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3 de agosto de 2009


Estamos en el ecuador del verano, una estación que me gusta, será que me recuerda a la infancia. Y es que el verano significaba libertad, esa libertad que ansiábamos todo el año, aunque tampoco nos librábamos de hacer las tareas. ¿Recuerdas lo de “Vacaciones Santillana”?
A pesar del tiempo trascurrido sigo anhelando la llegada del verano como cuando era niña. El verano y las vacaciones comenzaban, como no, con las hogueras de San Juan, la noche mágica por excelencia. Después llegaba mi cumpleaños y más pronto que tarde el verano se nos escapaba como arena entre los dedos. Lo que es innegable es que los veranos de antes duraban más o al menos esa es la sensación que tengo ahora.
Como decía, pasando el ecuador de esta seca estación la mitad de nuestro país tiene el verano en la maleta, unos porque se van de vacaciones, otros porque vuelven. Menos los que como yo no nos queda de otra que quedarnos en casita.
Pero no pasa nada, tampoco hace falta salir de viaje para disfrutar del estío. Tengo la suerte de vivir en una isla preciosa, con lugares increíbles y atardeceres de ensueño así que la cosa no es tan grave; vamos, que quien no se consuela es porque no quiere.
Pero el verano es algo más que buen tiempo y días soleados. A continuación encontrarás una práctica guía para entender mejor esta ardiente estación.


Típicos y tópicos del verano


Tiburón

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No importa si es la primera, segunda o tercera parte, Tiburón es la película favorita de los programadores de televisión. Imprescindible en verano. Tampoco importa si un canal ya la ha programado, cuantas más veces la repitan mejor. Es matemático, llega el 1 de Julio y en la tele echan Tiburón, por eso se ha convertido en todo un clásico de esta estación.
A los programadores de TV les gusta meternos miedo, así que no contentos con hacer que sintamos pánico en la playa nos programan todo tiempo de películas catastróficas relacionadas con viajes e incautos veraneantes: transatlánticos de lujo que se dan la vuelta, aviones que se estrellan, trenes que descarrilan…Nada mejor para salir traumatizados a nuestras destino de vacaciones.

Operación salida

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Tan estrechamente unido a esta época que es imposible imaginarse un verano sin las insufribles colas y atascos de la operación salida. Aunque los tiempos han cambiado y ya es difícil ver por nuestras carreteras aquellos SEAT 600 cargados hasta los topes, con los niños, la suegra, el perro, las maletas y hasta la jaula del canario, tampoco nos libramos de los atascos de los que deciden coger el coche para irse de vacaciones. Podríamos decir que es una estampa made in Spain.
Pillarás cola, da igual si te vas o no. Volviendo de pasar el domingo en la playa o la montaña te encontraras en un embotellamiento, seguro. Al menos nosotros tenemos aire acondicionado, ¿cómo lo aguantarían los viajeros de los años 60? Si es que estaban hechos de otra pasta.



Picaduras

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No te librarás de sufrirlas. De mosquito, de medusa, o cualquier otro tipo de insecto. En verano ten cuidado y utiliza protección especial. Un remedio casero y efectivo para evitar las picaduras de mosquito es usar un repelente casero a base de ajo (útil además si te acecha un vampiro), espliego, perejil, tomillo, cebolla o media rodaja de limón clavada con clavos (la especia). Colocado sobre la mesilla de noche son un excelente remedio.
También se aconseja no usar perfumes muy fuertes.


Televisión bochornosa


Nuestras series favoritas se despiden, los programas que seguimos echan el cierre hasta septiembre. Con el calor y el buen tiempo el consumo de televisión se reduce y su calidad también. Reposiciones; infumables programas veraniegos difíciles de digerir; películas mil veces vistas…llenan nuestras pantallas provocando más vergüenza ajena y aburrimiento que otra cosa.


Fiestas

No podían faltar. España es el país de la fiesta por excelencia y a la llegada del verano, las fiestas, romerías y celebraciones varias proliferan en nuestros pueblos, barrios y ciudades.

Huelgas
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Como no el tiempo más propicio para iniciar una será en verano. De pilotos o de limpiadores complicarán la vida de los veraneantes.

Playas masificadas y chiringuitos

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Las playas abarrotadas en las que es toda una proeza encontrar hueco y plantar la sombrilla también son un clásico del verano y una de las estampas más pintorescas. Los previsores, que aunque parezca que no en España también los hay, se levantaban de madrugada para bajar la sombrilla y la tumbona y colocarlas en primera línea de playa pero este año lo han prohibido. Los chiringuitos de playa también están amenazados. La ley de costas, esa ley selectiva e injusta, ha puesto fecha límite para cerrar todos los bares y restaurantes que ocupen los espacios públicos de la playa. Dentro de poco la imagen de los chiringuitos será algo del pasado.

Incendios

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Tristemente cada año se producen incendios en nuestro país, la mayoría intencionados.
Este verano está siendo especialmente trágico. Once personas han muerto como consecuencia de incendios forestales.
Respecto al año pasado el fuego ha arrasado un 80% más de superficie y ya son 75000 hectáreas las quemadas. Si estas cifras impactan no lo hace menos el número de detenidos como presuntos autores de incendios: 51.
El incendio de La Palma, que aún no se ha podido controlar y que lleva activo desde el viernes, ha calcinado unas 2000 hectáreas y ha destruido unas 30 casas.
Todos estos datos deberían hacernos recapacitar seriamente, por el futuro de nuestros montes y por el coste humano y material que se cobran los incendios cada año.

Olas de calor y resfriados

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En verano hace calor pero lo de la semana pasada no fue ni mucho menos normal. Temperaturas de 40 grados para arriba durante horas y una sensación de bochorno hicieron difícil hasta permanecer sentado en una silla. La casa ardía, y ni una ducha, ni dos conseguían mitigar esa sensación angustiosa y tórrida que dificultaba la respiración.
Todo indica que el cambio climático tiene mucho que ver en las olas de calor que hemos padecido en los últimos años. Se estima que en un futuro cercano España sufrirá olas de calor más frecuentes y duraderas. En Canarias concretamente se sufrirá periodos de lluvias intensas y más temporadas de sequía y calima, lo que modificará notablemente el clima de las islas, caracterizado por temperaturas sin grandes altibajos. Tendremos inviernos más fríos y veranos más calurosos. La biodiversidad de las islas se perderá, por lo que muchas especies vegetales y animales están condenados a desaparecer.
Aunque algunos se empeñen en negar lo evidente, los efectos del calentamiento global se están dejando notar.
Las olas de calor se han multiplicado por cuatro en los últimos diez años.

En verano tomamos más bebidas frías, estamos más expuestos a los cambios bruscos de temperatura (aire acondicionado) lo que tarde o temprano acaba ocasionándonos resfriados o molestias en la garganta. No hay nada peor que estar de vacaciones y ponerse malo, y lo digo por experiencia. Pero como sabes nada cura el típico resfriado estival. Toca reposo y beber muchos líquidos, evitar los cambios bruscos de temperatura y resistir como mejor se pueda los estornudos y las toses. El tratamiento con antibióticos se desaconseja ya que puede generarse una resistencia al medicamento.

Cambio de hábitos

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Comemos menos y nos decantamos por productos frescos y naturales. Zumos, fruta fresca, ensaladas ligeras. La clave está en hidratarse, y las frutas de temporada como las sandias, melones, las ciruelas y los melocotones además de ser ricas en agua ayudan a tus riñones y combaten el estrés.
Pero si hablamos de comidas veraniegas la ensaladilla rusa es un referente, como lo es el gazpacho y una buena paella a la orilla del mar. Imprescindibles.
Cambiar de hábitos acarrea ciertas molestias. El estreñimiento, las diarreas o las intoxicaciones por alimentos son algunas de ellas. Para evitar estos males mantén los alimentos bien refrigerados y evita ingerir aquéllos que hayan permanecido a temperatura ambiente, así como las mayonesas envasadas. Es aconsejable vigilar el consumo de pescados y mariscos crudos, helados artesanales, carnes poco cocinadas y aguas no tratadas. También es primordial cuidar la higiene de las manos siempre que se vayan a manipular alimentos. Tu salud está en juego.

Amores de verano y rupturas

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Estamos más guapos, nos sentimos más felices y desinhibidos, y ligamos más. Además estamos más dispuestos a conquistar y dejarnos conquistar. Los amores de verano están condenados a durar lo que dura el periodo de vacaciones pero aún así son los que más y mejor se recuerdan. Paseos por la playa al atardecer, arrullados por el sonido de las olas y bajo la luz de las estrellas, es imposible no sucumbir. A pesar de eso parece que el verano no es muy propicio para las parejas, pues es precisamente en verano, concretamente en el mes de septiembre, cuando más rupturas se producen.
Las horas de ocio junto a la pareja pueden quemar mucho y es que la convivencia siempre es difícil.

Bicicletas

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Las bicicletas son para el verano. Esta es la estación idónea para disfrutar de la naturaleza y del tiempo libre.

Abandono de animales


Cada año se abandonan en España unos 200.000 perros. Lo que nos convierte en uno de los países menos concienciados por el abandono animal de Europa. La principal causa de abandono de mascotas es básicamente la falta de información.
Si te vas de vacaciones y tienes perro se disparan cantidad de dudas, si no es posible llevártelo puedes dejarlo en la guardería canina o en un albergue pero por lo que más quieras no lo abandones en una carretera. Es cruel e inhumano deshacerse de esa forma de tu perro o tu gato, ellos nunca lo harían.


El verano tiene otras consecuencias más o menos molestas. En Agosto la actividad comercial se reduce; la mitad de los establecimientos cierran en este mes con el consiguiente engorro que eso supone. Aunque este año debido a la “Crisis” muchos comercios permanecerán abiertos a la espera de ventas.
Lo mejor del verano es la vitalidad que proporciona tanta luz solar. Después de un duro invierno la luz del sol es una bendición. Además están las puestas de sol. Justo empezando el verano fui espectadora de la mejor puesta de sol que he visto en mi vida…Increíble los colores, las texturas del mar y el cielo. Fue en La Punta, en la parte norte de Tenerife. El cielo era una paleta sorprendente de colores tornasolados que variaban muy rápidamente pasando del dorado al naranja, al rosa y al lila. El mar era verde azulado, con una textura metalizada muy viva. Era un día extraordinario, con una nitidez que le daba al paisaje un toque irreal. El sol naranja se hundía en el horizonte y en unos minutos, que fue lo que duró el proceso, los colores se transformaron como jamás había visto. Se respiraba verano en el ambiente. Por fin el sol se hundió a una velocidad anormal y acelerada, como un fogonazo con chispazo incluido. Su resplandor fue verde, un verde que me sorprendió mucho pues nunca había visto un atardecer de esa tonalidad.
Este fenómeno se da en contadas ocasiones climatológicas. Los ingleses lo denominan “Green flash”.
Esta época también es perfecta para observar el cielo y las estrellas. Otra experiencia especial del verano es caminar de noche por una ciudad desierta. Las terrazas donde tomar algo fresco y disfrutar de una buena compañía. El cine de verano, y, por qué no, las tormentas veraniegas.
El final del verano llegará y tendremos que volver a casa, de vuelta a las responsabilidades. De vuelta en casa solemos sentirnos tristes y cansados, es la depresión post vacaciones. Para superarla pensar en positivo, no dejarse llevar por la tristeza, hacer algo de ejercicio y dedicarse algo de tiempo al día: pasear, ir al cine, leer. Cualquier cosa que te ayude a mantener la mente relajada y tranquila.



24 de julio de 2009

Ben Lee



Puede que su nombre no te suene, de hecho a mi tampoco me sonaba de nada hasta que casualmente lo descubrí en youtube y me conquistó. De su música podría decirse que es como un soplo de aire fresco. Sus canciones son de esas que desprenden buen rollo, que te reconcilian con el mundo y te dibujan una sonrisa de satisfacción. Ben Lee es optimismo.
Este australiano de treinta años lleva más de la mitad de su vida dedicado al mundo de la música. Su primera incursión en este mundillo la realizó a la edad de 14 años con la banda “Noise Addict”, pero se centró en su carrera en solitario cuando la banda se separó. A los 16 años grabó su primer álbum, a los que le siguieron seis más.
“The Rebirth Of Venus" es el número siete, y está dedicado a todas las diosas del mundo y a las mujeres en general.





20 de julio de 2009

Fallece Frank McCourt



Hoy me despertaba con la triste noticia del fallecimiento del escritor Frank McCourt a los 78 años. McCourt estaba siendo tratado de un cáncer de piel pero su estado de salud se había complicado en las últimas semanas al contraer una meningitis que finalmente ha acabado con su vida. Una vida marcada por una difícil infancia y por la literatura.
“Las cenizas de Ángela” fue su mayor y tardío éxito -tenía más de sesenta años cuando lo publicó- alcanzando fama mundial al ganar el premio Pulitzer en 1997. Le siguieron “Lo es”, “El profesor” y “Ángela y el niño Jesús” todas ellas obras igualmente autobiográficas.
McCourt había dedicado gran parte de su vida a la enseñanza de los menos favorecidos.
Frank McCourt ha sido el escritor con el que más he disfrutado en los últimos tiempos; “Las cenizas de Ángela” es, sin lugar a dudas, uno de mis libros favoritos; he sentido mucho su muerte.

Descanse en paz.

13 de julio de 2009


SALA
DE
LECTURA





* El lector
(Bernhard Schlink)










Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens... El ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro. Siete años después, Michael, estudiante de Derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de criminales de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó... Bernhard Schlink ha escrito una deslumbrante novela sobre el amor, el horror y la piedad; sobre las heridas abiertas de la historia; sobre una generación de alemanes perseguida por un pasado que no vivieron directamente, pero cuyas sombras se ciernen sobre ellos.


Hace muchas semanas que lo terminé y tenía pendiente hacer un pequeño comentario. Con la perspectiva del tiempo, mi impresión sobre “El lector” es que se trata de un libro interesante y muy fácil de leer. Pero también tengo que decir que, en esta ocasión, su versión cinematográfica me gustó bastante más, y principalmente se debe a Kate Winslet.
Volviendo al libro, creo que una de sus bazas es su fluidez y brevedad, destacando su estilo directo y coloquial. Está dividido en tres partes muy diferenciadas. En la primera parte se narra el encuentro entre Michael y Hanna y su relación, que para Hanna es algo así como una vía escape a su rutina y para Michael de iniciación al sexo. Otro punto a favor de “El lector” es como Bernhard Schlink traza a sus personajes. Esta primera parte me gustó especialmente por su atmósfera.
La segunda parte, quizás más “descuidada” que la primera, sobresale por las dudas morales de Michael y por las reflexiones sobre el grado de culpabilidad de los alemanes en el holocausto y el conflicto generacional de postguerra. Todo ello se desencadena cuando algunos años después vuelven a encontrarse, él como estudiante de derecho y ella como procesada por crímenes nazis. Aquí la historia gana intensidad, y sin embargo hay algo que descoloca, que chirría, no llegué a comprender del todo la actitud de Hanna. No me convenció que su motivación estuviera influenciada por su “secreto”, y mucho menos que para ocultar eso tan vergonzoso a sus ojos fuera preferible hacerse guardiana de un campo de concentración nazi, con todo lo que eso conllevaba. Hanna, como personaje, me creó muchas dudas; es un personaje distante, muy frío, con el que es difícil sentir empatía. Las dudas de Michael, que conoce su secreto y puede ayudarla aunque no lo hace y no porque no quiera, son lo mejor de esta segunda parte.
En la tercera parte Michael retoma su relación con Hanna mediante cartas con cintas grabadas de aquellos libros que él le leía, las cuales envía a la cárcel donde ella cumple condena; una condena que es un acto de redención para ella. Lo mejor de esta tercera parte, el “sacrificio” de Hanna.
En general me ha gustado, pero no me ha cautivado. Terminé su lectura con una mezcla de sensaciones muy contradictorias, pero no con satisfacción plena. Aún así, considero que “El lector” es un libro que hay que leer.


9 de julio de 2009



Capadocia (en turco: Kapadokya; gr. Καππαδοκία) es una región histórica de Anatolia central, en Turquía, que abarca partes de las provincias de Kayseri, Aksaray, Niğde y Nevşehir.


Capadocia se caracteriza por tener una formación geológica única en el mundo, y por su patrimonio histórico y cultural. En el año 1985, fue incluida por la Unesco en la lista del Patrimonio de la Humanidad, con una zona protegida de 9.576 ha.


Desde hace miles de años y hasta la actualidad, ha habido diversos asentamientos humanos en la región. Algunas civilizaciones antiguas florecieron aquí, como la hitita, y otras procedieron de civilizaciones europeas o de otras regiones de Asia Menor, y todas ellas han dejado su huella cultural en Capadocia.



Las características geológicas del lugar han dado pie a que sus paisajes se describan a menudo como "paisajes lunares". La tierra del lugar, llamada toba calcárea, ha adquirido formas caprichosas tras millones de años de erosión, y es lo suficientemente débil para permitir que el ser humano construya sus moradas escarbando en la roca, en vez de erigir edificios. De esta forma, los paisajes lunares están llenos de cavernas, naturales y artificiales, muchas de las cuales continúan habitadas.



La situación geográfica de Capadocia la hizo encrucijada de rutas comerciales durante siglos, y también objeto de continuas invasiones. Los habitantes de la región construyeron refugios subterráneos (ejemplos que pueden ser visitados son las ciudades de Kaymaklı y Derinkuyu), donde ciudades enteras podían refugiarse en el subsuelo, y subsistir durante muchos meses sin arriesgarse al exterior.


Estas ciudades subterráneas estaban construidas de varios niveles (la ciudad de Kaymaklı tiene nueve subterráneos, aunque solamente cuatro están abiertos al turismo, y el resto están reservados para investigación arqueológica y antropológica), y estaban equipadas con respiraderos, caballerizas, panaderías, pozos de agua, y lo necesario para albergar poblaciones que podían llegar hasta 20.000 habitantes.


Cuando estas ciudades subterráneas fueron usadas durante el cristianismo bizantino, algunas cámaras fueron adaptadas como templos y decoradas con frescos en las paredes.



8 de julio de 2009

Perro Viejo

Lo reconocí nada más verle. Había cambiado desde la última vez que nos vimos, pero bajo las marcadas arrugas se apreciaba aquel halo autoritario que tanto había temido en otro tiempo. Él no me reconoció, ni siquiera cuando me acerqué a ayudarle con las bolsas que había dejado caer al suelo. Sus manos temblaban como hojas.

—Espere, le ayudaré.

No levantó la vista y me sentí nervioso, y en cierta forma defraudado porque él no reconoció el tono de mi voz. Claro que debía haber cambiado mucho. La última vez que nos vimos yo tenía catorce años y él cuarenta y uno. Ahora, veinte años después, mi voz debía sonar muy diferente.

—Gracias— dijo mirándome esquivamente.

Yo no podía dejar de mirarle y se debía a que su presencia ya no me asustaba. Debió notar en mi actitud algo extraño porque se volvió para mirarme muy fijamente.

El estómago me dio un vuelco como cuando era niño y sentía su mirada sobre mí. Pero había algo extraño en él, como si los años le hubieran arrebatado algo vital. Parecía mucho mayor de lo que era.
Tampoco me reconoció cuando me miró a los ojos y entonces no supe si me sentí aliviado o enfadado.
Se dirigió cargado con las bolsas al paso de peatón y tuvo que pararse casi al momento para recuperar el aliento. Después, haciendo un esfuerzo considerable volvió a emprender el paso bamboleándose como una goleta azotada por una tempestad. Una de las bolsas se rompió y todo el contenido cayó al suelo. Me acerqué a ayudarle.

—Ya no hacen las cosas como antes —dijo con su voz ronca y vibrante—; estas bolsas parecen de papel.
— Cada vez son menos resistentes.
—Traiga— dijo arrebatándome de las manos unas latas de refresco— hay que repartir bien el peso para que no vuelva a romperse
Evaluó la carga tanteándola en la mano y su muñeca, huesuda y delgada, se dobló en un ángulo extraño.
— ¿Dónde vive? Si quiere puedo acercarle en mi coche— dije sin pensar.
—No, no está lejos, no se moleste, es bajando la calle.

Le sujeté las bolsas mientras él se incorporaba. Se apoyó un instante en mi brazo. Su contacto me puso en tensión como tantas veces en el pasado pero al mismo tiempo me confortó percibir su debilidad. Las manos firmes que tanto daño me habían hecho no conservaban nada del vigor de antaño. Le sentí enfermo y muy debilitado. Me pregunté si había sido el destino quien por fin le había hecho pagar sus abusos por medio de aquella debilidad.

—No me importa acompañarle, si no es molestia.
—Bueno— dudó, decidiendo si podía fiarse de mí—, como quiera— concedió casi al instante, esperando que el semáforo cambiara a verde.

Él trataba de parecer indiferente y casi lo estaba consiguiendo. No hice el esfuerzo de darle conversación, simplemente me paré a su lado y miré el semáforo como si pudiera traspasarlo con la mirada, tratando de evitar los recuerdos que se agolparon en mi cabeza. Evoqué la furia de la última vez que nos habíamos visto cuando cansado de los golpes había huido de casa. Sin quererlo aquellos sentimientos revivieron. De pronto me sentí rabioso, rabioso por mi infancia perdida, por todo el daño que aquel hombre me había hecho. Pero cuando le miré de reojo todo aquello se vino abajo. No podía odiarle, ni tan siquiera tenerle lástima, era una sombra de lo que había sido y no significaba nada para mí. Había soñado muchas veces con aquello. Había fantaseado con la idea de volver a encontrarlo para devolverle lo que me había hecho, pero en ese momento nada de aquello tenía sentido. No deseaba vengarme, la vida ya lo había hecho por mí, y me sentí reconfortado.

El semáforo cambió y le tendí una de las bolsas, la menos pesada, para continuar la marcha. En ese momento mi muñeca derecha quedó al descubierto y él pudo ver la cicatriz zigzagueante y pálida que me recorría el antebrazo. Noté como su rostro, cetrino y chupado, perdía el poco color que aún conservaba y como sus pupilas se dilataban. Me había reconocido, precisamente, gracias aquella cicatriz que había sido obra suya. Se quedó paralizado un instante, y sujetando la bolsa avanzó por el paso de peatones disimulando la sorpresa. Le seguí con el corazón en un puño. Debía estar preguntándose por qué hacía aquello después de todo. Lo mismo que me preguntaba yo.

Se volvió para indicarme la dirección, y para asegurarse de paso de cuales eran mis intenciones y si podía estar seguro dándome la espalda. Me examinó con ojos escrutadores, repasando con atención mi rostro y la envergadura de mis espaldas. Supongo que debió de sentirse muy impresionado por mi cambio físico, aunque lo que a él le preocupaba de verdad era saber si aún le odiaba y si ese odio podía ponerle en una situación comprometida. Apartó la vista, intimidado, y eso me supo a triunfo. Si hubiese querido hubiera podido aplastarle la espalda con una mano, partir aquellas finas muñecas o hundir su nariz de un puñetazo. Hubiera podido devolverle uno a uno los golpes que tenía grabados en el alma pero no quería. Aquel ser me era indiferente, o casi indiferente. Aún sentía algo por él, la misma lástima que se puede sentir por un perro viejo, o puede que aquello que sentía sólo fuese curiosidad; simplemente curiosidad por saber cómo había seguido viviendo después del infierno que nos había hecho pasar, por saber cómo era posible que siguiera respirando un ser como aquel.

Caminé a su lado en silencio, observando la hilera de casas viejas que constituían su barrio. Un barrio marginal y silencioso, muy sombrío y poco acogedor que parecía estar arrinconado entre edificaciones de reciente construcción. Se paró en un portal sin puerta. Observé, mudo, el estado del edificio. La pintura de la fachada se descascarillaba por la humedad y toda clase de basura se acumulaba en los rincones, pero él no se sintió avergonzado. Me ofrecí a subirle las bolsas pero él se negó.

Tenía en la garganta algunas preguntas que no quisieron salir y que tampoco me forcé a hacer. De todas formas aquello nunca había sido nuestro fuerte.
Me despedí y él empezó a subir las escaleras con mucha dificultad. Cada peldaño era un esfuerzo enorme que sus rodillas soportaban a duras penas. Todo su ser crujía como si fuera a desarmarse de un momento a otro; jadeaba, pero había una resolución en él que me sorprendió. Quería lucirse ante mí, darme a entender que no estaba tan acabado, pero era evidente que sus esfuerzos eran inútiles. Aquella demostración le estaba dejando extenuado.

Entonces el asa de la bolsa volvió a romperse, e incapaz de sortear el contenido que cayó en sus pies, se precipitó hacia delante. Pensé que se rompía como un jarrón lanzado contra el pavimento, pero aquel endeble cuerpo apenas sonó cuando cayó sobre el escalón. Corrí escaleras arriba, instintivamente, y él se volvió azorado, humillado, con los ojos rojos como una furia. Le daba rabia verme allí, que hubiera sido testigo de aquello. Maldijo, y aferrando sus manos consumidas a la barandilla se levantó sin mi ayuda.

— ¿Por qué has venido?—me gritó— ¿Qué quieres…que te pida perdón, que te diga que me arrepiento? ¿Eso te gustaría, verdad?

Me miró fijamente.
— ¿Qué es lo que quieres? ¿Una disculpa? Te preguntas por qué lo hice todas las noches, ¿no? Lloras cuando lo recuerdas, aún te duele.

Sonrió.

—Esa es mi satisfacción, saber que nunca lo superaras. No mereces olvidar el dolor que te hice., lo merecías. Tú y tu madre, ¡todos! Os odiaba. Me destrozasteis la vida.
Había tocado los resortes para hacerme saltar. Había pensado que aquel viejo carcamal podía arrepentirse algún día, pero seguía siendo el mismo monstruo que yo recordaba. Ni la vejez ni la enfermedad lo habían ablandado.

Había tocado donde más dolía. Pero él ya no me afectaba. Los años me habían curtido.
Le miré a los ojos y él me sostuvo la mirada hasta que finalmente desvió la vista.
Sonreí, alejándome de allí.

Imagen: Nacho Puerto

7 de julio de 2009

Kate Walsh


Poco se sabe de esta joven cantautora británica a pesar de los dos discos que tiene en el mercado: Clocktower lanzado en el 2003 y Tim´s House del 2007. No fue hasta el lanzamiento de este último disco cuando le llegó el reconocimiento, desbancando en las listas de canciones más descargadas de iTunes a cantantes como Take That o Elton John, y alcanzando el número uno en EEUU y Gran Bretaña entre otros.
Aun así y a pesar de haberse convertido en toda una revelación, Kate Walsh se resiste a ser absorbida por el mercado multinacional, rechazando invitaciones para grandes convenciones de cazatalentos. Sus actuaciones, intimistas y con cierto aire bohemio, suelen estar alejadas de los tumultos de gente.
Kate Walsh muestra un estilo folk y melódico, influenciado por cantantes como Claude Debussy, Pink Floyd, Talk Talk o The Velvet Undreground. Su próximo disco, previsto para la primavera/verano de este 2009, recogerá algunas canciones de su pasado Tour y algunas versiones de grupos como The Smiths.



27 de junio de 2009

Michael


El pasado 25 de junio moría un mito. Su corazón dejaba de latir a los cincuenta años saturado de soledad y medicamentos. Lo cierto es que he sentido mucho su muerte, no sólo porque crecí escuchando sus canciones que formaron parte de la banda sonora de mi infancia, sino porque en el fondo tengo la sensación de que nunca fue feliz. A pesar de todos sus logros se sentía profundamente solo. Su fragilidad era evidente. Para mí siempre será Michael Jackson, el ídolo de infancia, pero hoy es algo más. Hoy, Michael Jackson es leyenda.

"Si no tienes ese recuerdo de amor de la infancia estás condenado a buscar por todo el mundo algo para llenar ese vacío. Pero no importa cuánto dinero ganes o lo famoso que te vuelvas, siempre seguirás sintiéndote vacío"

"Cuando estoy sobre el escenario me siento en casa." "Es allí donde vivo. Es allí donde nací. Es donde me siento seguro”.

"No trates de escribir la música, deja que esta se escriba sola"

"Es bueno que la gente piense que soy una persona y no una personalidad. Porque cuando uno crece ante los ojos del público, como yo lo hice, se tiende a ser automáticamente diferente"




25 de junio de 2009

Pequeño desafio


Miguel Schweiz, creador del blog Donde se posa el sol me ha retado de esta manera: Se trata de abrir el libro que tengas mas a mano, o simplemente el que más te guste, y copiar el quinto párrafo de la página 161 en tu blog; ah, y tienes que pasar el reto a otras cinco personas. Bueno, si os apetece hacerlo es una interesante forma de promocionar nuestras lecturas, ¿no os parece?

El libro que he elegido es “Lo que el viento se llevó








Os paso el reto, ¿aceptáis?

22 de junio de 2009

Corazón de tinta


Basada en el primer libro de la trilogía de Cornelia Funke.
Mortimer "Mo" Folchart (Brendan Fraser) y su hija Meggie de 12 años de edad (Eliza Hope Bennett), comparten la pasión por la literatura. Tienen también un talento único para hacer que los personajes de los libros cobren vida con sólo leer en voz alta. Pero existe un peligro: por cada personaje de un libro que traen a la vida, una persona real debe desaparecer entre las páginas.
En una de sus visitas a una librería de libros de segunda mano, Mo escucha voces que no había escuchado durante mucho tiempo y cuando localiza el libro de dónde provienen, un escalofrío le recorre el cuerpo por toda la columna vertebral. Es Corazón de tinta, un libro cubierto de ilustraciones de castillos medievales y de extrañas criaturas. Un libro que ha estado buscando desde que Meggie tenía tres años, cuando Resa (Sienna Guillory), su madre, desapareció en ese mundo místico.
Sin embargo, el plan de Mo de utilizar el libro para encontrar y rescatar a Resa se ve ensombrecido cuando Capricornio (Andy Serkis), el malvado villano de Corazón de tinta, secuestra a Meggie y le exige a Mo que haga que cobren vida otros personajes de la ficción. Determinado a rescatar a su hija y a enviar a los personajes de la ficción de nuevo al lugar al que pertenecen, Mo organiza un grupo de aliados sin igual, tanto reales, como imaginarios, y se embarca en un viaje osado y peligroso para poner las cosas en orden.


Para dar una opinión lo más objetiva posible me fijo, en primer lugar, hacía que publico va destinado lo que quiero comentar. No porque sea algo especialmente relevante pero sí es verdad que en ocasiones puede explicar muchas cosas.



Esta película de fantasía, con ligeras y no tan ligeras referencias a Harry Potter, va destinada a un público infantil juvenil aprovechando que estamos en época estival, comienzan las vacaciones de verano y nos apetece ver cosas ligeras que nos hagan pasar un rato lo más entretenido posible.



Y vista así, como una película infantil/juvenil de fantasía, “Corazón de tinta” cumple su principal cometido, y a pesar de sus casi dos horas de duración mantiene el tipo decentemente. A los niños les gustará aunque la olvidaran nada más verla, y a los fan de la saga de Cornelia Funke les defraudará, pero también es verdad que pocas adaptaciones cinematográficas de libros han llegado a convencer del todo.



A la hora de hacer un comentario también tengo en cuenta el género del que se trata, en esta ocasión fantasía. Últimamente, y gracias a los éxitos de las sagas de “El señor de los anillos” y “Harry Potter”, ha habido una explosión de películas fantásticas que han gozado de mayor o menor fortuna en la pantalla grande. Podríamos decir que a pesar de la saturación de pelís de este género que han fracasado estrepitosamente en los últimos tiempos, y han sido muchas, “Corazón de tinta” se salva por los pelos, aunque es cierto que en líneas generales su trama queda algo pobre.



18 de junio de 2009

La lucha suprema


Las campanas de la torre sonaban débiles desde su atalaya de piedra. El pueblo lejano, apagado bajo la luz grisácea de la mañana, exhalaba un silencio sepulcral, casi amenazador.
Mis manos crispadas sobre las rejas de la húmeda celda, apretadas contra el oxido carcomido, adquirían un tono azulado. Pero no sentía el dolor ni el frío, mis sentidos estaban paralizados. Aunque quería evitarlo mis ojos devoraban el paisaje desolado con la impaciencia y la agitación del sueño. Intuía en la garganta el final de mi sufrimiento, avanzando inexorable desde las sombras del valle, resonando como aquellos cascos distantes sobre los sembrados.
Amparado en las sombras tenues de la estrecha celda, cara a cara con el silencioso monje, terminé el relato de mi horrible crimen.

La deseaba, no trato de exculparme, pero el deseo reprimido largo tiempo me había enloquecido. La había amado en silencio obligándome a aceptar que nunca sería mía. Había luchado contra mis emociones sin éxito. Ella estaba en mis pensamientos día y noche y cada fibra de mi piel gemía de impotencia, de ansias por tenerla, por sentirla.
Aquella noche, agonizante, entendí que sólo había un remedio para mi mal, y salí en su busca.

Seguí el camino que me había conducido tres años atrás a aquel exilio, expulsado de la escuela a la que me habían destinado en cuanto terminé mis estudios de maestro por desobediencia grave. Crucé el puente y bordeé la laguna reviviendo las impresiones que aquel lugar había causado en mi ánimo. Dudé un instante, sintiendo que se apoderaba de mí la debilidad, y una vez más su rostro apareció en la niebla de mi memoria para disipar toda vacilación. Continué, abatido ante la perspectiva de ser rechazado otra vez. Pero la huella de sus ojos fríos en mis retinas había reavivado mi ansiedad y me sentí enfermo, febril, y más dispuesto que nunca a enfrentarla.

Ella sólo era una niña, demasiado mayor para que pudiera verla como tal. Una niña de ojos perversos que sabía como utilizar la influencia que ejercía en mí. Había querido evitarla, inmunizarme a su presencia pero ella sabía como hallarme, como hacerse notar.
Desalentado, comprobé que su influencia crecía. Un día dejó de ir a la escuela. Yo estaba desesperado. Empecé a dedicar mis días a seguirla. Ella me intuía casi siempre y muchas veces se volvía para mirarme, sonriéndome con altanería. Sonreía mientras yo me rompía en pedazos.
Descuidé mis obligaciones. No me importaba. No me importaba nada. Yo sabía que si pudiera dejar de verla me curaría. Escribí a un amigo de infancia suplicándole que me alojara en su casa durante un tiempo. Pasé dos años fuera y creí haberme recuperado. Pero no fue así.

Encontré una excusa para volver pero lo que hallé a mi regreso me derribó sin contemplaciones. La niña maliciosa de antaño se había hecho mujer, y me miraba con indiferencia acunando entre sus brazos a un bebé regordete. Iba de la mano de un hombre mayor, y aunque supe que me había reconocido apenas desvió la vista.
Acusé el golpe en el alma. Seguía amándola pero aquel desprecio había abierto viejas heridas.

Después de cruzar el puente seguí el camino hasta la colina, y esperé. Cuando salió de la casa en busca de agua fresca del pozo la asalté. La llevé en vilo hasta la laguna sin hacer caso a sus lloros. Mi corazón palpitaba sin control. Cuando la solté se volvió para mirarme y me maldijo.

Se quedó mirándome a los ojos, y sentí como el agua de la laguna reverberaba en sus pupilas retadoras. Me desafió. En sus labios aquellas palabras me llenaron de vergüenza. La deseaba, a la fuerza si hiciera falta. No me importaba de qué forma. Di un paso al frente y ella retrocedió asustada por primera vez. Su miedo me dio alas, me sentí poderoso, capaz de todo. Avancé mientras su resistencia cedía derivada por el temor. La sujeté de un brazo y ella gritó. Me complació sentir su pánico. Forcejeamos, y consiguió zafarse de mis manos. Aterrada, trastabilló sobre los guijarros de la orilla y cayó de espaldas golpeándose la cabeza contra una roca. Se quedó inmóvil sobre las aguas negras. No hice nada por sacarla de allí, me quedé mirando como la corriente se la llevaba suavemente, mecida como una niña dormida hasta que finalmente se hundió, llevándose consigo la luz de mi vida. La luna se veló y todo quedó en penumbras.


Los cascos de los caballos se detuvieron frente a las dependencias del viejo fraile. Tres hombres irrumpieron en la celda, para arrestarme. No opuse resistencia.
Después de tres años de agonía mi corazón se había liberado. Había vencido a la enfermedad.


12 de junio de 2009

Memorias de un tiempo pasado


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El género detectivesco siempre gozó de un gran prestigio en televisión. Detectives y aficionados varios copaban la pequeña pantalla allá a finales de los ochenta y principios de los noventa. Yo era una niña entonces pero guardo gratos recuerdos de estas series que forman ya, irremediablemente, parte importante de mi infancia.

El primer recuerdo me lleva a Angela Lansbury en “Se ha escrito un crimen”. Jessica Fletcher, émula de la Miss Marple de Ágatha Christy, era una escritora de novelas de misterio, antigua profesora de inglés, que en cada capitulo se veía involucrada de una forma o de otra en un terrible asesinato. Asesinato, que convenientemente permitía a nuestra protagonista demostrar sus dotes detectivescas y dejar en evidencia a las autoridades (in)competentes.

La serie seguía siempre el mismo patrón y los crímenes se resolvían satisfactoriamente sin dejar cabos sueltos. Buena parte de los episodios se ambientaban en Cabot Cove, un pueblecito pesquero que era el lugar donde vivía la señora Fletcher, y que recorría cada mañana en su bicicleta. Allí también vivían sus amigos el Dr. Seth Hazelet y el comisario Amos Tupper, que de vez en cuando le echaban una mano y rebatían con furor sus teorías. Lo que más recuerdo, casi lo único de hecho, es su cabecera, que me fascinaba; y es que la señora Fletcher era idéntica a mi abuela y a mi me hacía mucha gracia ver a una señora como mi abuela montando en bici y resolviendo asesinatos por hobby.

“Murder, she wrote” -en España “Se ha escrito un crimen”- se emitió durante doce temporadas, desde el año 1984 hasta 1996 con un total de 264 capítulos. A lo largo de los años, la serie tuvo multitud de nominaciones a los premios Emmy. Angela Lansbury fue nominada durante doce años seguidos sin que lograra llevarse el premio. Gracias a esta serie Lansbury se hizo muy popular en todo el mundo, mucho más de lo que había sido en su larga carrera cinematográfica. A finales de los '80 aprovechando su popularidad también se comercializaron libros que seguían la estructura y el espíritu de la serie de televisión siendo la protagonista, por supuesto, Jessica Fletcher
Un vez cancelada la serie en 1996, en los años siguientes se hicieron varios telefilms inspirados en la serie, también protagonizados por Angela Lansbury y que venían a ser capítulos alargados y con algo más de presupuesto, que buscaban satisfacer a los numerosos fans de esta serie en todo el mundo.



Todos se creían más listos que Colombo. Los asesinos, sofisticados y casi siempre de la alta sociedad, creían poder burlar el ingenio del teniente Colombo. Pero sus coartadas, elaboradas al milímetro, no lograban mantenerse mucho tiempo. Colombo los sometía, siempre ingenuamente, a un acoso psicológico sin igual.

Hay que reconocer que el teniente era un “palizas” y muchos de los culpables acababan confesando solamente para librarse de él.
Peter Falk dio vida a este singular y carismático detective. Con su gabardina roída, su aspecto desaliñado, un puro colgado de los labios y su voz cascada, Colombo se hizo muy popular. La serie fue todo un éxito, emitiéndose regularmente en EEUU desde 1971 hasta 1978, y esporádicamente entre 1989 y 2003.
La primera particularidad de esta serie es que se sabe siempre quién es el asesino porque al inicio de cada episodio empieza con el crimen (lo que en inglés se conoce popularmente como howcatchem, es decir, la llamada historia de detectives invertida). Y se sabe también que el teniente Colombo descubrirá a dicho criminal, gracias a un detalle menor.
Otras curiosidades sobre Colombo es su coche. Un Peugeot 403 ruinoso que forma parte de su look. A veces le acompaña su perro, al que llama Perro, y siempre habla de su mujer, a la que nunca llegamos a ver.



Esta serie mezcla distintos géneros, el de detectives y el romántico. Laura Holt es una detective privado a la que sus jefes no toman en serio por el simple hecho de ser mujer. Cansada de que nunca le asignen casos importantes decide fundar su propia agencia y crear a un jefe fantasma llamado “Remington Steele”. Poco a poco consigue que su negocio marche pero para mantener el engaño necesita convencer a sus clientes de la existencia de dicho personaje. Es aquí cuando aparece Pierce Brosnan que interpreta a un ladrón de joyas. Pierce Brosnan toma la identidad de Remington Steele para huir de la policía, y es así como este se hace cargo de la parte visible del negocio mientras Laura Holt investiga y resuelve los casos. La serie se hizo muy conocida básicamente por la relación de los protagonistas que nunca acababa de materializarse. Tanto marearon la perdiz que cuando los dos personajes declararon su amor los teleespectadores perdieron el interés por la serie.
El personaje de Pierce Brosnan era muy atractivo para el público y gracias a esta serie se hizo muy conocido.



En la línea de “Remington Steele”, Luz de luna destacaba por la tensión sexual de sus protagonistas y por el ingenio y el humor de sus diálogos. La serie gira alrededor de los casos investigados por una agencia de detectives, Luna Azul, al frente de la cual están Madelyn "Maddie" Hayes (Cybill Shepherd) y David Addison (Bruce Willis). Se rumoreaba que en la vida real los dos protagonistas se llevaban a matar. Confieso que de las cuatro series de detectives que he puesto esta es la menos recuerdo pero como suele pasarme me acuerdo perfectamente de la música de la cabecera, que por cierto fue compuesto e interpretada por Lee Holdridge y Al Jarreau. Como curiosidad apuntar que, al igual que con Remington Steele y Laura Holt, cuando la relación amorosa de los dos protagonistas se confirmó la audiencia cayó en picado.


Me dejo muchas series de detectives en el tintero, pero estas cuatro creo que son las más representativas de finales de los ochenta, al menos las que yo más recuerdo.

11 de junio de 2009

Atrapa el instante





Esto es lo que más me cuesta. Muchas veces no sé cómo empezar a desenredar la madeja de palabras que danzan por mi mente; ya que demasiadas de esas veces el inicio condiciona todo lo demás arrastrándome lejos de donde me he propuesto llegar en un principio.
Otras veces, muy pocas últimamente, la mano va sola y se adelanta a mí, pero yo me dejo guiar por ella pues ese extraño arrebato me lleva siempre a buen puerto. Ese espontáneo y fresco delirio escritor me complace, porque no es algo planeado o calculado, simplemente surge.
Las cosas realmente importantes de la vida surgen. No se puede proyectar un amanecer por eso tiene más valor.
Hoy, de regreso a casa pensaba en estas palabras, en cómo podría atrapar el instante del calor de este día y de la brisa en el rostro. En mi cabeza las palabras sonaban maravillosas, pero ahora, frente a la pantalla, las palabras se esfuman y esos instantes preciosos del atardecer en el valle de la Orotava, del aire caliente del Puerto de la Cruz, del sonido de las olas contra la orilla de arena negra pierden parte de su valor. Estas palabras, moldeadas tan torpemente, no pueden alcanzar la belleza de esos instantes. Esos instantes que habitan, como una impresión de agua, tras mis párpados.
Aún ahora, si cierro los ojos, puedo verlos con su belleza descarnada. Sé que mañana los habré perdido, habrán muerto en la niebla de mi memoria. Pero ahora suenan como un eco. Puedo oír las olas que se mecen bajo un sol tibio, las gaviotas volando cerca de la costa, y la brisa silbando entre las palmeras.
Atrapada la esencia de esos instantes mágicos en mis retinas puedo considerarme afortunada. Mañana habrá otro atardecer, volverán a acariciar las olas la orilla pero ni el sol ni el mar serán el mismo, porque una pequeña parte de su esencia reside ya en mis recuerdos.


Fotos: SergioTF (Flickr)

Playa Benijo.

9 de junio de 2009

Arte callejero: Edgar Müeller

Edgar Müeller, alemán de 41 años, es un artista callejero fuera de lo común. Desde hace diez años recorre Europa pintando sus obras de arte en las calles. Su técnica es realmente increíble. Para realizar este efecto en tres dimensiones usa más de cuarenta pinturas acrílicas que dan este efecto de profundidad. Así, y visto desde el ángulo correcto, uno tiene la ilusión de bordear un gran precipicio o asomarse a una impresionante cascada:







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