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12 de abril de 2017
























El químico sueco Carl Scheele inventó en la primera mitad del siglo XIX un tinte que se utilizó indiscriminadamente para teñir ropas, forros de muebles, juguetes, cuadros, y especialmente se usó en un papel pintado muy de moda en la época victoriana, el verde “Scheele” o arsenito ácido de cobre (CuHAsO3), sintetizado por primera vez en 1775. Este tinte contenía un peligroso elemento de la tabla periódica, el número 33, arsénico,  y fue el responsable de la muerte de miles de personas, incluyendo al mismísimo Napoleón en su exilio en Santa Elena.



Hasta entonces el verde se extraía de la malaquita pero este nuevo pigmento era mucho más llamativo y brillante y encandiló a pintores y artistas de la época. El verde esmeralda o verde París fue un intento posterior de mejorar la mezcla consiguiendo un verde más duradero sin tanta tendencia a oscurecerse. En la época victoriana este verde causaba furor y su uso, en los papeles pintados que decoraban muchas estancias, estaba muy extendido.
La humedad de Gran Bretaña propiciaba la aparición de un peligroso hongo, haciendo que el arsénico del papel se vaporizaba de manera imperceptible. En la década de 1860, podía leerse en el The Times de Londres: “No era infrecuente que los niños que dormían en un cuarto empapelado de ese modo murieran envenenados con arsénico.”



Ya en 1822 el químico alemán Justus von Lieibig había avisado sobre los peligros y publicó un informe sobre su composición y síntesis, que anteriormente había sido un secreto industrial celosamente guardado por el fabricante.
En 1879 la reina Victoria, debido a la repentina enfermedad de un dignatario visitante al pernoctar en un salón verde esmeralda, ordenó arrancar todo el papel verde y los tapices de las paredes del palacio de Buckingham.
Pero tanta era la locura por este verde y tantas las muertes que causaba, que en los periódicos de la época se empezaron a caricaturizar imágenes de esqueletos luciendo trajes verde esmeralda ante el peligro que representaba para mujeres y hombres estar cerca de una prenda o cualquier cosa de este color, pues hasta el movimiento más suave podía enviar una "nube de polvo venenoso".



La amenaza de los vestidos fue tan grande que el químico Henry Letheby desarrolló una sencilla prueba para que las damas pudieran identificarlo en su ropa. Si al verter una gota de amoniaco sobre la tela esta se volvía azul.

Finalmente, el uso de este pigmento fue abandonado cuando se comprobó el peligro que representaba de morir prematuramente. Pero incluso con evidencia científica de su naturaleza altamente tóxica, la producción del verde esmeralda no fue prohibida hasta la década de 1960.

Este vestido, de origen francés, datado entre 1860-1865, el vestido dos piezas en tul de seda de 1865 y las "Adelaidas" en satén verde de 1840 dieron positivo en arsénico. El primer vestido y las "adelaidas" están actualmente en la exposición "Fashion Victims: Los Placeres y peligros del vestido en el siglo XIX" del Bata Shoe Museum de Toronto.


2 comentarios:

Carol Torrecilla García dijo...

¡Qué interesante, Raquel!¡Jamás lo habría imaginado!!
Me gusta mucho haber aprendido esto. Gracias, amiga.

Ana Bohemia dijo...

Lo que mas miedo da es lo del secreto industrial que casi siempre es la tapadera para todo lo dañino y perjudicial para el ser humano.
Me ha resultado muy interesante, arsénico en la pintura, un verde venenoso que por otra parte a mí me parece algo hortera y oscuro, jaja.
Un besote Raque
:D

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