ESTRENAR Y FINGÍ CON TODA MI ALMA QUE ME GUSTABA, Y PASÉ VERGÜENZA ESE DÍA, EN EL QUE TODOS ME GRITABAN: CARO HA SALIDO EN PIJAMA A LA CALLE!!!!!!
Me lo tuve que poner más veces, pero me fui acostumbrando. Hasta que un día mi madre cedió, y me dijo que lo dejara para estar en casa. ¡Cómo te comprendo!!! ¡De mi tía querida de Barcelona! Ainsssssssssssss, jajajaja
Abrazos, amiga y compañera.

Judith Bascones Lejter dijo...

todo eso da risa. es a.los 11 no le para a la vidad. que buena actitud. yo.recuerdo que odiaba ponerme vestidos y mi abuela me obligo a.ponerme uno rosado en una visita..con el tiempo.fui cambiando. pero en el momento como.me lo.jalabay no.sabia como sentarme en una silla. tiempos comicos que jo volveran. je..je

Prometeo dijo...

A quien no le ha pasado algo parecido,a buel ao tio o padrino ¡que mas da? es como ese regalo horrorosa que se tiene escondido pero cuando viene de visita la que lo reaglo hay que sacarlo del baul de los recuerdos y ponerlo, provisionalmente, en lugar preferente...no sea que se enfade...
un abarzo.

Ana dijo...

Verguenza por partida doble, jaja, porque el mío, mi fabulosos conjuntito era igual pero en verde.... ay geme, las dos paseando por la calle con eso encima, ¡pero que calentito era!
:DD

Raquel dijo...

Con once años es lo normal, estamos forjando nuestra identidad. Con los años deja de importarnos relativamente, aunque a algunas personas su indumentaria es lo más importante de cara a los demás. Aunque es verdad que la ropa puede hacernos sentir mejor con nosotros o peor.
Un abrazo Ligia.


Ay :))) creo que esto nos ha pasado a muchos. Esos horrorosos regalos bienintencionados son muy peligrosos. Tu saliste en pijama pero yo vestida como un payasito que es mucho más vergonzoso :)))
Un abrazo Carol ;)


Pues si Judith, luego con el tiempo lo recuerdas con una sonrisa pero mientras lo vives... ay, que mal se pasa.
Un abrazo, gracias por la visita :)


Pues sí, el mal gusto está muy extendido :)) Nos ha pasado y seguramente nos seguirá pasando.
Un abrazo Prometeo.


Era mucho peor el mío en naranja, donde va a parar ;)
Un beso Anita.

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