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2 de mayo de 2015




Es una de las cuevas más grandes del mundo pero se mantuvo oculta en la profundidad de los bosques del Parque Nacional Phong Nha Ke Bang, Vietnan, hasta 1991.


Cuenta la historia de la Cueva Son Doong que “un granjero local, Ho Khanh, caminaba por un frondoso tramo en el corazón del parque nacional, un lugar por el que había pasado muchas veces antes, por lo que no iba prestando mucha atención, cuando de repente el suelo de la selva se abrió bajo sus pies. Cuando logró recuperarse de la impresión, miró hacia el enorme abismo que había aparecido entre la densa vegetación y vio la profunda caída frente a él. Por pura casualidad -y suerte- descubrió una entrada que permaneció oculta durante millones de años a la cueva más enorme del mundo (cinco veces más grande que la registrada hasta ese momento)”.





No fue hasta unas dos décadas después de que el granjero descubriera la cueva, que el resto del mundo supo de ella cuando un grupo de científicos la exploró por primera vez el 2009: “El gran precipicio para descender, junto al fuerte silbido del viento y los rugidos de la corriente del río que se escuchaban desde la entrada, habían impedido a la gente del lugar entrar a la cueva anteriormente”.






Son Doong fue nombrada con las palabras vietnamitas para “río de montaña”, ya que en su interior cuenta con su propio gran río caudaloso. También tiene su propia selva -que los exploradores llamaron “Jardín del Edam”- y algunas de las estalagmitas más altas del mundo (70 metros de altura).





Los exploradores Howard y Deb Limbert tardaron un año en alcanzar el final del túnel de la cueva, después de que la expedición se viese detenida por una gran pared de 60 metros de altura, también conocida como “La Gran Muralla de Vietnam”. Al otro lado del muro, encontraron una extensión de perlas de cueva del tamaño de pelotas de beisbol.





Se cree que la cueva se formó hace más de dos millones de años. No es de extrañar que tan remota cueva, un mundo perdido al estilo de Julio Verne, haya desarrollado su propio clima. La presencia de carbonato de calcio es la evidencia de que la cueva ha producido sus propias nubes de lluvia, y ha experimentado años húmedos y secos a través del tiempo.





En 2013, el primer grupo de turistas aventureros que exploró la cueva, lo hizo a través de un tour guiado que costó 3000 dólares por persona.








4 comentarios:

Ana Bohemia dijo...

Muy interesante, un descubrimiento reciente porque fue en 2009 cuando empezaron a explorarla. Me ha resultado muy curioso lo de las perlas gigantes y que la cueva produjese su propio clima, sus nubes y sus estaciones, es impresionante, digno de una novela de Julio Verne.
:D

amparo puig dijo...

Qué entrada más interesante. No conocía la existencia de esta cueva pero al verla me reafirmo en el convencimiento ode que la Tierra es un planeta precioso que nos empeñamos en destrozar una y otra vez. Impresionante belleza escondida a nuestros ojos.

Alí Reyes dijo...

Si el señor que la descubrió por casualidad, hubiese caído allí...¡No quiero ni pensarlo!
Saludos desde Venezuela

Carol Torrecilla García dijo...

Maravilloso, Raquel. ¡Quién pudiera viajar allá donde quisiera!!!
Imagina descubrir algo así.... Debe ser impresionante.
Entre Ana y tú me volvéis loquita con vuestras leyendas, lugares exóticos y demás. Quiero viajar por todo el mundo y dar la vuelta en mucho más que ochenta días.
Besos, amiga.
Carol

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