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17 de noviembre de 2012

Saul Bass, carteles de cine



Saul Bass fue uno de los  diseñadores gráficos más  reconocidos, tanto en su lugar de origen, Estados Unidos,  como fuera de sus fronteras. Fue  conocido por su trabajo en la industria cinematográfica y en el diseño de algunas de las identidades corporativas más importantes de Norteamérica.
En 1946 decidió mudarse a Los Ángeles, ciudad que le ofrecía mejores oportunidades de expandirse creativamente que Nueva York, ciudad en la que había trabajado hasta entonces y en la que se encontraba estancado. Esta decisión fue decisiva para su carrera.
Fue allí  cuando Otto Preminger le  dio la oportunidad  de diseñar el póster de su película “Carmen Jones”, y Otto, impresionado por su trabajo, le pidió que hiciera también los títulos de crédito. A partir de entonces Saul Bass diseñó infinidad de títulos para cientos de películas. Bass fue el diseñador habitual de Alfred Hitchcock. Su estilo sencillo, sus colores planos, sus formas geométricas y sus cuidadas tipografías crearon escuela.   



Con Hitchcock colaboró en el story board de la famosa escena de la ducha de Psicosis, aunque el director no lo reconoció. Saul Bass dirigió algunos cortometrajes, con "Why Man Creates ganó un Óscar un oscar en 1968, y en 1974 realizó una película como director, “Phase IV”.
Posteriormente volvió al diseño grafico comercial. Entre los más exitosos están los emblemas de AT&T, United Airlines, Minolta, Bell, y Warner Communications. Diseñó también el póster para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984.
En lo últimos años de su vida colaboró asiduamente con Martin Scorsese. Falleció 25 de abril de 1996 a los 75 años.

















15 de noviembre de 2012

En el vaho


Cuando llega el otoño la persona que soy cambia. Como una mariposa que regresa al capullo, como un pájaro que ya no se siente cómodo en la rama en la que ha anidado todo el verano y tiene que emigrar al sur.

Entonces esa nostalgia que siempre está en mí, pegada a mis zapatos, me envuelve como niebla, y me siento desdibujada, y cuando me miro al espejo hay un gran borrón y  mucho vaho en mis retinas. El gris se mezcla con el marrón de mis ojos,  y el sol se exilia de mi armario.
Me visto de otoño, y entierro en un cajón las gafas de cristales rosas que han dejado de funcionar. La persona que soy se hace pequeña, pequeñita bajo el peso de la lana y las mantas que no palian mi frío. Y me doy cuenta que me cuesta sonreír. Estoy hosca, huraña, y mi corazón palpita demasiado rápido las noches que paso en vela.
Me da entonces por pensar en ti, que nunca me diste una oportunidad, y en ti, que no respondiste a mi ofrecimiento, o en ti, que borras huellas y rastros, o en ti, que pareces tan indiferente, o en ti, que nunca estás cuando te busco, cuando te necesito, y  en todas esas partes de ti que no comprendo, que me hacen sentir mal.
Y pienso en mí, en mis “yos”, en mis trajes de invierno, primavera y verano, y en el que llevo puesto como un uniforme de penitenciaria. En todas las “yos” que despiertan del letargo cada tres meses, y en la forma que, de un día para otro, se van sin dejar rastro.
 Me da por pensar en futuros cogidos con imperdibles, y en pasados grapados a los pulmones, a los pulmones y no al corazón. Será por eso que a veces me quedo sin aliento. Me da por pensar si algún yo misma seré capaz de unir todas esas piezas de mi para verme entera.

12 de noviembre de 2012


Durante mucho tiempo se creyó que la siguiente historia sobre Chaplin era falsa, una leyenda urbana como tantas otras sobre personajes célebres que corren por la red, pero al parecer lo que se creía un bulo ha resultado ser cierto.
En los primeros años del siglo XX Charles Chaplin alcanzó una gran popularidad gracias al entrañable personaje del bombín y el bastón.  Tenía tantos imitadores que recorrían los circos y los teatros que se creó un concurso nacional para encontrar al mejor de todos ellos.
En una ocasión, en 1915, cuando Chaplin estaba en la cima de su éxito, se celebró uno de estos concursos en la bella ciudad de San Francisco, pero para enfado del propio Chaplin éste no fue invitado a participar en el mismo aunque se encontraba en la ciudad en ese momento, así que ni corto ni perezoso decidió presentarse por su cuenta con la sana intención de divertirse un rato. Pero… ni siquiera consiguió clasificarse entre los tres mejores. De hecho su participación fue desastrosa. No pasó de la primera ronda y los jueces le dieron una de las peores calificaciones de su tanda. El jurado decidió que Chaplin no era suficientemente bueno imitando a Chaplin y el premio le fue otorgado a un hombre  llamado Milton Berle.
Esto debió ser un palo muy grande para el actor porque la anécdota no se supo hasta años después de su muerte.

9 de noviembre de 2012

Extra Cine XXXIV



El legado de Bourne

Aaron Cross es creado por el programa Outcome. Los agentes de este programa no han sido diseñados para asesinar, sino para funcionar en solitario en misiones altamente arriesgadas, sin embargo el programa Outcome se convierte en un peligro cuando la historia de Bourne pasa al dominio público.

“El legado de Bourne” aprovecha el tirón de la trilogía protagonizada por Matt Damon para contarnos una historia innecesaria y confusa, que no aporta nada a la trilogía original pero que tampoco le resta. Personalmente me aburrió bastante, a pesar de que las películas anteriores me habían gustado, sobre todo "El caso de Bourne"; una notable película de espías con la dosis justa de  intriga y acción.
Pero el problema de “El legado de Bourne” es que la trama se desarrolla paralelamente con “El ultimátum de Bourne” (la última película de la saga estrenada en 2007), y todo lo que sucede es enrevesado, principalmente porque para entender ésta hay que tener presente aquella, y el problema es que han pasado muchos años para tener fresco su argumento.
Algunas de las escenas, sobre todo las del principio, no tienen mucha conexión entre sí, lo que produce una sensación de vaguedad; hace que desconectes de lo que pasa porque no lo entiendes. Y cuando todo parece ponerse en marcha la película acaba abruptamente, dando la sensación de que ha dejado casi todos los cabos sin cerrar, como suele pasar hoy en día, para sacarse de la manga una posible continuación que los cierre.
Jeremy Renner es el sustituto de Matt Damon y aunque hace lo que puede su personaje no tiene tantos matices como el de su predecesor aunque en la parte física le supera ampliamente. El personaje de Rachel Weisz tampoco brilla por su originalidad, hace de científica con bata en apuros en un rol repetido mil veces.
Las escenas de acción son escasas y no tan espectaculares como las vistas anteriormente en la saga, pero tiene sus dosis de fantasmadas para los amantes del género que buscan  este tipo de acción increíble.
En definitiva, me ha parecido una película fallida y lenta por su pobre guión, demasiado flojo como para alargarlo las dos horas que dura la cinta. 4,2


Los mercenarios 2

Barney Ross (Sylvester Stallone) y su equipo se vuelven a unir cuando el señor Church (Bruce Willis) los recluta para encargarse de un trabajo aparentemente sencillo. Sin embargo, pese a parecer dinero fácil, las cosas se tuercen y uno de sus miembros es brutalmente asesinado, lo que impulsa al resto de sus compañeros a buscar venganza. El equipo, empeñado en desquitarse, va dejando un rastro de destrucción a su paso entre las fuerzas enemigas, sembrando el caos, para acabar encontrando una amenaza inesperada: cinco toneladas de plutonio apto para uso militar, una cantidad más que suficiente para cambiar el equilibrio de poder en el mundo. Aunque eso no es nada comparado con la justicia que van a imponer al vil adversario que asesinó despiadadamente a su camarada. Y todo ello hecho al inimitable estilo de los mercenarios…

Músculos, tiros, sangre, cameos divertidos y machadas varias. Con estas palabras podemos describir lo que es “Los mercenarios 2”, una película con la que es absolutamente imposible aburrirse. Sus poco más de 100 minutos de metraje pasan en un suspiro entre fantasmada y fantasmada, disparos a tutiplén, explosiones a mansalva y salpicaduras de sangre. Da igual que al final lo que cuenta la película sea más de lo mismo, una historia de venganza en la que al final el malo malísimo se  enfrenta al héroe de la función, interpretado (es un decir) por Stallone, recauchutado para la ocasión y con boina y perilla molona. Da igual que lo que cuente no sea nada nuevo porque cumple con su cometido de entretener sin más, siendo consciente de que su principal reclamo es volver a ver  juntos y revueltos en la pantalla a los grandes de las pelis de acción; todos ellos bastante cascados por el botox  y la edad que no pasa en balde, pero casi en plena forma.
Si creciste viendo al Stallone, al Chuache y a Van Damme repartiendo estopa sin duda la disfrutarás. Atención a la aparición de Chuck Norris, memorable. Pero si tu caso es el contrario esta película te parecerá una tomadura de pelo sin más.  5


Eternamente comprometidos

En “Eternamente comprometidos” conoceremos la historia de Tom y Violet, una pareja de prometidos a los que en principio debería quedarles poco para ser felices y comer perdices, pero a los que sin embargo, quizá por cosas del destino o porque en realidad no están hechos el uno para el otro, a cada momento les surge un nuevo problema que obliga a retrasar la fecha de la boda.

El tráiler  me había llevado a engaño. Creía que iba a ver una película muy tonta, frívola y bastante superficial, y me había preparado para ello, pero al final la película me sorprendió para bien. Fresca, muy divertida, algo chorra pero más profunda de lo que parecía al principio. Quizás la única pega que le pongo es que dura mucho, pero muy disfrutable para esos momentos en que necesitas relajarte y reír sanamente con una historia que  no es original aunque aquí está contada de una forma un tanto diferente.
Jason Segel y Emily Blunt que interpretan a los protagonistas demuestran tener  mucha química.
Como curiosidad resaltar que fue el propio Jason Segel quien escribió el guión junto con el director Nicholas Stoller.
Atención también a la versión que se marca uno de los personajes secundarios de la ranchera “Cucurrucucú paloma”, para partirse de risa. 6



Moonrise Kingdom

La historia de “Moonrise kingdom” está ambientada en una isla de la costa de Nueva Inglaterra en el verano de 1965 y cuenta la historia de una chica y un chico de doce años que se enamoran, hacen un pacto secreto y se escapan a terrenos selváticos e inexplorados. Cuando varias autoridades intentan perseguirles, se forma una violenta tormenta en la costa… y la comunidad de la pacífica isla se verá trastornada irremediablemente.

Moonrise Kingdom no se parece a nada que haya visto recientemente. Ni por asomo.  Después de tantos “hipe”, “remakes”, “súper taquillazos fiasco” algo diferente…  diferente y en cierta manera muy extraño.
Si esta película la viera una fashionista cursi y naif con blog copiaría sus estilismos, colgaría sus fotogramas con bonitas leyendas al pie de las mismas, la convertiría inmediatamente en una de esas películas imprescindibles, de culto. Sin embargo para cualquier mindundi alejado de esa tendencia ñoña le resultaría algo así como un anuncio del Ikea alargado.
Me encantó su fotografía, sus imágenes, los personajes, su estética, su aire de cuentos de hadas, pero para mi fue inevitable pensar en la tienda sueca. Tiene ese aire nórdico de chimeneas encendidas, alfombras peludas, cocinas luminosas, adornos de cuerno de arce colgados en la pared y botas de agua apoyadas en una desgastada puerta roja de madera. Un aire vintage y sesentero, surrealista, muy soñador. Moonrise Kingdom es una película cuidada, colorida, sorprendente, como aire frío en un día de calor abrasador. Pero es tan extraña…  quizás sea ese su mejor atributo, ese y que visualmente es una obra de arte. Porque cada uno de sus fotogramas son pequeñas postales. Además sus dos protagonistas bordan sus personajes. Pero no así los demás secundarios, cuyos roles son más anecdóticos que otra cosa; lástima por Bill Murray, Bruce Willis y Frances McDormand.
Preciosa banda sonora de Alexandre Desplat.

Te gustará si estás harta de las típicas propuestas que nos vienen de Hollywood. 6,5


7 de noviembre de 2012

¡La leche!



Cuando por un casual a mi conductos olfativos llega el olor de la leche muy caliente mi memoria se activa y entonces parece como si en el suelo se abriera una compuerta que me llevara directamente, como un tobogán por el que me deslizara, a una época pasada, a un momento determinado de mi infancia, cuando sentada tras la enorme mesa del comedor donde hacía los deberes del colegio mi madre unas veces, mi abuela otras, colocaban delante de mi un enorme tazón de espumosa leche para que merendara.
La leche, en concreto su olor, activa mis recuerdos. En casa, cuando yo era pequeña, la leche la preparaba mi abuela en un caldero enorme, el que usaba para los potajes. Era leche en polvo y recuerdo la marca, Lita. Venía en un paquete enorme con el dibujo de una enfermera sonriente, aunque su expresión, ahora que lo pienso, daba un poco de miedo.

Mi abuela cogía un cacito y contaba las medidas; una por papá, otra por mamá, otra por ella, otra por mi y  otra por cada uno de mis cuatro hermanos, repitiendo hasta llegar a veinte o así. Después se llenaba de agua el cazo y se dejaba al fuego, y siempre, siempre, siempre, da igual que estuviera alguien al tanto, siempre se salía. La espuma se desbordaba y se manchaban los fogones y mi abuelita se lamentaba porque la leche quemada dejaba un olor característico que a mi, personalmente, no me disgustaba tanto. Algunas veces yo y mis hermanos nos llenábamos una cuchara de la leche en polvo de aquella bolsa y nos las comíamos así, mordisqueando aquel polvillo que formaba una pasta dulce en nuestra boca. Aquella leche tenía un sabor que no he vuelto a saborear, o quizás  sabía diferente porque  esa leche llegaba a hervir.  Mi abuela nunca se acostumbró a calentar la leche en el microondas, y tengo que reconocer que la leche calentada al fuego sabe mejor, mucho mejor.  
En casa siempre había una lata de leche condensada en la nevera, con un sombrerito de papel de platina protegiendo su contenido. A mi no me gustaba tanto esa leche, era demasiado dulce y te dejaba los dientes doloridos y flojos, yo prefería la leche en polvo, y ahora que lo pienso, parece que fuera el  único alimento que saboreaba con gusto. La leche nunca faltaba en nuestra dieta diaria, no un vasito, unos tazones en lo que podías nadar, y después de más mayores unas jarras enormes de cerveza llenas hasta arriba, dos o tres veces al día. Que no fuera por leche, que eso es bueno para los huesos y en edad de crecimiento es lo mejor, debía pensar mi abuela.  Y tenía razón, gracias a aquella leche crecimos mucho.
Hay días, como hoy, que un olor me hace recordar no sólo un tiempo que ya pasó, sino a las personas que lo compartieron conmigo. En estos recuerdos está mi abuela, y  es como si volviera a tenerla a mi lado, como si pudiera escuchar su voz desde la cocina llamándome para ir a comer. Hay días que algo tan simple como un olor efectúa un milagro, el de traer de vuelta a los que ya se fueron.

4 de noviembre de 2012



Gracias a su impresionante belleza, el colorido parque Hitachi Seaside se ha convertido en un atractivo turístico.  




Situado en Hitachinaka, prefectura de Ibaraki en Japón, su nombre “Hitachi” traducido del japonés significa amanecer.




Emplazado en una colina con vista panorámica hacia el mar cuenta con un total de 120 hectáreas aunque esta previsto ampliarlo a 350 hectáreas. No hace mucho tiempo este sitio fue una base militar de EE.UU., cuyas tierras se transfirieron al Gobierno del Japón en 1973.




Hitachi Seaside Park es un espectáculo que cambia de color a cada momento del año en función de las estaciones y las floraciones.




Por ejemplo, en la primavera, nadie debería perderse la floración de las nemophilas azules que tapizan gran parte del parque con sus millones de flores. Pero además, hay por ejemplo 170 variedades de tulipanes, narcisos, amapolas, lirios, senderos para bicicletas, exposiciones, y actividades.




El parque está sembrado con parcelas enteras de diferentes colores especialmente diseñado para pasear.




El Hitachi Seaside tiene un festival anual de la flor, llamado "Armonía nemofila”, cuando los 4,5 millones de flores llamadas nemofily florecen las colinas se tiñen de azul.




En 2011 fue devastado por el tsunami ocurrido en Japón. Actualmente ha sido restaurado y luce en todo su esplendor.

31 de octubre de 2012

5 lugares para "NO" perderse (otra vez)


A plena luz del día el aspecto de esta casa no te hace presentir los oscuros acontecimientos que encierran sus paredes… o quizá lo que ocurre es que has pasado por alto esa lúgubre sensación que parece adherida a la propiedad, un sentimiento gris que se extiende con frío por tus venas, que te susurra secretos, que te acompaña desde el mismo momento en que las puertas de la solitaria mansión se abren. ¿Piensas que aquí encontrarás la paz y la tranquilidad que estas ansiando? Posiblemente sí… si esta no fuese una mansión encantada. Eso tú no lo sabes, ¡claro!, sin embargo estas pasando por alto todas las alertas, los presentimientos, las sensaciones, y te están hablando pero no lo oyes.
¿Qué quiere decirte la casa?, ¿o no es la casa la que quiere hablarte? Pero… si la casa lleva doce años deshabitada, ¿quién susurra en el piso superior?, ¿quién azota las puertas?, ¿quién remueve los cimientos con esos terribles ruidos?, ¿qué hay en ese extraño y olvidado desván secreto?
Qué hay… o mejor dicho ¿quién te observa desde el tenebroso final de la escalera?
Al final de la escalera (1979) está considerada como una de las películas de terror más efectivas jamás hechas. Posiblemente se deba a que concentra todos los elementos del género: una mansión cuya única visión ya despierta nuestros temores, una sesión espiritista, sueños premonitorios, un niño fantasma, un porstelgeist juguetón, incluso un tétrico pozo convertido en improvisada tumba, secretos, intereses, llamas infernales, música descacharrante y hasta un asesinato que debe ser resuelto…
Al parecer la película se basa en unos hipotéticos sucesos reales que tuvieron lugar en Denver, Colorado, en una mansión conocida por el nombre de Chessman Park.
Como curiosidad te diré que algunas escenas de “Tesis” y “Los otros” de Alejando Amenábar están basados en esta película ya que es una de las pelís de terror favoritas del director.

Hay un largo camino ante ti, apenas un desdibujado sendero que discurre entre la niebla. Pero no importa, avanzas como un duende a través de pedregosos obstáculos para llegar a ella, a la aislada mansión de Thornfield House, lugar que esperas será tu hogar por algún tiempo, el que requiera tu trabajo como institutriz. No lo esperas pero tu corazón se siente inquieto, ¡cuántas expectativas! Entonces la niebla se disipa y la adivinas a los lejos. Hay una belleza formal, incontestable, una atmósfera sosegada que envuelve la casa y que sólo pretende reflejar tus deseos. ¿Allí encontrarás la felicidad?, ¿una pizca al menos?, ¿o tendrás que seguir poniendo a prueba tu innata resistencia?
El ama de llaves te recibe y por primera vez, en silencio y sobrecogida, recorres la extraña mansión. Entonces algo te paraliza… ¿Y esa risa?, ¿esa terrible, trágica y sobrenatural risa de donde viene y por qué parece repleta de locura? Nadie le da importancia, nadie sabe nada, todo son secretos. Los gritos se vuelven anónimos, el misterio un hermético cofre resguardado bajo siete llaves, todo ha de ser ignorado, todo ha de ser pasado por alto, pero algo, alguien vive en la mansión. Alguien que furtivamente se escapa, alguien que rasguña en tu puerta como un animal hambriento, un animal que es capaz de morder, de apuñalar, de invocar al fuego, de incendiar la propiedad, alguien que es capaz de reducirla a ruinas, alguien que hará, ¡sí!, que te desmayes de terror.
Thornfield Hall no existe… salvo en la imaginación.
Si has leído Jane Eyre de Charlotte Brontë sabrás que este es el hogar del acaudalado y frío Edward Rochester. Además es uno de los escenarios principales de la novela, el lugar donde gran parte de la acción se desarrolla.
La autora lo representó como un lugar casi gótico, sombrío, una mansión aislada, de tamaño no especificado, con numerosas habitaciones vacías. Estancias lóbregas que amplifican la sensación de agobio, depresión y malestar. Por el contrario, los terrenos circundantes a Thornfield son sublimes y saludables, y sirven como telón de fondo de muchas de las escenas más felices de la historia.


Ha sido un error acompañar a tus amigos hasta ese pueblo perdido en medio de ¿dónde? ¿Ambrose se llama el sitio? Pero ya es tarde, estás atrapado, apresado en aquel infesto lugar. Por supuesto el coche no arranca y ni llegan ni salen autobuses a aquel sitio maldito. Y ¿sabes?, sólo hay una cosa que se pueda hacer en Ambrose: visitar el famoso museo, la principal atracción de la ciudad, la Casa de Cera de Trudy.
En fin, un consejo, que no te espante su aspecto o espántate si quieres… aunque es mucho peor su olor. ¿A que huele? Puag, mejor será que no lo sepas. Ah, y cuidado con el suelo, está pegajoso, parece que allí no se limpia desde cuándo. Sin embargo, ¿qué importa? Pronto descubrirás que eso no es lo más importante… ¿Esa escultura de cera te acaba de mirar?, ¿te ha suplicado con los ojos en un mudo grito o lo acabas de imaginar?, ¿y por qué parece tan real? Oh, oh…
Horrorizado descubrirás la verdadera razón de esa inquietante semejanza pero para entonces ya no habrá escapatoria, huye si no quieres derretirte de horror, sal por patas cuanto antes o acabarás convertido en la última estatua del tenebroso museo.

"La casa de cera" (2005) es el remake de la película de 1953 que lleva el mismo nombre. Esta nueva versión destaca sobre todo por sus inolvidables actuaciones, especialmente por una Paris Hilton muy inspirada. El departamento de producción construyó completamente el pueblo de Ambrose en un campo detrás de los estudios de la Warner Bros. de Australia. El diseño del pueblo fue copiado de una localidad de Etiopía construida por italianos. Durante el rodaje, algunos decorados se quemaron, incidente por el que fueron fuertemente demandados. Una gran negligencia fue no tener bomberos preparados habiendo madera cercana al fuego pues el incendio destruyó algunos decorados de los estudios de la Warner Bros. Movie World.


Y allí, surgiendo como una aparición surge ante tus impresionados ojos la esplendorosa mansión que va a ser tu hogar, Manderley. Las nubes se han abierto, por fin ha dejado de llover, y aunque el aire conserva aún la densidad opresora de la tormenta un tibio sol parece reverberar en todas las ventanas. La casa entera brilla como un diamante. Y sin embargo no puedes deshacerte de esa sensación punzante. ¿Miedo? Estás tan asustada… que todos lo notan, todos aquellos sirvientes que te miran con curiosidad, y también, es lo que a ti te parece, con un mudo reproche. Tu misma te avergüenzas de tu simpleza, de tus ropas sosas, de tu peinado lacio, de tu torpeza social. ¿Cómo vas a competir con el recuerdo de ella, de Rebecca? Y el mar, siempre el mar, el mar ciñendo la casa, el mar golpeando con fuerza la playa cercana, incesantemente, siempre incesantemente. Nunca habrías creído llegar a aborrecer aquel sonido. Y ella, esa sombra negra cerniéndose sobre ti, acechándote, vigilándote con sus fríos y despóticos ojos. Esa mujer, esa sombra cuidando el recuerdo de otra sombra,  esa mujer que se empeña en recordarte que no eres ella, que nunca serás ella…

Rebecca fue la primera película de Alfred Hitchcock en su etapa americana. Un proyecto que le trajo más de un dolor de cabeza con el productor David O. Selznick, quien deseaba hacer una adaptación lo más fiel posible al la novela de Daphne du Maurier en oposición a lo que opinaba Hitchcock quien deseaba hacer una versión más libre.  “Ayer soñé que volvía a Manderley”, es una de las frases más populares de la literatura y el cine. Manderley  es el lugar donde habitan las pesadillas de la segunda señora de Winter. Un caserón enorme, opresivo y desangelado, donde la presencia de Rebecca, presidida por un enorme cuadro de la difunta dueña de la casa, lo llena todo.
Para construir los escenarios de la casa se tomó como inspiración la mansión de "Xanadú", de "Ciudadano Kane”.


Por fuera parece un viejo edificio más, pero tu intuyes que bajo la cascada fachada ennegrecida por el paso del tiempo hay algo más. Lo respiras. Flota en el aire. Una nota putrefacta, un matiz acre que se cuela por los conductos de tu nariz para ir a clavarse en algún punto de tu cerebro. Llueve, y la lluvia parece diluir tu aprensión. Nadie te dijo que la vida de una reportera fuera tan dura.  Ojala pudieras ver la vida a través del visor de la cámara de tu compañero, seguramente no te sentirías tan asustada por las noticias que  llegan a tus oídos, tan expuesta allí de pie.  Unos gritos en la noche han despertado a todo el edificio. Querías un poco de emoción para tu reportaje, pero ahora, ahora que estás ahí, acompañando a aquellos bomberos a la puerta de aquel edificio,  no te sientes tan segura. Y entonces, antes de que puedas darte cuenta, o siquiera reaccionar, todo se desencadena. El horror, la sangre, la ira,  donde ya no hay escapatoria. Ahora la noche, atrapada en aquel edificio puesto en cuarentena, te parece un pozo negro al que caes sin poder asirte a nada.  ¿Saldrás con vida? te preguntas agónicamente, mientras corres hacía la nada, hacia la profundidad abisal que, no te habías dado cuenta antes, parece estar repleta de monstruos.

Rec fue un éxito en el momento de su estreno allá en 2007.  El rodaje de la película se hizo bajo un manto de secretismo,  ni siquiera los actores conocían el final de la historia. Para recrear la atmósfera y dotarla de mayor realismo se grabaron las escenas usando cámaras digitales y móviles de última generación. Además los actores debían improvisar  todo el tiempo. Rec consiguió colarse en el top 100 de las películas mas taquilleras fuera de Estados Unidos, recaudando más de 33 millones de dólares.
Si quieres darte una vueltita por este peculiar edificio puedes hacerlo si vives en Barcelona, donde fue grabada enteramente la película, sólo tendrías que acercarte a la Rambla de la Catalunya No.34 para verlo con tus propios ojos.

28 de octubre de 2012

El fabricante de monstruos, Ray Harryhausen

¿Te gusta el cine fantástico o de aventuras de los años dorados de Hollywood?

Entonces apostaría a que conoces el trabajo de este gran genio…


Un cíclope merendándose a un marinero, un irreal buitre gigante, el inolvidable búho metálico Bubo, un neanderthal peleando con un centauro-cíclope, la Medusa, el Pegaso, el Kraken, el monstruo Mir escalando el coliseo... Estas son algunas de las maravillosas criaturas y seres que conforman el zoo particular de este mago  del cine.

Podríamos calificar a Ray Harryhausen (1920) como un artesano de los efectos especiales, como un "creador de monstruos", pero sobre todo como uno de los mayores profesionales de efectos especiales de la historia del cine.
Maestro por excelencia de la técnica stop-motion (simular movimiento mediante la presentación sucesiva y regular de una serie de instantáneas) sus trabajos dan una idea de la monstruosidad de su talento, dotado de un aura sugerentemente épico y sorprendente, que digan lo que digan no ha envejecido tan mal como algunos piensan.

Ray Harryhousen tenía 13 años cuando quedó impactado, fascinado por los efectos de la película de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack "King Kong" (1933). Y supo, con toda la certeza, que a eso quería dedicarse, quería ser técnico de efectos especiales. Comprendió enseguida que dentro del gorila no se encontraba ningún actor que le diera vida, sino que se trataba de un pequeño muñeco con un esqueleto metálico recubierto de látex, espuma y pelo. Aquello le maravilló. Pronto aprendió que para crear una animación de estas características de 5 segundos, a 24 imágenes por segundo, se necesitaba rodar 24x5=210 posiciones diferentes. Un enorme esfuerzo para un resultado fascinante.
El trabajo de Ray partía de dibujos preparatorios. También se encargaba del storyboard. Todas sus creaciones tenían una armadura articulada (un simple esqueleto) que permitía hacerlos más creíbles.
Algunos de sus más notables trabajos son: “El gran gorila” en 1949 (junto a Willis O'Brien, película que obtuvo un Óscar a los mejores efectos visuales), “Simbad y la princesa” en 1958 (su primera película en color), “Jason y los argonautas” en 1963 y “Furia de titanes” en 1981. Películas que conservan ese aire divertido, encantador, rudimentario, con ese toque casero de cartón piedra que nos llama tanto la atención.

Aunque el mundo del cine, su entretenimiento o la manera de sorprender han cambiado muchísimo a lo largo de los años, y –no podemos negarlo- aunque a día de hoy sus criaturas fantásticas no nos provocarían ni un triste hipo de espanto hay que valorar su ingenio y la fuerza de sus creaciones. Porque sin duda el cine fantástico no sería ni de lejos lo que fue sin su enorme aportación: maquetas, diseños, dibujos, sobreimpresiones, muñecos articulados… Una magia obsoleta que se ha ido perdiendo gradualmente, apagada ya por la fría perfección de los efectos digitales.



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