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3 de febrero de 2009

SALA
DE
LECTURA




* Marina (Carlos Ruíz Zafón)


* Las luces de septiembre (Carlos Ruíz Zafón)



"Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió. Pasaría una eternidad antes de que comprendiese aquellas palabras".
Óscar Drai se marchó huyendo de sus recuerdos, pensando ingenuamente que, si ponía suficiente distancia, las voces de su pasado se acallarían para siempre. Ahora ha regresado a su ciudad, Barcelona, para conjurar sus fantasmas y enfrentarse a su memoria. La macabra aventura que le marcó en su juventud, el terror y la locura rodearon, curiosamente, la más bella historia de amor.



“Marina” fue el primer libro de Carlos Ruiz Zafón que leí, hace un par de años. Me gustó bastante en su momento.
Las descripciones, terroríficas en algunos pasajes y preciosistas en otros, son mágicas y perduran en la retina como una marca de agua; creo que no me equivoco al decir que se han convertido en su sello más personal y en su punto fuerte.
También creo que “Marina” es la historia más creíble que ha escrito este autor, dentro de lo creíbles que pueden resultar sus historias. Al menos me conmovió profundamente la historia de amor y me inquietó la historia siniestra, de las dos historias en que esta dividida la novela. No aporto nada nuevo si señalo que “Marina” es la suma de todos sus libros anteriores y el claro boceto de “La sombra del viento”. En este libro se repiten los mismos elementos ya utilizados en su obra. Si algo se le puede reprochar a Zafón es que es recurrente: jóvenes; una historia del pasado; una búsqueda; un malo muy cinematográfico; fuego; y mucha niebla.
Lo que más chirría de Zafón es la forma ampulosa en que hablan entre si algunos de sus personajes, con mucha teatralidad. Sin duda su prosa gana cuando se olvida de ser tan correcto y tan rimbombante.
Un libro ameno, que se lee del tirón.


Cuando Simone Sauvelle, madre de Irene y Dorian, acepta una oferta de trabajo como ama de llaves en un pequeño pueblo de la costa de Normandía, ella comienza a creer que por fin, tras la muerte de su esposo, le sonríe la fortuna. Junto a sus hijos queda fascinada por Cravenmoore, la maravillosa finca donde se instalan, y por su propietario, Lazarus Jann, inventor y fabricante de juguetes y autómatas que cuida con veneración de Alexandra, su esposa. En Bahía Azul Irene entablará amistad con Hannah, la cocinera del castillo, y se enamorará de su primo Ismael, un joven pescador, solitario y apasionado por el mundo de la navegación que le hará descubrir los misterios de la isla del faro abandonado. Pero muy pronto una sombra llena de odio y venganza regresará del pasado para recuperar aquello que fue suyo y para impedir que Lazarus y los Sauvelle puedan vivir plenamente el amor y la felicidad.

Lo malo de no llevar un orden cronológico con las obras de Zafón es que puede decepcionarte. “Las luces de Septiembre” es la segunda novela que escribió allá por 1995, pero ha sido la última de sus obras que me he leído. Junto a “El príncipe de la niebla” y “El palacio de la medianoche” conforman “La trilogía de la Niebla”.
Esta segunda novela, de su etapa juvenil, no aporta nada nuevo al universo neblinoso de Zafón; un malo de ciencia ficción, dos historias separadas cronológicamente pero entrelazadas, amor adolescente... Una ecuación explotada anterior y posteriormente en sus novelas. Zafón empieza a cansarme. Me satura; empiezo a verlo como a un pedante redomado que hace hablar a sus personajes como eruditos de Oxford. Estoy siendo visceral, lo admito; pero “Las luces de septiembre” me pilló con el pie cambiado porque no podía creerme nada de lo que estaba leyendo. O tal vez reconocía en su aparatosa prosa la mía de hace unos años cuando escribía historias fantásticas que estaba convencida eran buenísimas y hoy en día metería en un cajón bajo llave. Bueno a su favor está que es un libro corto y la historia es interesante, e inquietante, sobre todo la parte del “Doppelgänger”; que es una idea que ha dado más frutos tanto en la literatura como en el cine fantástico y de terror, y ciertamente es un concepto espeluznante. Pero, pero, pero…Tengo demasiados “pero” para que pueda resultarme un buen libro. Lo disculpo a medias porque es una de las primeras obras de Zafón y está dirigido a un público juvenil, además de que, como el mismo Zafón reconoce en el prólogo, es una historia más cinematográfica que literaria.


Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
Sir Francis Bacon


ilustración: Geraldo Valério.

2 comentarios:

Ana dijo...

A pesar de que Zafón puede parecer recurrente sus historias tienen algo que enganchan. Me gusta a pesar de que el esquema de sus novelas sea prácticamente el mismo, tal vez me recuerda la frescura de los primeros trazos cuando un escritor se va formando poco a poco y con cada palabra.
Yo espero nunca perder eso, lo malo es que no sé si lo tengo.
De estas dos novelas me quedo con Marina, pero Las luces de septiembre me gustó bastante.
Saludos.

Raquel dijo...

Gracias por la visita, Ana.
Yo creo que la "frescura" de los primeros escritos es dificil conservarla; a medida que se va a aprendiendo a escribir se "mecaniza" todo. Pero, yo que no puedo ser obejtiva contigo, creo que tus escritos son muy frescos y muy "tú"; y sí, esto es un cumplido.
:)))

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