Tendemos a culpar al universo cuando no se realizan nuestros deseos. Nos han
vendido la idea de que sólo basta con querer mucho algo para que el universo
conspire a nuestro favor. Atraemos aquello que pensamos: la fuerza de los
pensamientos positivos. Por supuesto, una mente positiva solucionará mejor los
problemas, al menos contribuirá con su actitud a que sean menos graves, menos limitantes.
Una buena actitud es esencial. Pero que no te vendan humo, el universo no te
debe nada y sólo eres tú y nada más que tú quien puede cambiar el rumbo de las
cosas. No basta con pedir, hay que trabajar.
Por desgracia esto no es tan popular como “la ley de
la atracción” pero seguramente dé mejores resultados a la larga. Podemos querer
mucho algo pero si nos limitamos a sentarnos a esperar a que nos caiga del
cielo puede que pasemos sentados más tiempo del que nos gustaría.
Lo cierto es que quien ha llegado a la excelencia en algo
lo ha hecho a base de esfuerzo y horas… Si quieres ser un virtuoso al piano
tendrás que practicar todo lo que puedas, no hay de otra. Si quieres una vida
mejor tendrás que trabajar en esa dirección. Por supuesto, siempre será mejor
si nos enfocamos en algo positivo mientras trabajamos activamente para
lograrlo, pero para lograrlo también es
fundamental saber qué queremos…
¿Qué quieres de verdad? Sólo cuando tengas clara la
respuesta podrás orientarte más fácilmente en esta encrucijada de caminos, cuando
conozcas la ruta a seguir avanzarás más rápido y llegarás antes a tu meta. Y
esto no es suerte, es voluntad.



















































