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3 de febrero de 2009

SALA
DE
LECTURA




* Marina (Carlos Ruíz Zafón)


* Las luces de septiembre (Carlos Ruíz Zafón)



"Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió. Pasaría una eternidad antes de que comprendiese aquellas palabras".
Óscar Drai se marchó huyendo de sus recuerdos, pensando ingenuamente que, si ponía suficiente distancia, las voces de su pasado se acallarían para siempre. Ahora ha regresado a su ciudad, Barcelona, para conjurar sus fantasmas y enfrentarse a su memoria. La macabra aventura que le marcó en su juventud, el terror y la locura rodearon, curiosamente, la más bella historia de amor.



“Marina” fue el primer libro de Carlos Ruiz Zafón que leí, hace un par de años. Me gustó bastante en su momento.
Las descripciones, terroríficas en algunos pasajes y preciosistas en otros, son mágicas y perduran en la retina como una marca de agua; creo que no me equivoco al decir que se han convertido en su sello más personal y en su punto fuerte.
También creo que “Marina” es la historia más creíble que ha escrito este autor, dentro de lo creíbles que pueden resultar sus historias. Al menos me conmovió profundamente la historia de amor y me inquietó la historia siniestra, de las dos historias en que esta dividida la novela. No aporto nada nuevo si señalo que “Marina” es la suma de todos sus libros anteriores y el claro boceto de “La sombra del viento”. En este libro se repiten los mismos elementos ya utilizados en su obra. Si algo se le puede reprochar a Zafón es que es recurrente: jóvenes; una historia del pasado; una búsqueda; un malo muy cinematográfico; fuego; y mucha niebla.
Lo que más chirría de Zafón es la forma ampulosa en que hablan entre si algunos de sus personajes, con mucha teatralidad. Sin duda su prosa gana cuando se olvida de ser tan correcto y tan rimbombante.
Un libro ameno, que se lee del tirón.


Cuando Simone Sauvelle, madre de Irene y Dorian, acepta una oferta de trabajo como ama de llaves en un pequeño pueblo de la costa de Normandía, ella comienza a creer que por fin, tras la muerte de su esposo, le sonríe la fortuna. Junto a sus hijos queda fascinada por Cravenmoore, la maravillosa finca donde se instalan, y por su propietario, Lazarus Jann, inventor y fabricante de juguetes y autómatas que cuida con veneración de Alexandra, su esposa. En Bahía Azul Irene entablará amistad con Hannah, la cocinera del castillo, y se enamorará de su primo Ismael, un joven pescador, solitario y apasionado por el mundo de la navegación que le hará descubrir los misterios de la isla del faro abandonado. Pero muy pronto una sombra llena de odio y venganza regresará del pasado para recuperar aquello que fue suyo y para impedir que Lazarus y los Sauvelle puedan vivir plenamente el amor y la felicidad.

Lo malo de no llevar un orden cronológico con las obras de Zafón es que puede decepcionarte. “Las luces de Septiembre” es la segunda novela que escribió allá por 1995, pero ha sido la última de sus obras que me he leído. Junto a “El príncipe de la niebla” y “El palacio de la medianoche” conforman “La trilogía de la Niebla”.
Esta segunda novela, de su etapa juvenil, no aporta nada nuevo al universo neblinoso de Zafón; un malo de ciencia ficción, dos historias separadas cronológicamente pero entrelazadas, amor adolescente... Una ecuación explotada anterior y posteriormente en sus novelas. Zafón empieza a cansarme. Me satura; empiezo a verlo como a un pedante redomado que hace hablar a sus personajes como eruditos de Oxford. Estoy siendo visceral, lo admito; pero “Las luces de septiembre” me pilló con el pie cambiado porque no podía creerme nada de lo que estaba leyendo. O tal vez reconocía en su aparatosa prosa la mía de hace unos años cuando escribía historias fantásticas que estaba convencida eran buenísimas y hoy en día metería en un cajón bajo llave. Bueno a su favor está que es un libro corto y la historia es interesante, e inquietante, sobre todo la parte del “Doppelgänger”; que es una idea que ha dado más frutos tanto en la literatura como en el cine fantástico y de terror, y ciertamente es un concepto espeluznante. Pero, pero, pero…Tengo demasiados “pero” para que pueda resultarme un buen libro. Lo disculpo a medias porque es una de las primeras obras de Zafón y está dirigido a un público juvenil, además de que, como el mismo Zafón reconoce en el prólogo, es una historia más cinematográfica que literaria.


Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
Sir Francis Bacon


ilustración: Geraldo Valério.

27 de enero de 2009

Siete Almas

Cuando una película comienza de forma tan desconcertante como ésta el espectador espera que en los minutos posteriores la incógnita se resuelva. Pero eso no sucede en “Siete almas”. Ese desconcierto inicial perdura durante buena parte de la cinta. Así, a lo largo de casi una hora van sucediéndose escenas que, al contrario de lo que se podría esperar, incrementan esa primera sensación de confusión.
Esto puede tener dos consecuencias; que te aburras porque tu atención decaiga, o que tanta intriga despierte tu interés.
Personalmente a mi me costó mucho conectar con lo que estaba viendo, especialmente por la lentitud, y por el tono bajo y lineal. Tampoco ayudó mucho a mejorar mi impresión la fotografía; fría y deprimente. A esto hay que añadir la intensidad emocional de la película, buscada con intención y algo excesiva.
Si conseguí verla hasta el final fue porque me habían hablado muy bien de “Siete almas” y quería tener mi propia opinión sobre la película.


Para ser justa tengo que decir que la cosa mejora a partir de esos primeros cincuenta minutos, que es cuando la trama va despejándose y proporcionando suficientes pistas para llegar a una conclusión sobre quién es Ben Thomas (Will Smith) y cuáles son sus verdaderas intenciones. Porque lo que está claro es que Ben Thomas tiene un propósito y que va a cumplirlo. Entonces nos damos cuenta de que hemos tenido desde el principio todas las piezas y que el puzzle va armándose solo, hasta los últimos minutos finales en que todo encaja.


En los tiempos que corren, en esta sociedad tan incrédula, seguramente habrá gente que no se crea nada de lo que vea en la cinta. Es difícil valorar una película como ésta, tal vez haya que tener una sensibilidad especial para captar todas sus sutilezas.
Lo que es innegable es que Will Smith hace una interpretación sorprendente y conmovedora.
Quisiera hablar más sobre “Siete almas”, de hecho me ha costado más de lo que esperaba escribir estas líneas que comencé a redactar el pasado domingo, y que termino hoy con algo de dolor aún. Me caí en la escalera de casa y tengo el cuerpo dolorido y lleno de moretones, y el dedo meñique de mi mano izquierda algo morado e hinchado todavía. Estamos hechos de carne mala, como dice mi padre; estaría bien poder caer siempre de pie como los gatos, pero somos frágiles y nos rompemos fácilmente. No puedo escribir a la velocidad que me gustaría y se me quedan en el tintero muchas cosas. Sólo añadir que, aunque me decepcionó un poco, en líneas generales me parece una buena película.

15 de enero de 2009

Las estaciones del corazón


Hay amores que se esperan al invierno y florecen.

La luz se filtraba entre las hojas de los árboles proyectando sombras en el suelo arenoso del parque. Una luz vibrante, lánguida, se escapaba de entre las nubes bajas y plomizas creando una atmósfera de ensueño. Juan caminaba despacio, admirando distraído la belleza melancólica que lo rodeaba sin reparar en la gente que paseaba a su alrededor.
Se sentó en un banco, ensimismado; protegido por aquella burbuja de pasotismo que lo había salvado más de una vez. Aunque en esa ocasión su imperturbable calma estaba siendo puesta a prueba.
Sus ojos estaban llenos de nostalgia y a pesar de que luchó por no caer en ella, su corazón -que latía violentamente- no se lo permitió.
Evocó un recuerdo que había dormido mucho tiempo en un rincón oscuro de su mente. Miró tan atrás que ni siquiera reconoció su propio rostro reflejado en las aguas de un estanque en aquel escenario desdibujado que era su pasado. El estómago se le encogió de emoción al descubrir que había otro reflejo junto al suyo; una chica le rodeaba los hombros mirándole con una sonrisa. Intentó forzar el recuerdo, bucear hasta aquel día, pero la imagen se enturbió y desapareció ahogada en la oscuridad de su propia desazón.
No la había olvidado. Recordaba vagamente los días de luz que había pasado a su lado y la música de su risa que despertaba su emoción incluso ahora, tantos años después. Aún así se sentía aturdido e inquieto porque su recuerdo se desmoronaba cuando más apremiante era su deseo de reconstruirlo. La añoraba y aquellos fragmentos eran lo único que le quedaba de ella.
Se sintió muy solo y demasiado nostálgico.
Los minutos se eternizaban en el reloj. No podía dejar de pensar en ella, y en la cita. ¿Vendría? Se preguntaba ansioso; y se hacía daño a posta pronosticando la peor de las respuestas.
El cielo se movió pesadamente, aunque todo lo demás lo hizo a una velocidad disonante y acelerada. De pronto las manijas del reloj se volvieron locas. Los segundos volaron, los minutos se lanzaron a correr una maratón, y mucho antes de que pudiera pensar en ello las horas se le echaron encima.


Había permanecido quieto todo aquel tiempo, llenándose de aquella naturaleza violenta que se convulsionaba arremetida por el viento y el frío de un revuelto mes de diciembre.
De pronto el cielo se abrió, y la luz escapó y bañó la superficie del estanque que cuarenta años después permanecía en el mismo lugar, casi igual a como lo recordaba. Aquellos destellos iluminaron una silueta que le observaba a contraluz. Juan sintió las nubes moviéndose a toda velocidad sobre su cabeza y la pesada magnitud del mundo cambiando bruscamente de dirección. Poniéndose en pie se acercó a ella sin poder disimular su nerviosismo.
Ya no era la chica sonriente que recordaba sino una mujer madura de belleza serena, que le miraba con distancia, con pretendida indiferencia, aunque sus ojos la delataban. Se saludaron fríamente, y durante unos minutos no dijeron nada. Juan la observaba con prudencia, y aclaró su garganta para hablar de nada, de cosas banales que sentía enterraban las palabras que de verdad hubiera querido pronunciar.
Pasearon, y siguieron hablando; y asomados al estanque descubrieron su reflejo borroso como el del ayer. Ella había cerrado los ojos un instante, y Juan había aprovechado la ocasión para sujetarle la mano. La brillante superficie del estanque tejió una imagen que Juan guardó en su memoria. Y por fin habló.
Le habló de los años malgastados y del arrepentimiento. Le habló de las noches y días pensando en ella y del daño que sentía haberle causado.
Ella miró al frente sin pronunciar palabra.
Hacía años, cuando eran novios, habían paseado por aquel lugar cogidos de la mano. Se habían conocido cuando eran casi unos niños en la puerta de una heladería. Fueron novios ocho años. Ocho años que Juan borró de la noche a la mañana de un plumazo. Cuando supo que se había casado con otra luchó durante meses contra la rabia y dolor. La decepción le marcó la mirada, que nunca se recupero de aquel golpe.
Un día, cuando el dolor se había diluido por completo, él regresó. Juan había estado preguntando por ella y a pesar de que su corazón se encogió de ilusión, se negó a verlo.
A él no le iba bien en su matrimonio, nunca le había ido bien, y por aquel entonces el divorcio estaba cerca de aprobarse. Pero esa vez fue ella la que huyó, la que tiró por la borda la oportunidad de ser feliz junto a la persona que quería. Nunca se lo perdonó. Porque a pesar de todo ella seguía amándole.
Pasaron veinte años de un invierno perpetuo para los dos., hasta que el destino les brindó una nueva oportunidad.
Allí, frente a frente, los miedos y las dudas del pasado se esfumaron.
El sol, que había dormido toda la mañana, despertó con fuerza del letargo, traspasó las nubes disolviéndolas, y acarició sus rostros trasportándolos hasta un día de verano cerca de aquel estanque, como si el tiempo nunca hubiera pasado.

13 de enero de 2009

Frío

Hace tanto frío que tengo congeladas las ideas. Mis pobres dedos tampoco es que estén muy allá; al igual que mi nariz roja y las azuladas y tirantes mejillas que completan el cuadro impresionista en que se ha convertido mi cara.
Este intento de nota en mi teclado de teclas rígidas me está costando un esfuerzo considerable. Los dedos entumecidos no golpean con suficiente fuerza por lo que mi voluntad debe ser más enérgica, y eso es todo un reto cuando los nervios de mis manos a duras penas reaccionan a los impulsos que les envío.
Hoy es uno de esos días en el que me dejaría arrastrar por la fuerza de la gravedad. Para empezar me levanté de mal humor, el frío, el tiempo revuelto, las noticias de la tele, la rutina que no cambia… las excusas de siempre.
El agua de la ducha, a ratos tibia tirando a fría y a ratos caliente tirando a hirviendo, relajó mis músculos tensos, paliando el frío que sentía alojado en el pecho, y deshizo el mal humor que acabó desapareciendo, para fortuna de mi familia, por el desagüe del baño.
Me reí pensativamente un rato mientras me secaba el pelo pensando que la vida es una cosa curiosa y extraña. De extremos, aunque predomine el término medio.
Hoy mi día es tibio tirando a frío, y en parte me alegro de que sea así puesto que eso me ha permitido sentarme a escribir con determinación y energía sobre un tema tan intrascendente como el tiempo. Como he dicho mis ideas están algo congeladas.
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Ha nevado en la península, en Madrid más concretamente. No sé si es noticia que a estas alturas del invierno nieve, y más cuando semanas atrás las televisiones ya nos enseñaron las primeras y tempranas nevadas en otros lugares de España.
Pero que nevara en Madrid fue la noticia estrella, por el colapso que provocó en las carreteras y porque, según he leído, es poco usual que nieve por allí. Otra de las noticias impactantes del fin de semana, por decir algo, fueron los retrasos de Iberia. El mar de maletas amontonadas, olvidadas y perdidas impresiona y es una muestra del caos que se debió vivir en la T-4. Sin embargo por encima de estas noticias hay una que duele por su crueldad: los bombardeos israelíes sobre Gaza. Al margen de consideraciones políticas que no estoy capacitada para hacer, quiero expresar mi solidaridad con las gentes de Gaza, con los niños inocentes que no saben de odio. Es una utopía, pero sueño con vivir en un mundo sin guerras, sin victimas inocentes, sin violencia.


Hace demasiado frío, y eso no me gusta. Pero el frío tiene algo bueno, me hace valorar los días soleados. Me he sorprendido arañando los flacos rayos de un sol de invierno como un lagarto que está en las últimas; con tanta urgencia que me he sorprendido de lo mucho que añoro el calor, y el verano. Y no es que no me guste el invierno; el vaho en los cristales, las mantas abrigadas, las bufandas de triple vuelta, el chocolate caliente quemando el paladar… Me gusta el invierno, pero no soporto sentir los pies fríos, ni la gripe, ni las horas de oscuridad interminables. Me gusta la lluvia tras los cristales, el rocío en la hierba que se asemeja a brillantes refulgiendo en la claridad grisácea, y el olor de los troncos húmedos. Me gusta la lluvia porque de ella te puedes resguardar, pero el frío se cuela por las rendijas de las ventanas, enfría las sábanas y las paredes, y va cercándote donde mas a gusto deberías sentirte. La casa se vuelve una nevera y conciliar el sueño es una odisea que consume la paciencia. El frío te pesa porque lo llevas en la ropa, te ha seguido desde la calle. El frío te seca los labios y las palabras, y tensa la mandíbula impidiéndote sonreír.

Pero hay otros fríos, fríos que nacen de uno mismo y traspasan los huesos, la carne, la piel.
Hay fríos como los de las bombas de Gaza, que se agazapan en la sangre y saltan de generación en generación.
Fríos como esos se enquistan en el alma, en el corazón, y nunca se van.

8 de enero de 2009

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“Tener que”
Cuando se acercan las fiestas navideñas hay que sentirse alegre, entusiasmado por el ambiente festivo. Hay que hacer regalos, celebrar y gastarse un pastón en comida y en trajes de lentejuelas. Hay que ser generoso con el cartero, el butanero y el panadero. Hay que olvidar las viejas rencillas que nos han distanciado de amigos y familiares, y llamar para desear muy próspero año nuevo. Hay que acordarse de los desfavorecidos e ir a la misa del gallo, y mandar sms a la lista del móvil aunque no hayamos hablado con la mitad desde hace meses. Hay que estar con la familia y hacer un montón de cosas que en condiciones normales no haríamos ni bajo los efectos de las drogas más potentes… Como seguir extraños rituales supersticiosos para asegurar un buen año: comer doce uvas con los pies en alto, tocando el techo, con un objeto de oro en la copa, llevando en un bolsillo un puñado de lentejas y vistiendo ropa interior roja. Para posteriormente sacar, recuperada parte de la dignidad perdida en lo alto de la silla (sillón o similar), una maleta a la calle para asegurarse viajar en el año entrante.
Es demasiado.
Es como si el espumillón, las luces, los villancicos y los papanoeles trepadores nos robaran la identidad temporalmente. Hay que hacer demasiadas cosas “por obligación”, por superstición y, cada vez menos, por tradición. Esta época no debería ser un sinónimo de “deber”, ni de estrés. Es curioso que el progreso nos haya arrebatado la verdadera esencia de la Navidad.
Estoy harta de oír hablar de los “viejos tiempos” a mis padres y a mi abuela. “Antes se vivía mejor” ¿No es curioso? No tenían casi nada y vivían mejor que ahora que tenemos democracia y centros comerciales a punta pala.
Mis padres nacieron ya asentada la dictadura y durante veinticinco años no conocieron otra cosa. Aún hoy recuerdan con cierta nostalgia esos años donde se respiraba una falsa sensación de bienestar.
Pero no les culpo. Los mejores recuerdos se fraguan, casi siempre, en la infancia y juventud.
De todas formas puede que tengan razón. Al menos el cariño con el que hablan de esos tiempos me lo dice. Antes, cuando las Navidades no eran una filial del Corte Inglés, las cosas se hacían por el placer de compartir un tiempo con la familia, sin interés. Hoy nada se hace desinteresadamente, ni siquiera pasar una noche con los seres queridos.
Antes, no hace tanto, cuando era niña lo mejor del año era la Navidad. Ahora, hoy, cuando los adornos se descuelgan y vuelven a su caja de cartón y estas fechas parecen un sueño vivido a medias, no puedo dejar de pensar en aquel sentimiento perdido. En aquellas entrañables fiestas navideñas que despertaban mi ilusión. Me apena sentir que forman parte del ayer, y que ya nunca serán lo mismo, y que yo, a mi edad, empiezo a recordar con mas cariño los “viejos tiempos”.

4 de enero de 2009

Australia

He leído muchas criticas sobre la película, tanto buenas como malas. Está claro que ni “Australia” ni Baz Luhrmann consiguen dejar indiferente a nadie por unas razones o por otras.

Personalmente disfrute muchísimo en el cine, y las casi tres horas de metraje no se me hicieron pesadas; es más, ni siquiera tuve la sensación de que pasaba el tiempo, y, al menos para mi, esa es muy buena señal.

Esta ambiciosa producción, a la altura de películas épicas como Lo que el viento se llevó o Memorias de África, con las que se le ha llegado a comparar, ha cosechado muy buena recaudación en España pero no tanto en USA y Australia, donde las expectativas eran bastante altas. Tanto es así que ya se habla de fracaso; y es que esta súper producción de más de 130 millones de dólares sólo lleva recaudados 41 millones en USA, y todo indica que será retirada de la cartelera antes de fin de mes.

Baz Luhrmann es bien conocido por su “excentricidad”, y los primeros minutos de Australia son una muestra de su carácter. En estos confusos, atropellados y divertidos minutos iniciales Luhrmann nos presenta uno a uno a los personajes principales. Nicole Kidman es Lady Sarah Ashley, una estirada aristócrata que viaja desde Inglaterra hasta Darwin en busca de su marido para vender unas tierras que no dan ganancias. Lo que desconoce Lady Sarah es que su marido ha sido asesinado “supuestamente” por un hechicero aborigen llamado Rey Jorge. Esta circunstancia la obligará a tomar el control del rancho que se encuentra en un estado ruinoso para salvarlo de la miseria.


Hugh Jackman es Drover, un vaquero a medio camino entre Clint Eastwood y Cocodrilo Dundee, muy apuesto y varonil, con las espaldas como armarios roperos, que no dudará en ayudar a la Lady en apuros a salir del bache guiando a su ganado de vacas gordas y perezosas a través de media Australia, incluyendo el desierto de Never-Never.


Brandon Walters es el pequeño Nullah, el narrador de la historia. Un mestizo, o café con leche como él mismo dice en la película, nieto de Rey Jorge que será protegido por Lady Sarah.


Aquí se hace necesario hablar sobre un tema lamentable y casi desconocido que se toca en la película, la llamada “generación robada”. Entre 1910 y 1970 más de 100.000 niños y jóvenes aborígenes fueron separados por la fuerza de sus familias. Esta política de limpieza étnica se hizo para evitar que las razas (la blanca de los colonos ingleses y la negra de los aborígenes) se mezclaran. Los niños mestizos eran internados en residencias especiales, que eran algo así como campos de concentración, para que no corrompieran la pureza de la raza y, a la vez, se les “educaba” para ser mano de obra barata en el servicio doméstico de los blancos.


Digan lo que digan algunos críticos que la han despedazado sin piedad, “Australia” es una buena película que entretiene y emociona. Vale que podría ser una comedia y no llega a serlo; las escenas del principio son muy divertidas, sobre todo la parte del canguro. Vale que podría ser un western y se queda a medio camino; la estampida es la parte más emocionante de la pelí, a mi me mantuvo en tensión y pegadita a la butaca. Vale, también, que podría ser una cinta bélica y se queda corta; el bombardeo de Darwin por el ejército japonés es lo que yo suprimiría.


Vale que podría ser todo eso y no llega ser nada de eso. De acuerdo. Pero con “Australia” reí, lloré y me emocioné, y disfrute como hacía tiempo que no lo hacía. No puedo decir qué es “Australia”, puede que una historia de amor con final feliz, pero lo si puedo decir es que cuando salí del cine me sentí satisfecha con lo que había visto y eso no siempre sucede.


2 de enero de 2009

SALA
DE
LECTURA



* El Principito (Antoine de Saint-Exupéry)









"No supe entonces comprender. Cometí el error de haberla enjuiciado por sus palabras y no por sus actos. Iluminaba y perfumaba todo mi planeta. ¡Jamás debí haberla abandonado! Debí haber intuido su ternura detrás de sus ingenuas astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Y yo… demasiado joven para saber amarla”.
El Principito es un clásico de la literatura infantil, pero llega al corazón tanto de niños como de adultos que se conmueven con su lectura.
En este extraordinario relato, Antoine De Saint-Exupéry narra la historia del Principito, el cual a través de un lenguaje sencillo y de vivencias propias, deja enseñanzas de vida que ayudaran a la comprensión y valoración, tanto de las cosas simples como de las complejas.



A Leon Werth

Pido perdón a los niños por
haber dedicado este libro a una persona grande. Tengo una excusa: esta persona
grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta
persona grande puede comprender todo; hasta los libros para niños. Tengo una
tercera excusa: esta persona grande vive en Francia donde tiene hambre y frío.
Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran
suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona mayor fue
en otro tiempo. Todas las personas mayores han sido niños antes.(Pero pocas lo
recuerdan.)Corrijo, pues, mi dedicatoria:


A León Werth, cuando era
niño.



Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan. Por eso, esta sala de lectura va dedicada a los niños que una vez lo fueron y a los que lo son; porque son los únicos que saben lo que buscan.
Un año acaba y otro comienza, es una buena oportunidad para volver a empezar, aunque sea de forma simbólica. Que mejor que recuperar esa extraordinaria capacidad del niño de ver el mundo tal cual es para dejarse sorprender con lo más insignificante.
Este año seamos niños de nuevo. Volvamos a ver el mundo como por primera vez.

Antoine de Saint-Exupéry fue aviador y escritor. Nació en Lyon en 1900 y desapareció en una misión aérea en 1944, cerca de Marsella. Durante años no se supo qué había sido de él, hasta que en 1998 un brazalete de plata fue encontrado por un pescador al este de la isla de Riou, cerca del lugar de la desaparición e identificado como perteneciente a Saint-Exupéry: estaba grabado con los nombres de su esposa y sus editores, Reynal & Hitchcock, y estaba enganchado a una pieza de tela de su traje de piloto. En abril de 2004 el Departamento de Investigaciones Arqueológicas Submarinas francés confirmó que los restos del avión extraídos en octubre de 2003 de la zona donde se encontró el brazalete pertenecían al avión de Saint Exupéry. A esta conclusión se llegó después de comprobar que el número de matrícula de los restos correspondía con el del escritor según los archivos de la USAF. Un año antes de su desaparición, hospedado en un hotel de Nueva York, Exupéry escribió la que sería su obra más reconocida: El principito.

Hace mucho tiempo que lo leí por primera vez, en el instituto; pero aún hoy recuerdo con mucho cariño esta historia sobre un niño que vino de las estrellas. El principito es una joya que deslumbra con su sencillez. Un libro imprescindible en el que resuenan las emociones. Este año busca un momento para leer, o releer este fabuloso cuento, porque recordaras valores que creías olvidados, y verás con el corazón que lo esencial es invisible a los ojos.


Lo último de JK Rowling


El pasado día 4 de Diciembre, JK Rowling, la autora de la famosa saga juvenil “Harry Potter, publicó Los cuentos de Beedle el Bardo. La nueva obra de Rowling tiene una relación indirecta con la serie ya concluida pues el libro aparece mencionado en el séptimo tomo de la saga, "Harry Potter y las reliquias de la muerte", en el que la amiga de Harry, Hermione, recibe un ejemplar del director de la Escuela de Magia Hogwarts, Albus Dumbledore, y descubre en él cómo se puede vencer al malvado Voldemort.
Para JK Rowling el libro es una maravillosa forma de decirle adiós a Harry Potter, según confesó en una entrevista. La exitosa escritora donará todo lo recaudado por la venta del libro a la fundación de ayuda a menores "Children´s High Level Group", creada por ella misma y Emma Nicholson, parlamentaria europea del Partido Liberal.



Ilustración:Delphin Durand.

25 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

Ranking navideño

Las calles se iluminan con pequeñas bombillas. Se acerca la navidad y se siente en el ajetreo de la gente que abarrota los centros comerciales en busca de un regalo económico y de los langostinos de oferta. La navidad comienza oficialmente el día 22 de diciembre cuando la matraquilla de los niños de San Ildefonso hace realidad los sueños de nuevos millonarios. Además, empiezan las vacaciones.
Cuando era estudiante estos días previos eran los mejores, los que más disfrutábamos. En clase se respiraba un ambiente festivo porque apenas hacíamos nada; repasar lo aprendido en los meses anteriores, lamentarnos por no haber dado más en los exámenes trimestrales, y sobre todo hablar de lo que haríamos en las dos semanas siguientes. Esto era: comer mucho, dormir hasta tarde, ver la televisión, visitar belenes, ir al cine, gandulear y estar con la familia. De tocar un libro ni hablábamos. Las vacaciones de navidad tenían un encanto especial. Todo brillaba, y no sólo por las luces, la alegría de los días libres o la expectación de los regalos.
Los anuncios de turrón nos recordaban que la navidad había llegado por fin, después de un largo año. Pero mi recuerdo favorito, ahora que la navidad ya no significa lo mismo, son las películas navideñas. Aquellas historias optimistas o melancólicas que nos hablaban de amor, de amistad, de espíritu navideño, y que en apenas una hora y media nos hacían sentirnos embargados de felicidad.

Este es mi pequeño ranking:

El clásico de los clásicos vuelve cada Navidad. Como cada año es la opción favorita de los programadores de televisión locales. Es difícil no haber oído hablar de esta película ni de George Bailey, pues son referencia obligada. La película se centra en la vida de un hombre, diríamos corriente, George Bailey. George ha ido posponiendo sus sueños hasta el punto de sentir que su vida ha sido un rotundo fracaso. Agobiado por un problema de negocios George decide suicidarse para pagar la deuda con el seguro de vida, convencido de que es lo mejor para todos. Pero en ese momento un extraño personaje se lo impide; es su ángel de la guarda, que le muestra lo valiosa que ha sido su vida y le concede el privilegio de ver lo que hubiese sucedido si él no hubiese existido. Así es como George se da cuenta de lo bello que es vivir. Frank Capra especialista en lo que se denominó “comedia americana” dirigió hace más de cincuenta años esta película optimista y fresca que sigue estando vigente. Su mensaje: ningún hombre, por insignificante que sea, es menos valioso que otro. Louisa May Alcott escribió hace más de un siglo “Mujercitas”. De su obra se han hecho varias versiones cinematográficas con más o menos fortuna. Esta versión cuenta con actrices como Winona Ryder, Kristen Dunst o Claire Danes pero no es muy conocida. Visualmente es una maravilla. Jack Skellington, señor de Halloween, descubre la Navidad y queda prendado de ella. Por ese motivo decide mejorarla, aunque su versión de la festividad sea totalmente opuesta. Para su nueva idea secuestra a Santa Claus y lo sustituye; todos sus sicarios deben trabajar en el nuevo proyecto de Navidad, que resulta bastante macabro. Sólo Sally, su novia, ve el error que está cometiendo
Carlos Alonso y su sufrida esposa tienen quince retoños y un abuelo de los que cuidar. Carlos practica, lógicamente y de manera desaforada, el pluriempleo. No le queda otro remedio si quiere sacar adelante a la familia, aunque todavía le quede la remota esperanza del Premio Nacional de Natalidad.
Película de los años sesenta que refleja los valores familiares en la etapa del franquismo. Entrañable.
Un niño está acostado, despierto en su habitación, en una nevada nochebuena, excitado y alerta. Respirando silenciosamente. Casi sin moverse. Esperando. Esta atento esperando a ver si oye un sonido que teme no oír nunca, el tintineo de las campanillas del trineo de Santa Claus. Faltan cinco minutos para la medianoche. De repente, un atronador estruendo sobresalta al muchacho. Al quitar el vaho de la ventana ve algo increíble, un reluciente tren negro frena estruendosamente justo delante de su casa, el vapor de su potente motor silbando a través del cielo nocturno y de los copos de nieve que caen suavemente. El muchacho sale corriendo, vestido sólo con un pijama y unas zapatillas, y es recibido por el revisor del tren que parece estar esperándole. “Bueno, ¿vienes?”, pregunta el revisor. “¿Adonde?” “Al Polo Norte, por supuesto. ¡Este es el Polar Express!
Durante una noche de Navidad, una anciana le cuenta a su nieta la historia de Eduardo Manostijeras, un muchacho creado por un inventor que no pudo acabar su obra, y que dejó al joven con afiliadas cuchillas en el lugar de sus manos.
Precioso cuento navideño. Para Tim Burton, Deep es su actor fetiche. Han trabajado juntos en muchas películas. Eduardo Manostijeras habla del amor desinteresado y puro. Destacable su banda sonora.
La desbordante alegría de las fiestas de Nochebuena va a hacer que Frank Cross sufra unas visiones fantasmagóricas en esta divertida sátira de “Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens. Cross, que ha hecho una carrera meteórica desde lo más recóndito del departamento de envíos de una cadena de TV hasta la presidencia, es tacaño, desagradable, ingrato, implacable y con un cruel sentido del humor, cualidades idóneas para un miserable de hoy en día. Antes de que la noche termine, será visitado por un desconcertante taxista neoyorquino del pasado, un hada del presente un tanto estrafalaria y, finalmente, un sádico, enorme y descabezado mensajero del futuro.
Cuando era niña esta película me encantaba. Bill Murray es quizás el actor que más me hace reír, será por esa mezcla de socarronería y simpatía que lo dotan de un encanto que traspasa la pantalla. Divertida.
Randall "Rand" Peltzer, un modesto inventor de cuestionable éxito, viaja a Chinatown, Nueva York, para vender sus inventos y comprar un regalo a su hijo Billy. En la pequeña tienda de un anciano chino compra una criatura llamada mogwai (que en Cantonés significa "espíritu maligno"). Aunque la criatura tiene un aspecto inocente Rand es advertido, debe respetar algunas precauciones:
1- El mogwai no soporta las luces brillantes y no debe recibir luz del sol, que lo mataría.
2- Nunca debe mojarse.
3- Y lo más importante, nunca se debe alimentar al mogwai después de la media noche.
Rand regresa a su casa y se lo regala a su hijo. Este descubre que la criatura es muy inteligente. Todo parece ir bien hasta que accidentalmente se derrama agua sobre Gizmo, lo que provoca que salgan unas bolas peludas del animal. De estas bolas nacerán nuevos mogwai. Los nuevos mogwai resultan ser más agresivos que Gizmo y están liderados por Stripe, que engaña a Billy para que les de de comer después de media noche. Tras la ingesta de alimento las criaturas toman forma de crisálidas de la que resurgen convertidos en unos monstruos de aspecto reptiliano llamados gremlin.
En el momento de su estreno tuvo mucho éxito y recibió buena acogida de la crítica. Cuidado con los regalos que vienen de China, pueden traer desagradables sorpresas.
Kevin McAllister es un niño de ocho años, miembro de una familia numerosa, que accidentalmente se queda abandonado en su casa cuando toda la familia se marcha a pasar las vacaciones a Francia. Kevin aprende a valerse por sí mismo e incluso a protegerse de Harry y Marv, dos bribones que se proponen asaltar todas las casas cerradas de su vecindario. Cuando su madre Kate lo hecha en falta, realiza un pintoresco viaje de vuelta contra reloj a Chicago para recuperar a su hijo.

Howard Langston es un atareado hombre de negocios que llega tarde a la clase de karate de su hijo Jamie. Para que le perdone le promete que le regalará lo que le pida por navidad: Jamie le pide un muñeco Turboman. El problema es que el juguete es el más popular y está agotado en todas las jugueterías. Con sólo unas pocas horas para Navidad, Howie inicia una cómica odisea por toda la ciudad a la caza y captura del preciado objeto.

13 de diciembre de 2008

Crepúsculo. Los vampiros atípicos


Crepúsculo, la versión cinematográfica del best seller de Stephanie Meyer, está arrasando en las carteleras españolas. Desde que fuera estrenada el pasado día 5 de diciembre ha conseguido una recaudación de más de 5 millones de euros. En USA la cinta ha sido un éxito rotundo. En su primer fin de semana consiguió la cuarta mejor recaudación en lo que llevamos de año y la decimocuarta en el día de estreno en toda la historia del cine. Estas sorprendentes cifras aseguran la continuación de la saga en la pantalla grande. De hecho la productora Summit Entertainment tiene previsto empezar a rodar la segunda y tercera parte lo antes posible.

Pero que nadie se lleve a engaño. Si eres fan de las novelas lo más seguro es que salgas decepcionado del cine, y si no lo eres es probable que te aburras con esta historia tan falta de originalidad y pasión.

No quiero ser demasiado crítica pero reconozco que los libros, al menos los que he leído hasta ahora: “Crepúsculo” y “Luna Nueva”, no me han terminado de llenar a pesar de que la literatura juvenil me apasiona. Tal vez porque estos vampiros no se parecen en nada a los que estoy acostumbrada a ver retratados en la literatura y el cine. Esos vampiros románticos, seductores, de ataúd y noche cerrada.


La historia comienza cuando Bella Swan -interpretada por la joven actriz Kristen Stewart- se muda desde Arizona a Forks, una lúgubre localidad del estado de Washington, para vivir con su padre al que apenas conoce. Su nueva vida se presenta aburrida pero todo eso cambia cuando conoce a Edward Cullen - Robert Pattinson- y a su extraña pero hermosa familia.
Inmediatamente Bella se siente atraída por el misterioso Edward, aunque éste no parece sentirse cómodo en su presencia, y es que Bella desprende un poderoso e irresistible aroma.
Bella es el alma gemela que lleva esperando noventa años, pero su amor es imposible. Edward se ve obligado a luchar contra el deseo y la acuciante sed que su presencia le provoca. Inevitablemente el león se enamora de la oveja.


A pesar de todo lo que podría dar de sí una historia con estos ingredientes nos encontramos con escenas simplonas, con una falta total de química entre los protagonistas y con efectos especiales de tercera categoría.
Él, más que pálido, luciendo unas wayfarer como nadie, y precedido de esa aura de chico peligroso, un poco desgreñado y rebelde, nos hace soportable las casi dos horas de película aunque su interpretación está bordeando la sobreactuación en algunos momentos.



Quizás mi mala impresión de la película se deba a la precipitación con la que están tratadas algunas escenas. Sobre todo en la parte final. Todo parece atropellado y mal explicado.
Llegados a este punto me hago la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que un producto evidentemente malo como éste se haya convertido en un fenómeno fan de semejantes proporciones? Para mi es un misterio mayor que el de la vida después de la muerte; y es que no siempre el éxito va acompañado de calidad y “Crepúsculo” es una muestra de ello.

11 de diciembre de 2008

Ne me quitte pas

No me dejes Hay que olvidar Todo se puede olvidar Lo que ya se fue Olvidar el tiempo De los malos entendidos Y el tiempo perdido Para aclararlos Olvidar esas horas Que mataban a veces A golpes de porqués al corazón de la felicidad. No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes Yo te ofreceré perlas de lluvia venidas de países donde no llueve. Yo escarbaré la tierra Hasta después de mi muerte Para cubrir tu cuerpo De oro y de luz Yo haré un reino Donde el amor será rey Donde el amor será ley Donde tu serás reina. No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes no me dejes Yo te inventaré Palabras locas Que tu comprenderás Yo te hablaré De esos amantes Que han visto por dos veces Arder sus corazones. Yo te contaré La historia de un rey Que murió por no haber Podido encontrarte. No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes Se ha visto a menudo Resurgir el fuego Del antiguo volcán Que se creía demasiado viejo. Existen tierras quemadas Que dan más trigo que un mejor abril Y cuando viene la noche para que un cielo arda El rojo y el negro ¿Acaso no se unen? No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes no me dejes No voy a llorar No voy a hablar Yo me ocultaré Para mirarte bailar y sonreír Y escucharte cantar y después reír Déjame volverme La sombra de tu sombra La sombra de tu mano La sombra de tu perro No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes.

8 de diciembre de 2008

Blood, blood, blood

LA PEQUEÑA TIENDA DE LOS HORRORES

Seymour, un joven dependiente de una floristería, está enamorado de su compañera Audrie, pero ella sale con un sádico dentista. Un día, justo después de un extraño eclipse, compra una pequeña planta, a la que bautiza como Audrie II. La planta comenzará a moverse e incluso a hablar con Seymour, de forma que se convierte en una atracción para la ciudad. Poco pueden imaginar todos que realmente es un ser abominable, que Seymour casualmente ha descubierto que se alimenta de sangre humana
Frank Oz firma esta pequeña y divertida comedia musical. “La pequeña tienda de los horrores” es una versión cómica de la película “La tienda de los horrores” de Roger Corman estrenada en cines en 1960.
Si os suena Frank Oz y no sabéis de qué no os calentéis la cabeza. Frank Oz es conocido sobretodo por ser la voz de Yoda, ese entrañable bichejo verde que habla de forma tan particular; aunque también se le conoce por ser un gran titiritero. Comenzó su carrera trabajando para Jim Henson (El Cuentacuentos) y hasta la fecha es responsable de películas como: “Cristal Oscuro”, “Un par de seductores”, “¿Qué pasa con Bob?”, “Esposa por sorpresa”, el filme fantástico “La llave mágica”, y las comedias “In & Out” y “Bowfinger”, el thriller “The Score” y sus últimas películas: “Las mujeres perfectas” y “Un funeral de muerte”.
La pequeña tienda de los horrores es un musical muy divertido, bastante ligero y un poco friki, por lo visible del cartón piedra y el tufillo a serie B. Pero si quieres pasar un rato entretenido esta es una estupenda opción. Hay que destacar la interpretación de Steve Martin; fabuloso en su papel de dentista sádico adicto a la novocaína.




SWEENEY TODD. EL BARBERO DIABÓLICO DE LA CALLE FLEET

Adaptación del musical de Broadway de Stephen Sondheim. Benjamin Barrer (Johnny Depp), un hombre encarcelado 15 años injustamente en el otro lado del mundo, escapa y vuelve a Londres con la promesa de vengarse, junto a su obsesiva y devota cómplice la Sra. Nellie Lovett (Helena Bonham Carter). Adoptando el disfraz de Sweeney Todd, Barker regresa a su antigua barbería encima del local de empanadas de carne de la Sra. Lovett, y fija sus miras en el juez Turpin (Alan Rickman) que, con la ayuda de su vil secuaz Beadle Bamford (Timothy Spall), le mandaron lejos con una acusación falsa y así poder robarle a su esposa, Lucy (Laura Michelle Kelly), y a su hija bebé. La Sra. Lovett le cuenta a Todd que su mujer se suicidó con veneno después de que el juez Turpin se aprovechara de ella. Pero cuando un barbero rival, el flamante italiano Pirelli (Sacha Baron Cohen), amenaza con descubrir la verdadera identidad de Sweeney, Todd le mata cortándole la garganta. Al no saber qué hacer con el cuerpo, la Sra. Lovett ve esta circunstancia como una potencial solución para su debilitado negocio — y sugiere usar la carne humana para el relleno de sus empanadas de carne…
Un Londres sucio y tenebroso es el lugar en donde se desarrolla la trama de esta impactante y desconcertante película musical.
Sweeney Todd tiene el honor de ser el personaje más macabro y sangriento de la filmografía de Tim Burton. Un director que se caracteriza especialmente por su buen hacer con los decorados y la ambientación; su sello más personal. Los escenarios tienen entidad propia. Destacando notablemente, como no podía ser menos, la barbería. Esa silla tuneada para ofrecer el afeitado más apurado que os podáis imaginar pone los pelos de punta, en sentido literal. ¿Y qué decir del sótano donde la señora Lovett prepara sus “exquisitos” pasteles? Ni el mismísimo Dante hubiera podido imaginar un lugar así.
Advertir a las almas sensibles de la dureza de algunas escenas, en las que es posible sentir la tensión de la cuchilla lacerando la piel.
Los actores están francamente bien. Johnny Deep, atormentado, insensible y, sobre todo, afinado en su interpretación. Helena Bonham Carter en la piel de un personaje indigesto, borda un papel hecho a medida. Y Alan Rickman, sublime.
Un musical diferente, oscuro e intenso, salpicado de rabia y sangre.

2 de diciembre de 2008

SALA
DE
LECTURA



  • Post Mortem ( Patricia Cornwell)



  • Las apariencias no engañan (Juan Madrid)



Tres mujeres han aparecido salvajemente asesinadas en sus propios dormitorios. El responsable de estos crímenes actúa siempre los sábados, de madrugada, y deja muy pocas pistas. De manera que cuando la doctora Kay Scarpetta, jefa del departamento de Medicina Legal de la ciudad, recibe una llamada a las 2.33, supone que algo grave ha sucedido: hay una cuarta víctima. Kay Scarpetta recurrirá a los últimos avances en medicina legal y tendrá que vérselas con aquellos que quieren sabotear su trabajo…, y es que no a todo el mundo le gusta ver a una mujer en el puesto que ella ocupa.
Post Mortem, la primera obra de Patricia Cornwell, es la única novela que ha ganado en el mismo año los premios Edgar, John Creasey, Anthony y Macavity, además del Prix du Roman. La doctora Kay Scarpetta, protagonista de la mayor parte de sus novelas, recibió en 1999 el premio Sherlock al mejor detective creado por un autor norteamericano.
Hace casi dieciocho años que Post Mortem fue publicada pero el paso del tiempo no ha hecho mella en ella. Se lee del tirón pues su ritmo narrativo es impecable. Además las descripciones son bastante buenas, con muchos detalles valiosos que nos ayudan a avanzar en la lectura y que nos descubren aspectos de la psicología de los personajes lo que los hace muy cercanos y reales. Tanto la doctora Kay como el inspector de policía, Pete Marino, y la sobrina de ésta, Lucy, son retratados con maestría. Las descripciones forenses también tienen un lugar destacado, fundamental, en la novela. Patricia Cornwell describe minuciosamente las autopsias de los cadáveres y la apariencia de los muertos para trasmitir la frialdad de la muerte y la sinrazón de los asesinatos. Si te gusta la serie CSI y disfrutas con las novelas de suspense, Post Mortem te encantará.


Las apariencias no engañan es la segunda entrega de la serie dedicada a Toni Romano. A través de las diversas formas de agresividad, Juan Madrid intenta denunciar al Estado como principal responsable de la criminalidad al tiempo que formula una crítica ideológica de la sociedad, junto con la exposición de la conflictividad imperante en la sociedad española.

Juan Madrid ha publicado cuarenta libros entre novelas, recopilaciones de cuentos y novelas juveniles y es considerado uno de los máximos exponentes de la nueva novela negra. “Las apariencias no engañan” es la segunda novela de la saga de Antonio Carpintero, alias Toni Romano; un personaje particular, un tipo duro.
Antonio Carpintero no es lo que parece. Tiene pinta de boxeador pero dejó de serlo hace mucho. Tiene maneras de policía aunque, como él mismo reconoce, se metió en ello únicamente para escapar de la miseria. Su única vocación real es la de detective pero como era de esperar actúa sin licencia y al margen de la ley.
Juan Madrid es un narrador excelente y he disfrutado mucho leyéndole. Es curioso como cambia un país en tan poco tiempo. Recorrer la transición española a través del personaje de Toni Romano es apasionante. La corrupción, la decadencia y marginación, incluso el uso de las viejas pesetas tienen un peso importante en la novela. Un libro que se lee muy fácilmente. Muy recomendable.


Lee y conducirás, no leas y serás conducido

Santa Teresa de Jesús



Otras noticias literarias

Ken Follett cree que la crisis no afectará al mundo editorial
El escritor británico Ken Follett, autor del superventas 'Los pilares de la tierra', descartó que el mundo editorial y la compra de libros se hayan visto afectados seriamente, de momento, por la crisis económica global.
El libro se percibe con buena relación entre su valor y su precio, es una forma relativamente barata de entretenimiento, te mantendrá ocupado muchas tardes y cuesta mucho menos que ir a un restaurante, o, si vives en Inglaterra, que pasar la tarde en un pub, argumentó el escritor galés.
Veremos seguramente el próximo año una bajada de las ventas de libros, después de Navidad, pero con un poco de suerte no será muy seria, aseguró, aunque reconoció que la crisis tiene ya cierto efecto en las librerías.
Sin embargo, esto no ha afectado a sus libros pues “Un mundo sin fin”, ha vendido cinco millones de ejemplares en todo el mundo desde que llegó a las librerías a finales de 2007. (fuente: terra.es)
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