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1 de marzo de 2013

Adiós, amigo

Hablar de ti no es fácil en este momento. Pensar en ti me hace sentir triste, vacía, como si me faltara algo muy vital, muy necesario para poder respirar. Tu fuiste lo más bonito que tuve, el regalo más preciado que nadie me hizo jamás. Me diste cariño, me diste amor incondicional, jamás dejaste de quererme, de buscarme con la mirada, de necesitarme. Llegaste a mi vida para enseñarme el significado de la amistad, de la lealtad ciega. Sé que sentiste mi amor reciproco,  y que hasta el final lo sentiste cerca de ti, más fuerte que al principio. Ojalá hubiera podido estar en ese último viaje, pero no pudo ser. No tuve la opción. Quizás me hubieran fallado las fuerzas, quizás no hubiera podido resistir la certeza de saber que sería la última vez que nos viéramos. Nunca dejará de dolerme ese adiós que no pude darte. Pero quizás fue mejor así.  Inesperadamente llegaste a mí, e inesperadamente te fuiste, aunque hiciera mucho tiempo que ya no eras el mismo, aunque hiciera mucho tiempo que te marchabas poco a poco. Sé que siempre formarás parte de mí, que siempre estarás aquí, porque formaste parte de mi familia, porque eras mi familia. No verte es duro, aunque en el fondo sepa que estás mejor ahora. Sin embargo me puede la tristeza, y no sé cómo superarla, como dejar de llorar al sentir tu ausencia. Hay un hueco demasiado grande en casa, y sobre todo en mi corazón. Siempre te querré, querido Buba, mi perro más bueno, mi perrito más guapo. Tenerte a mi lado ha sido una suerte para mí. Sé que ahora tengo que aprender a vivir sin ti, y sé que no será fácil. Gracias por todo el amor que me diste, por ese amor puro e incondicional.



El sábado 23 de febrero fue uno de los días más tristes de mi vida. Mi perro dejó de existir. Se marchó sin que pudiera darle un último abrazo. La mitad de mi vida la he pasado junto a él. Él está en todos mis recuerdos. Si echo la vista atrás me es difícil no verle. Era un perro especial, a todo el mundo le llamaba la atención la nobleza de su mirada, eran como dos ventanas abiertas, siempre brillantes, rebosantes de amor. Era bueno con todo el mundo, nos quería a todos por igual, nos acompañaba a todos por igual, incluso en su vejez cuando ya no podía moverse. Fue duro verle envejecer así. Era un perro muy vital, con una energía increíble, pero sus patitas traseras dejaron de funcionarle, y de ahí derivaron otros problemas. Recuerdo especialmente el día que llegó a casa, fue el día del padre de 1997. Yo y mis cuatro hermanos habíamos preparado una fiesta para nuestro padre pero fue él quien nos trajo el mejor regalo del mundo, a nuestro Brown; a nuestro marroncito peludo; esa bolita dulce y buena, ese compañero alegre y risueño que llenó nuestras vidas. Nunca había tenido un perro antes, les tenía miedo, pero él fue especial, él me hizo amar a los perros. Por eso siento como si me hubiesen arrancado algo. Siento su vacío, me faltan sus ojitos mirándome. Me falta su cariño. Nunca pensé que podría echarle tanto de menos pero esta semana ha sido la más dura que he pasado en mucho tiempo. Me asaltan muchos recuerdos y me puede la pena de no haber estado con él en ese instante final. Sé que él se llevó todo nuestro amor, que lo sintió, pero me siento triste, muy triste. Él ha sido muy importante para mi, tanto que, aunque me sienta incapaz de escribir, tengo que hacerle este pequeño homenaje desde aquí.
Estabas destinado para mí, y le doy gracias al destino por haberte puesto en mi vida.
Adiós amigo, ojala exista un cielo donde nos podamos volver a ver.


9 comentarios:

Ligia dijo...

No tengo palabras, Raquel. Es difícil el consuelo en estos casos. Pero bueno, supongo que tendrás que quedarte con los años de felicidad compartidos. Abrazos

Ana dijo...

Tengo el corazón roto Raque, lo echo mucho de menos, lo añoro, lo extraño, me siento muy triste sin él, sin verle, sin acariciarle, sin que me sonría con los ojos, esos ojos tan buenos y humanos. Fue nuestro primer perro y siempre será el mejor.Lo hemos querido mucho y donde quiera que este seguro que tiene todo nuestro amor, que lo sintio hasta el final. Ahora tenemos que superar su ausencia aunque duela. Y ¿sabes?, no se ha ido del todo, está en nuestros corazones, en nuestros recuerdos, en todas partes.
Te quiero mucho Raque.

Anónimo dijo...

El dolor se irá mitigando. El recuerdo se tornará claro y luminoso e incluso cuando oigas los ladridos de tu fiel brown (por estos lares o quizás por otros, quien sabe) su recuerdo te producirá alegría, aun cuando pienses en su partida.

Imagino que es difícil. No me puedo poner en tu situación; debido al miedo nunca he podido mirar con tus ojos a un señor canino. Pero entiendo el dolor. Es media vida. Son muchas cosas que el tiempo hace sembrar y el momento fructificar. Era un ser querido y eso siempre duele.

Desde la ignorancia, un saludo y un gran abrazo de parte del señor de Minnesota.

Nieves dijo...

Una entrada preciosa como homenaje a vuestro perro Raquel, lo siento mucho, porque sé que se pasa muy mal, nosotros perdimos a la nuestra hace años y a modo de homenaje escribí una pequeña biografia sobre ella, para no olvidarnos nunca de sus anécdotas graciosas y de los múltiples detalles inteligentes y afectivos, con los que nos había obsequiado a lo largo de sus 8 años de vida. Para mí fue muy terapeútico. Un beso y mucho ánimo,

Durrell dijo...

Una gran tristeza, Raquel, lamento que lo hayais perdido porque estoy segura que era un amor recíproco el que teníais con vuestro perro.

¡Ánimos, para ti y para Ana! y un montón de besos para las dos.

Anónimo dijo...

:'(

MUAKS SIEMPREE!!

Gemmayla dijo...

Lo siento en el alma, Raquel.
Un abrazo entrañable.

Raquel dijo...

A medida que pasa el tiempo los buenos recuerdos es lo que va quedando y más se valora. Gracias Ligia. Un abrazo grande.


Te quiero mucho Ana, ya lo sabes. Es duro pero hya que aceptarlo, aunque siempre se sentirá su ausencia.Besos.


Al principio parece imposible que eso pase pero el tiempo va diluyendo la tristeza. La verdad es que es dificil decir adiós a un amigo de tantos años, y más porque nos quería mucho y siempre estaba detrás de nosotros. Es como perder un brazo. Duele, pero ya menos, poco a poco menos, porque sé que está mejor ahora.
Un abrazo.


Te voy a ahcer caso, me gusta mucho esa idea, tengo muchas anécdotas y él se merece eso y más. Gracias Nieves. Un abrazo.


Sí, Durrell, era más que un perro, era un amigo, una parte de mi familia, y se hace duro no verle, pero así es la vida, hay que aceptar que aquí sólo estamos de paso. Gracias, Un abrazo.


Besos, muchos besos :`(
Un abrazo.


Gracias Gemmayla. Un abrazo grande.

unys06 dijo...

Yo también acabo de tener esa pérdida de mi pequeñito y me gustó tu blog, también yo escribiré de mi perrito a manera de homenaje. Son muchos recuerdos y todos bonitos el que se comparte con un perrito, son unos seres vivos muy lindos y tiernos que nunca nos defraudan.

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