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13 de junio de 2014

La destructiva mano del hombre


Hace 50 años, el mar de Aral tenía una superficie de 66.000 km2 y 1000 kilómetros cúbicos de agua; era el cuarto lago más grande del planeta.  Hoy apenas queda el recuerdo de lo que un día fue este gran lago.
Cuando las autoridades soviéticas decidieron construir a principios de los años 60 unos 45 embalses y 80 presas (la mayoría tan deficientes que perdían más agua de la que transportaban)  no imaginaban que provocarían la casi desertización del mar de Aral.
Las presas que se construyeron para cultivar algodón desviando los cursos de agua que alimentaban el lago,  hacia los ríos Amu Darya y Sir Darya, dejaron al lago alimentado únicamente por una octava parte del caudal original, cifra que la elevada evaporación redujo aún más.
Como resultado se alteró el clima y los desiertos se impusieron. El lago servía como amortiguador del clima extremo de la zona, por lo que disminución hizo más duros los inviernos y los veranos.




Las tormentas de arena arrasan la zona con la enorme cantidad de polvo que produjo la desecación; un polvo en el que flotan esporas tóxicas de ántrax procedentes de la antigua base secreta de investigación biológica de Vozrozhdeniye abandonada tras la caída del muro de Berlín. También disminuyó el nivel freático que descendió de 53 a 36 metros. La pesca comercial, tras desaparecer 28 de las treinta especies de peces que habitaban aquellas aguas y quedar muchos pueblos pesqueros a 60 km. de la orilla del lago, desapareció.
Tras el 11 de septiembre EEUU se comprometió a limpiar el ántrax para evitar que fuera utilizado por terroristas pero poco pudo hacer ya estaba mezclado y extendido por el viento sin ningún control. Hoy la tasa de mortalidad es altísima, la bronquitis ha aumentado un 3.000%, la artritis un 6.000%, y tiene la mayor tasa de cáncer de esófago del mundo.
La región del mar de Aral vivió muchos años de progreso, crecimiento económico y demográfico mientras se dilapidaban sus recursos y envenenaban la salud de sus habitantes, abocándolos a un período de tiempo mucho mayor de pobreza y enfermedades. En esos primeros años cualquier voz que se hubiera alzado para denunciar lo que se estaba haciendo y lo que podía ocurrir habría sido acallada por la fuerza de los hechos. Una vez ocurrido el daño, ni los que idearon aquellos planes, ni los que ahora gobiernan ni la cooperación internacional son capaces de solucionar semejante catástrofe.




Las autoridades locales de Shiyan, China, llevan varios años demoliendo las montañas cercanas para expandir la ciudad y seguir creciendo hacia el norte.
Varios investigadores del país advierten de los riesgos económicos y ambientales que puede tener esta política de expansión megalómana a medio plazo. "Durante la pasada década", apuntan, "en ciudades como Chongqing, Shiyan, Yichang, Lanzhou y Yan’an se han creado decenas de kilómetros de tierra a base de aplanar colinas de entre 100 y 150 metros de altura para rellenar los valles". Según los expertos, estos proyectos están provocando ya la contaminación del aire y el agua, la erosión del terreno y las inundaciones. Y por si fuera poco, añaden, "destruirán los bosques y las tierras de cultivo y pondrán en peligro la vida de animales y plantas".
El proyecto más grande comenzó en 2012 en la ciudad de Yan’an, en la provincia de Shaanxi, y tiene como objetivo doblar la extensión de la ciudad allanando una zona de 78,5 km2. Las autoridades locales consideran que la obra les dará grandes beneficios económicos y bajará la presión en otras zonas de cultivo. Pero el cielo se oscurece los días de viento porque los equipos de demolición no empapan el terreno que tiran abajo. Las máquinas arrasan los bosques y colinas que encuentran a su paso, lo que tendrá consecuencias en el clima de la zona, pues muchas de estas irregularidades orográficas, y los bosques, sirven para retener la humedad y regular las lluvias.




Las consecuencias se están notando también en otras regiones. En la ciudad de Shiyan el aplanamiento de montañas ya ha causado corrimientos de tierras e inundaciones, además de alterar el curso de los ríos. Al eliminar la vegetación, se produce una erosión mayor del terreno y las aguas locales terminan llenas de sedimentos o contaminadas. Solo en el proyecto de movimiento de Lanzhou, donde se han tenido que parar las obras, se calcula que la erosión crecerá un 10% y la concentración de polvo en el aire aumentará un 49%.
Muchos de estos proyectos ignoran las leyes ambientales porque los gobiernos locales tienden a priorizar la consecución de dinero sobre la protección de la naturaleza.





Los Saltos de Guairá (en portugués Salto de Sete Quedas, en español Salto de las siete cascadas) o Salto Guaíra era la mayor cascada de agua del río Paraná hasta su desaparición en 1982 con la construcción de la represa hidroeléctrica de Itaipú.
Con un volumen estimado de 49.000.000 de litros por segundo, estas cataratas eran las mayores del mundo. Las cataratas se formaban en un punto donde el río Paraná era forzado por un angosto cañón, aguas abajo de la baja sierra de Iguatemy que es un ramal oriental de la Sierra de Maracayú; el río se angostaba de un ancho de unos 381 m a apenas 61 m. El salto más grande tenía una altura de 40 metros. Este conjunto constaba de un total de 18 cataratas. Además, había cientos de saltos menores.
Cuando “tenía vida”, era un espectáculo que emitía un ruido ensordecedor. Una de las atracciones, cuando aún existía, eran los puentes colgantes que daban una vista privilegiada de los Saltos.




Sin embargo, su potencia y su ubicación geográfica la hicieron presa de las manos humanas. Fueron Brasil y Paraguay quienes, como socios del proyecto de la represa, decidieron deshacerse del espectáculo natural que cada año atraía a cientos de turistas.
La presa genera el 95 por ciento de la energía eléctrica de Paraguay y el 24 por ciento de Brasil. Además de ser una obra considerada dentro de las Maravillas del Mundo Moderno. La presa también recibe visitas, más de 15 millones de turistas la han visitado, quienes en realidad tienen como primer objetivo las Cataratas de Iguazú.








La presa de las Tres Gargantas está situada en el curso del río Yangtsé en China. Es la planta hidroeléctrica más grande del mundo.
La construcción de la presa comenzó el 15 de diciembre de 1994, y se estimó que se prolongaría a lo largo de 17 años. El 9 de noviembre de 2001 se logró abrir el curso del río y en 2003 comenzó a operar el primer grupo de generadores. A partir de 2004 se instalaron un total de 4 grupos de generadores por año hasta completar la obra.
El 6 de junio de 2006 fue demolido el último muro de contención de la presa, con explosivos suficientes para derribar 400 edificios de 10 plantas. Tardó 12 segundos en caer. Se terminó el 30 de octubre de 2010. Casi 2 millones de personas fueron realojadas principalmente en nuevos barrios construidos en la ciudad de Chongqing. La inundación de las tierras provocó, también, grandes pérdidas de reliquias ubicadas en las cercanías del río. Elementos de la era Paleolítica. Las consecuencias medioambientales en el lugar han sido devastadoras. Un ejemplo es la reciente extinción del baiji o delfín chino, una especie endémica del río Yangtzé, que llevaba en peligro crítico de extinción desde hacía décadas.











En 2011 los datos obtenidos por vía satélite reflejaron los excesos de la tala masiva. Durante el mes de julio de ese año fueron arrasados 225 km², alcanzando una cifra de 2654,44 km². Brasil, Brasil, el quinto país más grande del mundo con 8.514.877 km², cubre con selvas y bosques más de la mitad de su extensión, principalmente situados en la cuenca amazónica. De entre estas vastas extensiones vegetales sólo algo menos de dos millones de kilómetros cuadrados se encuentran protegidas por Ley, permaneciendo el resto en propiedad privada (con un 4,5% de propietarios terratenientes que poseen el 81% de las tierras) o en situación irregular.
La tala masiva alcanzó sus mayores cotas en Brasil durante 2004, año en que fueron devastados 27.000 km² (una extensión muy próxima a la de toda Galicia o el equivalente a más de cinco millones de campos de fútbol)
Aunque Brasil manifiesta sus intenciones de liderar una causa verde mundial, desde su posición de potencia emergente y rica en recursos naturales, la industria agrícola sigue imponiendo la lógica del latifundio y el uso de pesticidas frente a un modelo menos agresivo, más basado en la agricultura familiar, que defienden los ecologistas y que precisaría en Brasil de una verdadera reforma agraria.           
Los mayores índices de deforestación ocurrieron en los Estados de Mato Grosso (52%) y Roraima (49%). Pero el estado de Pará encabeza la lista si se considera el número de kilómetros deforestados (2.379km).
En Mato Grosso, el perfil de la deforestación es de áreas de 100 a 300 hectáreas, tomadas para la expansión del área agrícola y el cultivo de soja. En el estado de Pará, el perfil es de áreas de más de mil hectáreas, deforestadas para generar especulación de terrenos.



2 comentarios:

Ligia dijo...

Unos datos tremendos!! Y las imágenes, desconsoladoras. Abrazos

Ana Bohemia dijo...

Una verdadera pena. Me han impresionado mucho pero especialmente el del Mar de Aral totalmente desecado. Horrible.
Y la deforestación del Amazonas es preocupante.
Buena entrada

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