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11 de noviembre de 2013



Llega el frío y con él los resfriados, pero ¿es verdad que el frío nos enferma?
Pues técnicamente no. El frío no es el causante sino los virus y bacterias que pululan por ahí y a los que estamos más expuestos cuando hace frío. Y esto se debe a una  simple razón; cuando hace frío tendemos a pasar más tiempo en lugares cerrados para protegernos lo que facilita la propagación de los microorganismos.
Cuando uno de esos microorganismos llega a nuestro torrente sanguíneo nuestro cuerpo tiene que combatirlos para destruirlos causando malestar general y  fiebre.

No le eches la culpa al frío

El resfriado común o catarro es causado con más frecuencia por el rinovirus (30-50%), un tipo de picornavirus con 99 serotipos conocidos. Otros virus implicados incluyen: los coronavirus (10-15%), virus influenza (5-15%), los virus parainfluenza humano, y los virus sincitial respiratorio, adenovirus, enterovirus, y metapneumovirus.
En total más de 200  tipos de virus diferentes causan resfriados por lo que hasta el momento ha sido imposible encontrar una cura para la enfermedad (solo se tratan los síntomas)
El resfriado común al igual que la gripe es transmitido por gotitas en aerosoles despedidos por la saliva y secreciones nasales. Ojo al dato, la saliva que acompaña a un estornudo pude alcanzar hasta 5 metros.



La mejor forma de prevenir el resfriado es mediante la higiene de manos ya que generalmente nos infectamos al tocar con nuestras manos, con microorganismos infecciosos, nuestros ojos, boca y nariz.
Sin embargo si es cierto que el frio tenga efectos negativos en nosotros; en el caso del frío extremo puede causar congelamiento de extremidades, como dedos, mejillas, nariz y orejas. Si no se trata a tiempo puede resultar en la pérdida de tejido.
Pero uno de las manifestaciones más drásticas del frío en el cuerpo humano es la hipotermia que puede llevarnos a la muerte.

¿Por qué tiritamos?

El frío extremo hace que perdamos calor corporal por irradiación. Por ello, cuando la temperatura ambiente es baja y sentimos frío, tendemos a frotarnos las palmas de las manos, los brazos o nos movemos enérgicamente para que nuestros músculos generen calor. Pero si la producción térmica de nuestros movimientos es insuficiente, reaccionamos de manera automática e involuntaria tiritando.
Así pues, tiritar es un movimiento involuntario y convulsivo consistente en la contracción y el relajamiento repetitivo de miles de pequeñas fibras musculares a lo largo de todo nuestro cuerpo, con la finalidad de generar calor aumentando el ritmo metabólico hasta restablecer el equilibrio térmico.
El estornudo y “chorreo” nasal también son mecanismos de defensa para sacar los microorganismos de nuestro cuerpo.

Cuidado con el frío extremo

Si nuestra temperatura desciende a los 32º C sufrimos amnesia; a los 27º C perdemos el conocimiento y a los 21º C nos morimos. Para conseguir mantener la temperatura óptima, invertimos el 75% de la energía que generamos.

¿Por qué  se nos enfrían antes los pies y las manos?

Cuando hace mucho frío nuestro organismo limita el calor a la zona interna del cuerpo constriñendo los vasos sanguíneos de las extremidades. De esta manera la sangre no pierde calor al pasar por zonas muy cercanas a la superficie. Debido a ello nuestras manos y pies se enfrían antes cuando hace frío y es lo primero que se congela en una situación de frío extremo.
Si nos vemos más pálidos en invierno es precisamente por este fenómeno; el flujo de sangre en la piel se limita para reducir la pérdida de calor.

Sólo podemos aliviar sus síntomas

Cuando los virus han entrado en nuestro organismo se empiezan a reproducir en un plazo de un par de días. Es cuando nuestro sistema inmune activa los mecanismos de defensa, que incluyen: secreción de mucosas, tos, malestar general y en ocasiones, fiebre. Esto suele durar un par de días más, hasta que el cuerpo elimina completamente a los pequeños invasores, y desarrolla inmunidad para ese tipo de virus. El problema es que existen cientos de virus distintos que producen resfriados, y eso hace también inviable la fabricación de una vacuna. El catarro no tiene cura, sólo existen medicamentos para aliviar los síntomas.

Vitamina C

En los años 70 el premio Nobel Linus Pauling desarrolló una teoría a la que llamó medicina ortomolecular y que planteaba el uso de grandes dosis de vitaminas para curar todas las enfermedades. Sin embargo estudios científicos posteriores no han encontrado indicios de que la vitamina C cure el resfriado. Lo que sí se sabe es que si se aplican dosis regulares de esta vitamina a lo largo de muchos meses (que pueden alcanzarse con una buena alimentación), los catarros suelen durar y afectar menos a los enfermos.



Gripe o resfriado

La gripe es otra enfermedad distinta, y esta causada por diferentes virus de la familia Orthomyxoviridae. Tiene una mayor duración y trae mayores malestares, dolores de cabeza y fiebre, además de los síntomas de los resfriados comunes. Para prevenir la gripe se aconseja tener una buena higiene de manos, aunque en este caso sí existen vacunas, porque entre un 10 y un 50% de los casos suelen ser causados por una epidemia de un virus en particular.
Pero recuerda que tanto los  catarros como la gripe pueden llegar a presentar complicaciones.  Ante cualquier duda, acude a tu médico.





Fuentes: Taringa, Sabercurioso. 

9 de noviembre de 2013


SALA
DE
LECTURA





 La naranja mecánica – Anthony Burgess







Sinopsis:

La naranja mecánica cuenta la historia del nadsat-adolescente Alex y sus tres drugos-amigos en un mundo de crueldad y destrucción. Alex tiene los principales atributos humanos: amor a la agresión, amor al lenguaje, amor a la belleza. Pero es joven y no ha entendido aún la verdadera importancia de la libertad, la que disfruta de un modo violento. En cierto sentido vive en el edén, y sólo cuando cae (como en verdad le ocurre, desde una ventana) parece capaz de llegar a transformarse en un verdadero ser humano.



Ser más raro que un perro verde, este podría ser el equivalente español de la expresión que da título al libro. «As queer as a clockwork orange». Esta popular expresión cockney la escuchó el autor en un pub de Londres y la imagen que surgió en su cabeza le pareció muy poderosa, tanto que cuando escribió esta historia sobre la extrema violencia ese fue el único título que barajó, tenía claro que así enmarcaba la esencia del libro, y más concretamente de lo que le ocurre a su protagonista principal, Alex, quien se somete voluntariamente a una revolucionaria técnica llamada Ludovico que por decirlo así tiene como objetivo desprogramar ese interruptor fallido de su cabeza -y que le hace ser un psicópata , negándole su capacidad para decidir, convirtiéndole así en un autómata, desprovisto  de personalidad.

Aunque la actitud de los personajes ya es antinatural de por sí. Puesto que las personas normales podemos decidir entre hacer el bien o no hacerlo, pero Alex y sus “drugos” realmente no eligen porque no tienen activado el interruptor del bien en sus cerebros; sencillamente nacieron sin él. Disfrutan con el mal, es lo que les sale natural. 
Realmente los dos extremos por los que pasa Alex son aberrantes, porque en su estado “normal” no sólo está inclinado a la violencia, sino que no concibe su vida sin ella, y en el segundo estado, inducido mediante técnicas de modificación de conducta, sólo puede actuar bien aunque eso le deje en una situación de vulnerabilidad.

Burgess encontró la inspiración para su historia leyendo un artículo que le indignó y en el que se  hablaba de que se podía eliminar ese instinto perverso con una técnica de «aversión». Pero para Burgess eso significaba que al eliminarse esa tendencia criminal también se anulaba la capacidad de elección consciente del individuo. Ante la disyuntiva de ser un autómata, Burgess lo tenía claro:   “prefiero ser malvado por decisión propia a bueno por un lavado del cerebro”.

El tema de la extrema violencia no le era muy ajeno al propio autor, él mismo fue victima de ella cuando él y su mujer fueron robados y asaltados en 1942 por cuatro marines estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial; su mujer fue violada y como consecuencia de la paliza que sufrió tuvo un aborto.
Pero si algo de verdad le impulsó a escribir fue la inminencia de la muerte. En 1959 tuvo que escuchar un diagnóstico demoledor, se le encontró un tumor cerebral irreversible e inoperable,  los médicos sólo le vaticinaron unos pocos meses de vida.  Fue ese el revulsivo que le llevó a dejar su profesión de maestro para dedicarse por entero a la escritura. Así surgió La naranja mecánica y otros 50 libros más.

Burgess vivió hasta el 22 de noviembre de 1993 cuando un cáncer de pulmón apagó su vida. Finalmente el fatídico diagnóstico no se cumplió, quizás por la intensa actividad cerebral  del escritor, que nunca dejó de crear y crear.
De todas sus obras fue La naranja mecánica la que alcanzó la fama, gracias sobre todo a la versión cinematográfica que hizo de ella el director Stanley Kubrick.

Se le considera una obra maestra del siglo XX, y la verdad es que mi motivación para leerlo fue esa precisamente, que se le considerara un libro imprescindible. Lo que me encontré fue un libro de pocas páginas pero escrito de una forma que al principio dificulta la lectura, ya que los personajes hablan en una jerga extraña llamada “nadsat”, por lo que hay que parar de leer para mirar en el glosario el significado de palabras como joroschó (bueno),  cheloveco (sujeto), moloco (leche) o synthemesco (drogas) entre otras muchas. Al poco me cansé y realmente me dejé llevar por la lectura imaginando por el contexto el significado  de las palabras nadsat.

El libro se divide en tres partes de siete capítulos cada uno. Hay violencia, tema atemporal, pero no más que la que encontramos hoy en día en cualquier película de acción, y cuesta pillarle el punto al personaje principal pero cuando te acostumbras a la forma de hablar del  “humilde narrador”  la cosa fluye. Como curiosidad decir que el libro fue publicado de forma incompleta. Originariamente, Anthony Burgess escribió 21 capítulos pero solo 20 vieron la luz en la edición americana. En la versión que leí  ese último capítulo si está incluido y cierra el libro a modo de epílogo, y la verdad que es un poco pegote, algo flojillo, pero en este capitulo el autor quería mostrar la transformación moral, y voluntaria, de su personaje, algo imprescindible en la literatura de Burgess.

Burgess escribió y publicó mucho, pero según él mismo se lamentaba, tuvo que pasar a la historia de la literatura gracias a una obra considerada por él menor. La fama que alcanzó el libro por la película de Kubrick llegó a pesarle, pero al mismo tiempo fue Kubrick y su versión cinematográfica la que proyectó su imagen más allá de lo que lo hubiera conseguido con sus propias obras.
A mi, tengo que reconocerlo, me resultó un libro curioso, quizás una obra maestra sería mucho decir, pero sin duda, como diría Alex, un libro muy joroschó.

Recomendable. 

Ilustración: Yoko Tanji

7 de noviembre de 2013

Carpark

Este divertido corto de animación es una creación de la empresa británica Bird Box Studio. Y la verdad es que hoy me ha hecho sonreír, espero que a ti también.
Disfrútalo.



6 de noviembre de 2013



Desde muy antiguo se ha utilizado Abracadabra para atraer a esos espíritus benevolentes que protegen contra enfermedades, en virtud de la creencia curativa que se otorgaba en la antigüedad a ciertas palabras mágicas.

Su etimología es incierta. Así, según el diccionario de Magia en el Mundo Antiguo (Ed. Aldebarán) proviene de la antigua expresión hebrea abreq ad habra, que significa “envía tu fuego hasta la muerte”, aunque otros autores sostienen que, aunque su origen es hebreo, su significado es la Trinidad al venir de ab, padre, ruah, espíritu y dabar, palabra. Hay también quien asegura que Abracadabra fue un ídolo de Siria que curaba ciertas enfermedades, al repetir varias veces su nombre. Y por último, los que afirman que proviene de abraxas, palabra que designa entre los gnósticos el curso del sol y representa a Dios todopoderoso, y dabar, cuyo significado es palabra divina.

En un manual de medicina en verso y en latín titulado Liber Medicinalis, que aunque no tiene fecha ni autor cierto se relaciona con sabios de entorno al 200 d.C., se explica cómo esta palabra es capaz de curar la fiebre. Primero hay que escribirla en un papel de este modo, es decir, quitando en cada línea una letra del final de la palabra con respecto a la línea anterior:





Entonces ese papel se enrolla formando un pequeño tubo y con un cordel se elabora un collar con dicho tubo para poder llevarlo alrededor del cuello. Según aquel manual de medicina romano, sólo con hacer esto la fiebre abandonará nuestro cuerpo.

Según otras creencias, Abracadabra proviene del arameo ibra k’dibra, donde ibra, “he creado”, y k’dibra “a través de mis palabra”, da como resultado: «creo cuando digo».

Uno de los primeros registros de la palabra proviene del siglo II a.C., en la Roma imperial, cuando el médico Quinto Sereno Samónico escribió en un libro que la malaria podía curarse portando un amuleto en el cual se escribiera esta palabra de forma triangular.




También fue utilizada ampliamente por los gnósticos basilidianos (una secta fundada por el alejandrino Basilides en el primer siglo de la era cristiana, que pretendía unificar las enseñanzas de Jesús con los principios místicos de las otras religiones y con la tradición filosófica grecolatina), y se ha encontrado escrita en las piedras de Abraxas (palabra mística que se equipara a Dios, considerado como el logos creador del sistema planetario), que se usaban como amuletos.

Según el cabalista Eliphas Levy, la combinación de las letras que componen esta palabra en su forma triangular, tiene un significado místico: la letra A —la unidad, el principio— se encuentra repetida cinco veces en la palabra y 35 en el triángulo completo, y la división da como resultado siete, que tiene un importante valor cabalístico.

Para el célebre ocultista Aleister Crowley, abracadabra era una palabra de gran poder, aunque sostenía que su verdadera forma era abrahadabra.





Fuentes: Curistoria, Muy interesante,Algarabia.com.
Imagenes: Google.

2 de noviembre de 2013

Los Monstruos de John Kenn

Oficialmente este joven danés nacido en 1978 escribe y dirige programas infantiles para la televisión de su país, pero en sus ratos libres, cuando sus pequeños gemelos le dan una tregua, da rienda suelta a su creatividad dibujando en post-it, y hace maravillas como las que podéis ver. Su estilo recuerda bastante a los dibujos de Edward Gorey, y como podéis comprobar su universo está repleto de criaturas extrañas, inquietantes y escalofriantes. Kenn dice inspirarse en los relatos de H.P. Lovecraft y en los libros de Stephen King, pero su inspiración nace también del recuerdo de sus pesadillas infantiles y del rico folclore de Dinamarca; allí la editorial “Aben Maler” ha editado dos libros con las ilustraciones de John Kenn, Post-It Monsters y More post-It Monsters. 

Más sobre este ilustrador en su página personal: http://johnkenn.blogspot.com.es/


















24 de octubre de 2013

Death Fails

De todos los trabajos posibles el de la muerte es, sin duda, el más malagradecido de todos, el más engorroso y el más ingrato. Su sola mención despierta miedos y fobias. Hay quien evita mentarla, por si las moscas, no vaya a ser que por tanto hablar de ella se le ocurra aparecerse así como así. Pero ella está ahí, a la espera, rondándonos desde el inicio de los tiempos, y nunca ha tenido un día libre. No es de extrañar que tanto trabajo le pase factura alguna vez. A veces el trabajo se complica y todo sale mal...
Death Fails fue dirigido y producido por Dmitri Voloshin para Simpals.



21 de octubre de 2013

De objetos malditos y terroríficos



Su frío resplandor ha llevado a la muerte a 20  personas. De acuerdo con la leyenda, por ser resultado de una profanación, trae desgracias a sus dueños.

La leyenda sitúa el origen de esta gema en la India, donde se cree que estaba engarzado en una estatua de la diosa Sita. Pero el diamante fue robado, y no se supo de él hasta los años 1660-1661, fecha en que el mercader francés Jean Baptiste Tavernier lo adquirió y se lo vendió al rey Luis XIV de Francia, en el año 1669, a cambio de 220.000 libras.
Tras venderlo Tavernier terminó arruinado y murió de frío en Rusia; su cadáver fue encontrado mordisqueado por las ratas.


En manos de la familia real, se le asocia a la muerte  inesperada de Luis XIV, de su amante Madame de Montespan, y a la ejecución de Luis XVI,  Maria Antonieta  y la princesa Lamballe en la guillotina.
Ya en 1792, unos ladrones se mataron entre sí por la joya, y solo uno sobrevivió para quedársela hasta 1820, año en la que se la mostró al tallador holandés Wilhelm Fals para que éste sacara dos joyas del diamante. La primera de esas joyas fue adquirida por Carlos Federico Guillermo, duque de Brunswick, quien tras adquirirla se quedó en la calle sin que hubieran pasado más de dos meses. La segunda fue tomada por el hijo del tallador Wilhelm Falls, quien la robó para vendérsela a un francés llamado Beaulieu; esto hizo que su padre muriera de dolor, y tras lo cual él se suicidó.
Asustado tras enterarse de todas las desgracias vinculadas a la gema, Beaulieu vendió la piedra a David Eliason, un curtidor judío, quien  se la vendió al rey Jorge IV de Inglaterra; el cual, ignorando las desgracias que ensombrecían el resplandor del diamante, lo incrustó en la corona que estaba haciéndose. El rey perdió la cordura en 1822, y  murió ocho años después.
Muerto Jorge IV, aparece en escena el adinerado Sir Henry Hope, quien contrató a un grupo de rosacruces para que hiciesen una ceremonia mágica y exorcizaran a la joya.
En 1901 Hope la vendió a un norteamericano llamado Colot. Colot perdió su salud y su fortuna tras adquirir la joya, y desesperado se la vendió al príncipe Kanitowski, un noble ruso aficionado a las juergas, y dotado de una inmensa fortuna.
Kanitowski, mujeriego de vocación, fue a París y allí le regaló el diamante a una vedette  a quien terminó matando a tiros en una pelea. Tras recuperar el diamante, Kanitowski se lo vendió al griego Simón Montarides, quien murió poco después en un carruaje con su mujer y su hijo al volcar éste.
Abdul Hamid II, rey de Turquía, lo adquirió, terminando por perder el trono en una revolución, y acabando sus días en prisión.
Quien se apoderó del diamante después, desapareció en pleno océano, pero la gema no estaba con él y fue a parar bajo la custodia de un banco francés, el cual “misteriosamente” terminó por quebrar, antes de lo cual le vendió el diamante al director del Washington Post, recayendo la maldición también sobre él; su esposa enfermó gravemente y su hijo fue atropellado. Temiendo cosas peores, vendió el aciago diamante a la familia MacLean.
Los MacLean fueron igualmente castigados por el diamante: en 1918 uno de los hijos, de ocho años, murió atropellado, luego una hija murió por sobredosis de somníferos, y finalmente el padre de la familia se deprimió y terminó sus días en un manicomio.

Evalyn Walsh McLean lo donó al Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian,
donde es una de las joyas más visitadas.
El diamante dejaba un rastro de miseria y muerte a donde fuera, y consciente de ello, la señora MacLean hizo guardar la joya en una bóveda de seguridad, donde la tuvo 20 años hasta que su nieta falleció misteriosamente en Texas.
Finalmente el diamante fue vendido a Harry Wiston, quien para no arriesgarse lo transfirió al Smithsonian Institute de Washington, donde aún permanece hasta nuestros días, encerrado tras una urna de cristal, cual si fuese un brillante asesino.




Corría el año 1981, una época floreciente para la industria de los videojuegos; las salones con maquinas arcade eran una sensación que atraía a numerosos jugadores. En los suburbios de Portland un nuevo juego apareció en los salones recreativos, se trataba del Polybius; una auténtica revolución en aquella época por su aspecto gráfico, de colores vivos y abundantes efectos luminosos. Rápidamente se convirtió en una atracción muy adictiva para todos los jugadores de videojuegos.
La empresa fabricante, la alemana Sinneslöschen, parecía esconder la clave de lo que ocurriría con los jugadores, pues la traducción de su nombre revelaba lo siguiente: “pérdida de los sentidos”. Fue así que, lo que tuvo un brillante comienzo, acabó en el trágico final que convirtió al juego en leyenda.


Aunque el juego  se hizo popular, muy pronto empezaron las denuncias  y quejas de los jugadores,  quienes decían sufrir mareos, vómitos, episodios de amnesia, horrendas pesadillas, alucinaciones visuales y auditivas y hasta crisis epilépticas en algunos casos. Pero lo más aterrador de todo estaba en lo que, por ser percibido igualmente por todos, parecía no ser un mero producto de la mente. Eran los escalofriantes rostros fantasmales que solo se veían con el rabillo del ojo, rostros que  cruzaban por la pantalla a grandes velocidades, desapareciendo en un abrir y cerrar de ojos.  Así mismo los jugadores escuchaban voces y lamentos confundidos con la música y el ruido del videojuego, además se percibían mensajes subliminales a frecuencias casi inaudibles, mensajes que reaparecían en las pesadillas y en los episodios de alucinaciones, mensajes con contenidos desquiciantes, capaces de conducir a la depresión y al suicidio: “Honor apathy” (honra la apatía) “, “Kill yourself” (mátate), “No imagination” (sin imaginación), “No thought” (no pienses), “Conform” (confórmate), “Do not question authority” (no cuestiones a la autoridad) o “Surrender” (ríndete), entre otros.


Algunos testimonios  hablaban de hombres vestidos de negro, parecidos a los “Men in Black” que al finalizar el día se acercaban a los salones  para hacer preguntas al administrador sobre los efectos observados en los jugadores. Así mismo estos misteriosos hombres configuraban ciertos parámetros en las máquinas y luego se marchaban. En una ocasión  que olvidaron cerrar el menú de opciones  cuentan  los testigos que lo que vieron fue perturbador: allí se veían parámetros como “pesadillas”, “alucinaciones auditivas”, “alucinaciones visuales”, “amnesia” y “mensajes subliminales”.  Esto dio pie a la creencia de que Polybius era un proyecto del gobierno norteamericano; un experimento perverso para construir mecanismos con los cuales adormecer las conciencias de las masas o inducir al malestar social a través de la apatía, la depresión y la locura.



Finalmente, cuando la prensa local de Portland se hizo eco del fallecimiento de un jugador que sufrió un ataque epiléptico mientras jugaba, las maquinas fueron retiradas por estos hombres de negro al día siguiente, haciéndolas desaparecer para siempre.



Si has visto Expediente Warren te sonará esta historia, la de la inquietante muñeca Annabelle.
Todo comenzó en 1970, cuando una madre compró en una tienda  de coleccionistas una vieja muñeca de trapo para regalársela a su hija Donna, de 20 años, que estudiaba enfermería.  Donna, que compartía apartamento con su amiga Angie, colocó la muñeca sobre su cama. Pero a los pocos días comenzaron a suceder cosas extrañas.
La muñeca, que siempre era dejada por su dueña en el dormitorio o en un sillón en una posición horizontal y con las piernas cruzadas, comenzó a aparecer misteriosamente en otras partes de la casa. Aparecía en el comedor, en posición vertical o de pie, o bien arrodillada en la puerta de entrada, como si de repente hubiera comenzado a moverse por sí sola. Para empeorar la situación, las dos inquilinas del apartamento comenzaron a encontrar mensajes escritos en un papel de pergamino, con una letra de niño pequeño, que decían: “Ayúdanos” y “Ayuda a Lou” (Lou era el nombre del novio de Donna).


Cuando las dos amigas se encontraron a la muñeca con gotas de sangre en el pecho y las manos, decidieron que era hora de buscar la ayuda de una médium para que hiciera una sesión de espiritismo. De ese modo supieron que el espíritu que animaba a la muñeca  era el de una niña de siete años llamada Annabelle Higgins, quien había muerto trágicamente hacía muchos años en el mismo lugar donde vivían.
El espíritu le comunicó a la médium otra cosa inquietante. Dijo que se sentía en paz viviendo con Angie y Donna, por lo que quería seguir viviendo en la casa bajo la forma de la muñeca. Las dos chicas, enternecidas por su historia, respondieron afirmativamente. Ignoraban que el supuesto espíritu de Annabelle escondía en verdad a una presencia malvada.
Lou, el novio de Donna, fue el primero en sufrir las consecuencias. El joven, que había querido deshacerse de la muñeca desde la primera vez que la tuvo en sus manos, comenzó a sufrir recurrentes pesadillas con el juguete. Una noche, tras despertar de un mal sueño, miró al pie de su cama y vio, estupefacto, la aterradora figura de la muñeca de trapo. El juguete trepó en cuestión de segundos a su cama e intentó estrangularlo, aunque sólo consiguió desmayarlo.
Tras recuperar la conciencia, Lou se dirigió de inmediato a la casa de su novia decidido a destruir a la muñeca. Pero, tras llegar y saludar a Donna, escucharon ruidos procedentes del dormitorio de la chica, como si varias personas estuvieran hablando allí. Al entrar no vieron a nadie, sólo a Annabelle sentada en una esquina. En ese instante Lou se tocó el pecho transido de dolor. Cuando se abrió la camisa, empapada en sangre, descubrió que tenía siete marcas de garras distintas, tres verticales y cuatro horizontales, que le desgarraban la piel como si fueran quemaduras.


Convencidos definitivamente de que el espíritu que poseía  a la muñeca era maligno, Donna y sus amigos se pusieron en contacto con algunas autoridades eclesiásticas, quienes los pusieron en contacto con Ed y Lorraine Warren. Estos llegaron a la conclusión más obvia: el espíritu que se encontraba unido a la muñeca no era el de una inocente niña, sino el de una presencia diabólica no humana que deseaba poseer el alma de Donna.
Los Warren decidieron llevarse entonces a Annabelle a su casa  aunque  de camino a la misma el motor, la dirección y los frenos del coche comenzaron a fallar y estos sucesos sólo cesaron cuando Ed Warren roció a la muñeca con agua bendita. Ya en la casa, la muñeca siguió dando problemas. Levitó al menos un par de veces y comenzó a aparecer en las distintas habitaciones de la casa.
Los Warren contactaron con el sacerdote Jason Bradford para que hiciera un exorcismo a la muñeca. Pero éste, al ver a Annabelle, sólo exclamó: “Es sólo una muñeca de trapo. No puede hacer daño a nadie”. Increíblemente, cuando el religioso se retiró de la casa de los Warren, su coche sufrió un desperfecto en los frenos y terminó fuera de la carretera. El cura salvó con vida de milagro.


Finalmente se hizo construir una urna de cristal para encerrar allí a Annabelle. Con los años se transformó en una de las principales atracciones del famoso museo del ocultismo de Connecticut, lugar donde permanece en la actualidad.
Los entendidos afirman que la urna de cristal donde descansa Annabelle parece evitar que la muñeca se mueva, pero no son pocos los que especulan que la espeluznante entidad que le dictaba sus movimientos sigue allí, a la espera del día en que nuevamente pueda ser libre.



James Dean rodaba “Gigante”, la que sería su tercera y última película, cuando compró un Porsche 550 RS Spyder, al que bautizó como “Little Bastard”. Le gustaba conducirlo a gran velocidad y el 30 de septiembre de 1955, mientras lo conducía de camino al aeropuerto de Salinas donde pensaba disputar una carrera automovilística, encontró la muerte al chocar con un Ford Tudor que le salió al paso en un cruce. Su acompañante y amigo, el mecánico Rolf Weutherich sobrevivió pero se fracturó una pierna y la clavícula. Las heridas del actor eran tan graves que murió de camino al hospital; tenía 24 años.



La compañía de seguros se hizo cargo del maltrecho Porsche para su venta, pero inmediatamente comenzaron a suceder las tragedias: George Barkuis, el chófer que iba a llevárselo en un camión, se mató cuando el Porsche cayó sobre él después de que lo recogiera en el lugar del accidente.
George Barris,  especialista en arreglar coches de famosos, se quedó con el Little Bastard para utilizar algunas de sus componentes.
Cuando estaban bajando al Little Bastard con unas cuerdas, éstas se rompieron y el coche cayó, partiéndole las piernas a uno de los mecánicos. Dos de las ruedas del Little Bastard se incorporaron después a un automóvil de carreras, y en medio de una competición los dos neumáticos, justo los dos sacados del Little Bastard, estallaron, el coche se estrelló contra un vehículo rival, y el conductor estuvo varios días en coma. Eso podría ser pura coincidencia, pero George Barris también había vendido el eje de transmisión y el motor, cada uno a un conductor distinto. Ambos participaban en carreras de autos, y ambos murieron tras incorporar a sus coches las partes del coche maldito de James Dean.



Un asustado Barris, impresionado por tantas desgracias asociadas a las piezas del Porsche, vendió lo que quedaba, la carrocería y el chasis, a un museo de Sacramento; curiosamente, en una exposición el Little Bastard cayó del pedestal en que estaba, y le rompió la cadera a un joven visitante.
Sugestionados por la supuesta maldición del Little Bastard, los dueños del museo decidieron mandar al coche al desguace, donde finalmente sería destruido. Pero el Little Bastard, un objeto maldito entre los malditos, se cobró una nueva vida al estrellarse un coche contra el camión que se lo llevaba al desguace; el automóvil chocó con tanta fuerza que quedó sepultado bajo el Little Bastard, muriendo el conductor en el acto.
El coche intentó ser trasladado otras dos veces, pero volvió a caerse sin causar heridos. Es en este punto es cuando se pierde la pista; varias teorías dicen que el coche se perdió, otras que fue reconstruido para un museo en 1960, y la mayoría cree que los restos están en una caja en un sótano del Historic Auto Attraction Museum (Illinois, EEUU), donde nadie se atreve a tocarlo.



Fuentes: Marcianosmx.com,  Demonologia.net, Suite101.net,  Taringa, Historiadelmotor.com, Wikipedia. 

17 de octubre de 2013

Joshua Hoffine, capturando el terror

Joshua Hoffine nació en Kansas en 1973. Estudió literatura inglesa, graduándose en 1995, pero su verdadera profesión es la  fotografía.
En la mayoría de sus series fotográficas Hoffine explora la naturaleza de los miedos  tanto de los niños como de los adultos. En ellas busca capturar nuestros temores innatos; oscuridad, muerte, monstruos... Reconoce inspirarse en películas de terror y en historias cortas de  escritores como Lovecraft.
Para cada fotografía monta todo un set como si se dispusiera a grabar una película. Así mismo se encarga del vestuario, maquillaje y atrezzo,  e incluso de otros elementos como maquinas de humo para crear atmósferas, todo para evitar el uso de Photoshop que sólo emplea para afinar detalles y ajustar el color y el contraste.
Los personajes que podemos encontrar en sus fotografías son sus propios amigos y sus hijas, para quienes colaborar con su padre es un juego muy divertido.

Hoffine tiene una visión particular sobre el horror, que describe así:

"Creo que, en última instancia, el relato de terror tiene que ver con la inminencia y lo aleatorio de la muerte, así como la seguridad de que no hay certeza en la existencia. La experiencia del horror reside en esta confrontación con lo incierto. El terror nos dice que nuestra creencia en la seguridad es ilusoria y que los monstruos están por todas partes."

Si quieres ver más de este artista, pincha:















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