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19 de octubre de 2009

SALA
DE
LECTURA





* El cuento número trece
(Diane Setterfield)







Cuando una vieja escritora acostumbrada a mentir y una joven librera empeñada en saber la verdad se encuentran, regresan los fantasmas del pasado, los secretos de una familia marcada por el exceso, las cenizas de un incendio memorable y el perfil de un ser extraño que aparece y desaparece tras las cortinas de una mansión.
Entre mentiras, recuerdos e imaginación se teje la vida de la señora Winter, una famosa novelista ya muy entrada en años que pide ayuda a Margaret, una mujer joven y amante de los libros, para contar por fin la historia de su misterioso pasado."Cuéntame la verdad", pide Margaret, pero la verdad duele, y solo el día en que Vida Winter muera sabremos qué secretos encerraba El cuento número trece, una historia que nadie se había atrevido a escribir.


Con un comienzo prometedor se presenta “El cuento número trece”. Las primeras páginas se desarrollan con maestría logrando engancharte sin mucho esfuerzo. Pero muy rápidamente la magia creada en sus primeros capítulos se diluye en una sucesión cansina y desconcertante de descripciones que entorpecen la lectura y que nada aportan a la trama. El ambiente de la novela se vuelve oscuro por segundos. Durante más capítulos de los que una mente impresionable puede soportar, la narración de Diane Seterfield se deleita, de forma obsesiva, en imágenes grotescas. Se presentan los personajes, atormentados, locos, extraños. Se trasladan al tablero donde pasarán sus vidas imaginarias. Durante interminables capítulos jugaremos una partida perdida de antemano. La historia prometedora del principio se desinfla a pesar de los esfuerzos de la autora.

Bajo la amenazante atmósfera creada por Diane Seterfield encontramos muchas referencias a Jane Eyre, Cumbres Borrascosas, La dama de blanco… La fórmula de aquellas novelas decimonónicas calcada al milímetro. Pero Diane Seterfield se queda lejos de las Brönte. La acción, atascada en farragosas descripciones, no avanza.

No suelo dejar libros a medias, por eso no abandoné su lectura a pesar de lo mucho que me estaba costando. Pero estoy segura de que otro lector menos paciente que yo hubiera tirado la toalla a la mitad. El estilo de Diane Seterfield en la novela es impecable, pero parece que emule a otros escritores. Las descripciones son estupendas pero innecesarias, o dicho de otra manera, de nada vale que se deleite durante páginas en la descripción de una casa ruinosa, o de un reflejo en un cristal si la historia que hay detrás flojea, si no consigue emocionar y sorprender. No todo es malo. Realmente la historia tiene momentos entretenidos. En ocasiones, pocos, la historia te atrapa, te inmoviliza y durante páginas no te deja respirar. Tiene una cualidad a resaltar, y es ese poder de atracción, como la visión de las nubes negras de tormenta. Creo que hubiera ganado si la autora hubiera eliminado 30 o 40 páginas de “paja”. Se deja leer, y ya sea por la influencia de esa literatura gótica y lúgubre de la novela decimonónica, tiene momentos memorables. Como en aquellas novelas tiene sus personajes pálidos y perversos, y vergonzosos secretos escondidos en desvanes, e incendios que aniquilan muros pero que no consiguen borrar el pasado esplendoroso de viejas mansiones y deshonrosos misterios. Tiene su buena dosis de personajes enfermizos, con los que no puedes identificarte, y fantasmas, como no. Fantasmas. Y Vida Winter, el único de los personajes que me conquistó.

Mi impresión tras la lectura, decepcionante.




Imagen:"Lectora de novelas" Vincent Van Gogh.

8 comentarios:

Prometeo dijo...

Sin embargo a mi me cautivo su atmosfera llena de sugerentes misterios, goticismos sin fin, poesia en sus frases. En sus dias edite mi impresion de la novela:
http://comunidad.terra.es/blogs/prometeolibros/archive/2007/12/26/elcuentonumerotrecededianesetterfield.aspx
Ya se sabe los libros son mas del lector que del escritor..un abrazo.

Raquel dijo...

Acabo de leer tu blog. Escuetas, pero preciosas palabras.
Reconozco ser muy critica...casi siempre. A mi la primera parte me fascinó. Pero despues se me hizo muy largo. Algunos pasajes se eternizaron y me resultaron muy pesados. Sin contar la decepción del cuento número trece. Aún así hay partes que me gustaron mucho por la poesía. Sin embargo me pesan más las partes farragosas y aburridas.

Un abrazo, Prometeo.

Ligia dijo...

Yo soy de las que tiró la toalla a la mitad. El principio me encantó y me fue decepcionando hasta aburrirme. Espero retomarlo en otro momento para no quedarme con las ganas. Abrazos

Ana dijo...

Buena reseña, interesante tu comentario sobre el libro. Por lo que he leído hay que tener paciencia con este libro, yo soy de las que dan segundas oportunidades a las historias, puede que le dé la primera pronto.
Besitos :)

Malena dijo...

Mi querida Raquel: Yo sí que soy de las que dejan libros a la mitad cuando me resultan insoportables. Tendré en cuenta tu opinión y la de Prometeo pero lo pediré a la Biblioteca porque ya no me caben más en casa.

Gracias por tu crítica.

Mil besos y mil rosas.

Raquel dijo...

Gracias a las tres y muchos besos.

Buen fin de semana.

NoSurrender dijo...

Últimamente estoy muy poco de novelas y sólo leo ensayo. mi última novela fue "Mañana no será lo que Dios quiera", de García Montero, y me decepcionó bastante. En fin, no siempre se tiene suerte. Y eso es lo que hace más maravilloso encontrar algo que nos llega de verdad.

Besos.

Raquel dijo...

Sí, no siempre hay suerte o no es el momento. Algunos libros se entienden y llegan mejor con un determinado estado de ánimo.
Un beso, y gracias por la visita a mi blog.

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