Ayer siempre trae notas tristes a mi cerebro, como si esa sola palabra pudiera evocar y concentrar lo que significa el paso del tiempo cuando el tiempo es un tormento. Porque aunque vivir es un regalo no siempre es un tiempo feliz, no siempre deja un aprendizaje, no siempre cura. A veces sentir que dejamos atrás una parte de nosotros que no volverá nos empuja al abismo de esa emoción que se enreda en la garganta, que ensombrece la mirada, que hace que nos pese el alma. Ayer es aprender a soltar, a dejar fluir las cosas como lo hace un río que se lleva lo malo pero también lo que fuimos, lo que sentimos, lo que anhelamos, lo que vino a transformarnos. Ayer es un tiempo pretérito de huella profunda en el presente; sin él no tenemos futuro, sin él estaríamos siempre a merced de la incertidumbre. Lo bueno del ayer es que deja una estela, que hace costumbres y crea rutinas, que marca el sendero, conforma un mapa para no perdernos en el inédito presente. Lo bueno del ayer es que nos enseña que si pasamos mucho tiempo evocando lo que una vez fue nos perdemos lo que ocurre ahora. Y ahora es una palabra redonda, abierta, a la que tenemos que entregarnos sin paracaídas. El ahora tiene oportunidades, el ayer sólo nostalgias. El ahora puede convertirte en algo que no puedes ni imaginar, el ayer en una sombra que se apaga recordando lo que una vez fue y ya no será más. El ahora es la luz de un nuevo día, el ayer la última oscuridad antes del crepúsculo. Ayer es inamovible, ahora es movimiento. Y aunque suene tentador pararse a contemplar el pasado lo que cuenta es el ahora...
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19 de marzo de 2021
28 de marzo de 2019
Está bien que no estés bien...
No me malinterpretes, no es porque me alegre de ello, ni
mucho menos; es que no tienes que sentirte mal por no estar bien. No te sientas
culpable, no te avergüences, no finjas que no pasa nada; date ese tiempo para
ti mismo. Sin presiones, sin fechas límite, porque el dolor hay que transitarlo
para salir fortalecido.
Nos han hecho creer que podemos con todo. Que debemos
tener siempre una sonrisa, y que llorar se debe hacer en la intimidad o no
hacerse. Que ante cualquier adversidad
debemos vestirnos con la capa de superhéroe sin pararnos ni un segundo a
lamentarnos. Estamos en una sociedad que te exige ser feliz, que te ha hecho
creer que esa frase inspiradora de la taza del desayuno, mágicamente,
conseguirá cambiar tu ánimo sin esfuerzo alguno. Cada vez hay más lemas y
eslóganes optimistas que te dicen qué hacer, cómo vivir, cómo actuar, que
demonizan el hecho de sentirse una mierda, de sólo tener ganas de tirarse a un rincón para rumiar las
penas, para maldecir, para llorar a moco tendido. Pero no es verdad que puedas
con todo, y desahogarte es mucho más sano que actuar como si nada hubiera
pasado, fingiendo una fortaleza que no tienes.
Sientes, estás vivo, y vas a sufrir, lo quieras o no.
Y está bien admitir que no puedes hacerlo, que te
queda grande, que te da miedo, que dudas, que te has perdido, que has perdido
la ilusión, que no sabes cómo volver a tu yo de antes de la tristeza.
Está bien.
Lo que no es bueno es revolcarse en ella. Lo que puede
perderte para siempre es cerrar los ojos y olvidar que dentro de ti hay una
luz, una luz que genera calor, energía, cambio.
Si estás triste mucho tiempo se apagará
irremediablemente. Quizás no para siempre, pero encenderla una vez que ya está
extinta y fría es un trabajo muy arduo, muy complicado.
Está bien sentirse mal, pero no mucho rato.
Permítete ese momento pero luego busca a alguien con
quien hablarlo.
Háblalo. Quítatelo de encima. Pero nunca te
avergüences de llorar. Llorar no es debilidad, llorar es de fuertes, de esos a
los que no les importa mostrar lo que sienten.
Hace mucho tiempo que comencé este blog, tanto que he
perdido la cuenta de los años. Aún hoy sigo acercándome de vez en cuando. He
publicado 792 entradas, y de todas ellas la que más visitas ha generado, y por
mucha diferencia, es esta: “…porque la vida es bella”. Mucha gente se acerca y deja mensajes, algunos me sorprenden
porque me dan las gracias o me dicen que el texto les ha alegrado el día; también
hay quien recrimina el mensaje: a veces cuesta creer que a pesar de todo la
vida sea bella. A veces los pesimistas se salen con la suya...
Recuerdo muy bien cuando escribí aquel texto y el
momento que estaba viviendo. Fue en 2012, y ese fue uno de los años más duros
que me ha tocado vivir. Muchas cosas ponían a prueba mi fortaleza, pero aún así
sentía que debía ser yo misma quien saliera de aquello que me hacía daño,
plantando buena cara al mal tiempo. A veces la vida te conduce por caminos que
no hubieras querido transitar y lo más duro, quizás cuando has tenido muchas
rachas malas, es tener confianza y optimismo. Seguir viendo el lado bueno de
las cosas y de la vida.
Por eso entiendo que haya quien vea en esas palabras
algo hueco e impostado; un eslogan para vender felicidad.
Sin embargo, así lo creo aunque tenga días en que dude
mucho, que siempre hay algo que vale la pena, algo que te saca una sonrisa, y
que te salva.
La vida, digan lo que digan los pesimistas, puede ser bella.
2 de septiembre de 2018
Lecciones
Aprender
es un proceso que dura toda la vida. En los primeros años, los más importantes
en dicho desarrollo, todo es nuevo y el mundo enorme. Los primeros pasos; las
primeras palabras; millones de estímulos en un entorno que va ganando nitidez
poco a poco. Ganamos capacidades a medida que los retos se vuelven más
complicados. Así es la vida. Lo que aprendes haz de seguir aprendiéndolo o
puedes correr el riesgo de olvidarlo.
A
medida que te superas necesitarás de desafíos más exigentes.
Hemos
recibido millones de lecciones, y si hemos sido de los suertudos es probable
que nos hayamos topado con un profesor o profesora que nos motivara, que nos
diera lecciones pero no sólo de las que consisten en calcular bien la raíz cuadrada o la
declinación de algún verbo. Sino esas otras lecciones que guardamos como un
tesoro y que nos han ayudado a afrontar las dificultades. Porque si hay una
lección obligatoria es esta, no importa lo que hagas, la vida te llevará
inevitablemente a ese capítulo. Vendrán los problemas aunque no los busques; lo
positivo es que si los afrontas con buena actitud te dejaran importantes enseñanzas vitales. Como dice el
refranero español, ningún mar en calma hizo experto a un marinero.
Y
aunque no hay que desestimar la labor de los profes en esto de aprender vamos a
ser claros, las mejores lecciones no nos las van a dar ellos… A veces las encontraremos en las personas, en los
momentos, y en las situaciones más inesperadas. Lecciones buenas, que nos harán
plantearnos para mejor la manera de ver lo que nos rodea; lecciones malas, en
las que descubriremos que el mundo tiene aristas afiladas y que no es un lugar
tan idílico como pensábamos. Vivir es enfrentarse a las elecciones y sus
consecuencias. Deberemos tomar
decisiones, arriesgar, caminar sobre la cuerda floja, quizás escuchar cosas que
no nos gusten; probablemente tendremos que lidiar con la frustración cuando no
veamos resultados tan pronto como pensamos.
Pero al final, cuando todo pase, valoraremos ese esfuerzo, esa piedra en
el camino, esa charla, la exigencia, los
días de estudio.
Llega
septiembre y para mí siempre ha sido un mes de inicios, adaptaciones y sobre
todo de lecciones. Desde este Desván Secreto, pensando en todos esos alumnos
que deben volver a las aulas y a la tortura de un sistema de enseñanza que no
es precisamente motivador, he pensado en esos maestros, esos sabios del cine,
el cine como no, porque el cine me ha dejado grandes enseñanzas que me han
guiado en muchos momentos. Mi pequeño homenaje a ellos, a los maestros, al
cine, y a los otros profes que pasaron por mi vida para darme los consejos que,
sin yo saberlo en ese momento, me han ayudado a caminar por este sendero de la
vida.
20 de marzo de 2018
¡Porque sí... porque te lo mereces!
Porque muchas veces te olvidas de ti. Porque en
ocasiones te has conformado con un sucedáneo. Porque has creído que no valía la
pena buscar más. Porque te has sentido cansada o cansado, al borde de las fuerzas, casi extenuada, casi
extenuado, creyendo que quizás… eso no
era para ti… que no te correspondía, que no era el momento, que no lo merecías,
que habías agotado tu cuota, que ya no volverías a experimentarla.
Porque te
has rendido, admítelo. Y has hecho caso
a ese cerebro tramposo que te ha hecho sucumbir a su influencia.
Te lo has
creído.
Como si uno pudiera gastarla toda de una vez, como si estuviera
contada, como si tuviera una fecha tope para canjearla… Como si no fuera lo que
es, una mina que no se agota, una mina que hay en ti. Así es. Está ahí.
A veces
brota como un árbol con miles de ramas llenándote el pecho, con una poderosa savia
capaz de romper la más gruesa capa de
hielo. Como una primavera en el estómago.
Y otras, no es que no esté, sólo se
esconde, se debilita, y hay que buscar más profundo o en otras zonas…
No pienses
que tu tiempo ya pasó, no dejes abandonada esa mina. Por mucho que te cueste
has que retoñe esa felicidad latente, has que sea la fuente de tu alegría. No importa que sea un
pedazo, una onza, un grano. No permitas que se quede ahí, hibernando en un
pecho frío. Porque sí, porque te lo mereces… Porque…
24 de enero de 2018
Enjoy the silence
España es el segundo país más ruidoso del mundo, por
detrás de Japón. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) exponerse a un
nivel de decibelios superior a 55 dB es
contraproducente y puede resultar dañino para la salud. En nuestro día a día estamos
expuestos a unos niveles de ruido muy superiores a ese, pues ya sólo andar por
una calle con tráfico nos lleva a los 75 dB.
Con el tiempo el silencio se ha convertido en un lujo.
Nos hemos acostumbrado al ruido, es algo marcado en el ADN de los españoles, una
característica que nos ha hecho famosos en el mundo. La acreditada
idiosincrasia española. Hablamos alto, reímos alto, somos alborotadores por
naturaleza y allá donde vayamos nos hacemos notar. Y aunque esto no tiene que ser del todo malo,
un exceso de ruido lleva acarreados algunos problemas graves como dificultades
en el habla y problemas de concentración en los niños, dolores de cabeza,
irritabilidad, insomnio, pérdida auditiva e incluso alteraciones psicológicas,
digestivas y de la presión arterial.
Un exceso de ruido se lleva también la capacidad de
imaginar, pues casi todas las actividades creativas necesitan de un ambiente
propicio.
Aún así le tememos al silencio. Pues los hay que
duelen, que son como una bofetada sin manos, sobre todo en el terreno sentimental.
A veces hay silencios cobardes, otros que son un escudo para quienes sufren
violencia de género pero no se atreven a confesarlo, o para quienes están
siendo acosados en el colegio. Son pocos los que se atreven a silenciar sus teléfonos
móviles, esclavos de la tecnología que nos impide estar un día entero con
nosotros mismos. Para algunos el silencio es incómodo, y a otros les hace sentir
solos. Sin embargo se ha comprobado que
el silencio es necesario para nuestro cerebro pues un exceso de estímulos puede
dejar sin recursos a la corteza prefrontal, la que se encarga del razonamiento.
Si hace unas semanas hablábamos del beneficio mágico
de la música, hoy no podemos obviar el del silencio; se ha demostrado que dos
horas de silencio al día favorecen la creación de nuevas células en el
hipocampo. El silencio repara nuestro cerebro y nos hace sentir regenerados y
con las pilas cargadas.
Por eso, búscalo y disfrútalo. El silencio te ayudará a conocerte
a ti mismo.
18 de diciembre de 2017
Enciende!
Buda dijo:
Si enciendes una luz para alguien, también alumbrará tu camino.
En estos tiempos de oscuridad, de miedo y desesperanza conviene recordar estas sabias palabras que hablan de la generosidad y la entrega sincera. Muchas veces nos sentimos perdidos en la vorágine de nuestras vidas, enfocándonos solamente en lo que nos preocupa, y perdemos de vista a los que nos rodean. Es un acto de amor desinteresado encender una luz para alguien, porque cuando ayudas a otra persona te ayudas a ti mismo.
9 de enero de 2017
No tengas propósitos, ten constancia
O mejor dicho, ten propósitos y la constancia para hacerlos realidad.
Esto es un
clásico que se repite cada inicio de año, nos hacemos una lista de cosas que
queremos cambiar y al final las buenas intenciones nos duran muy poco.
Apuntarnos al
gimnasio, dejar de fumar, estudiar un idioma, ahorrar, comer mejor, tomarse la vida con más humor… Pero pasados doce meses nos encontramos en la
misma situación de partida de otros años; comenzamos con muchas ganas y las
ganas se enfriaron casi tan rápidamente como surgieron. ¿Y qué falló? Pues casi
siempre es lo mismo: nuestra constancia.
Algunos datos
dicen que sólo el 8% de las personas que se proponen cambios de hábitos en su
vida lo logran. Pero el dato más impactante es el que dice que el 77% de esas personas
abandonarán después de la primera semana.
Hoy, lunes 9 de
enero, comenzamos la segunda semana del mes y del año, y seguramente si eres de
ese 77% puede que ya te estés planteando dejar tus propósitos para el año que
viene. Y es que tan importante como marcarse metas es que éstas sean realistas,
y sobre todo, asumir que deberemos trabajar para lograr resultados.
Ten presente que
sólo con disciplina conseguiremos mejorar en todos los ámbitos de la vida, y
que si no estás dispuesto al sacrifico que eso conlleva fácilmente serás de los que tiran la toalla la
primera semana.
Por eso no tengas
muchos propósitos, ten pocos y sobre todo acompáñalos de una buena dosis de constancia,
de actitud positiva y fortaleza mental. Empieza poco a poco, permítete fallar
un día, no pasa nada. Si sientes que necesitas un descanso, tómatelo; es mejor
parar por un tiempo si te notas agotado, vuelve cuando sientas que tienes las
pilas cargadas. Piensa que los resultados no son inmediatos, no te desanimes si
no ves logros al instante. Piensa en toda la autoestima que ganarás si no
procrastinas y consigues crear de un propósito una rutina satisfactoria que te
haga sentirte realizado. Es más fácil si
te organizas, puedes imprimir una plantilla para poder llevar el seguimiento semanal de tus avances o
escribir un diario. Pero sobre todo, haz que lo divertido sea el camino y no la
meta.
Y pase lo que
pase, lo consigas o vayas a formar parte de ese temible 77%, no te frustres, al
fin y al cabo tienes más años para intentarlo :)
10 de diciembre de 2014
¿Existe la suerte (buena y mala)?
Nos pasamos la vida mentándola, reclamando un
poquito de ella, o evitándola a toda costa. Al ponernos ese anillo especial que
llevamos a los exámenes y que se ha convertido en el mejor amuleto. Cuando
cruzamos los dedos al ver pasar un gato negro de derecha a izquierda, o cuando
anhelamos que se cumpla un deseo. Cuando, siempre de manera inconsciente,
exclamamos en voz alta: ¡Qué suerte tiene Pepita, todo le sale bien! ¡Qué mala
suerte que se agotaran las entradas para ese concierto al que tantas ganas
tenías de ir! Suerte, en un trébol de cuatro hojas. Suerte en el apartado de
horóscopos del periódico. Suerte en los discos giratorios de la maquina tragaperras
del bar. Suerte que vende el vendedor de la Once. Suerte cuando encontramos
aparcamiento cerca de la puerta del centro comercial…
O mala suerte. Cuando se rompe el espejo, o
se derrama la sal, o se abre un paraguas dentro de casa, o ese día que tenemos
prisa nos tocan todos los semáforos en rojo. Vivimos condicionados por ella…
pero ¿existe la suerte?
¿Existe algo intangible que mueve nuestros
destinos, que a veces nos ayuda, y otras veces es como un nubarrón negro sobre
la cabeza y que podemos llamar suerte (buena o mala), o en realidad todo
depende de la actitud con la que afrontemos la vida?
La respuesta no es sencilla. Si nos atenemos
a la metafísica ésta nos dice que no, que la suerte no existe. Ahí esta la ley
de Causa y Efecto para corroborarlo.
¿Y qué nos dice esta ley? Pues que nada
ocurre casualmente, todo es producto de la causalidad.
La ley física dice que a toda acción le sigue
una reacción. La ley metafísica que a toda causa le sigue un efecto.
Y si nos fijamos en lo que apunta la ley del
mentalismo esto es lo que nos encontramos: “Todo es mente. Todo lo que pensamos
se manifiesta”. Así que cuidado, si eres negativo lo único que conseguirás será
atraer lo malo. Lo que llegué a tu vida lo habrás atraído previamente con tu
mente. Piensa en positivo y tendrás una vida positiva. Piensa negativo y la
naturaleza te devolverá una vida negativa. No existe la suerte, sino dos
maneras de pensar: positiva o negativa.
No te quejes de tu mal fario, reflexiona sobre cómo
has actuado para llegar a ese punto y qué puedes hacer para cambiarlo.
En el momento justo y en el lugar oportuno
Aprovecha las oportunidades. En realidad,
esos que llamamos afortunados son los que tienen un espíritu constructivo,
están más abiertos a los demás y poseen una habilidad para crear oportunidades
y seguir su intuición, al contrario que
los poco afortunados.
En el libro de Alex Rovira y Fernando Trías
de Bes, La Buena Suerte: claves para la Prosperidad, se dice que "la buena suerte únicamente
consiste en crear circunstancias, por lo que solamente depende de nosotros y,
así, nunca llega a nuestras manos por casualidad".
No desaproveches las ocasiones de prosperidad
que se te presenten, pero no olvides antes una cosa, para poder encontrarlas es
preciso relajarse. Si te ofuscas, si te preocupas más de la cuenta, pasaran por
tu lado sin que te percates.
Podía ser peor
Reconvierte lo malo en algo positivo. Sólo así
podrás vivir en un ambiente de paz. Todos nos equivocamos alguna vez, a todos
se nos tuercen las cosas, pero piensa que podría ser peor. Las equivocaciones
también nos enseñan y sobre todo nos ayudan a madurar.
No le dediques mucho tiempo al pasado, ni a
esas personas o situaciones que te dañaron.
Azar y probabilidades
Vale, sí, es verdad que hay cosas que se “escapan”
a nuestro control. A veces nos esforzamos mucho y no encontramos recompensa, y
sin embargo muchas veces pasa que el que no ha hecho nada es premiado con eso
que tanto anhelábamos. ¿Por qué? ¿Y qué fuerza ha intervenido para que se
produzca tal suceso? Y es que cuando pasan cosas inesperadas, o que no tienen
explicación lógica, solemos achacarlo al azar. Azar, caprichoso azar.
Don´t worry, be happy
No te tortures pensado en que todo te sale
mal. Nada está determinado de antemano. Tú eres dueño de tu destino, así que
toma el timón y busca un buen viento que te saque del remolino. Cuida tus
pensamientos, eres el responsable de lo que te ocurra. Piensa que grandes cosas
están por llegar a tu vida, y siéntete predispuesto a que sucedan. Ábrete. Está
demostrado que la gente más extrovertida, más optimista y segura de si misma
tiene más suerte.
Así que recuerda: El mejor amuleto para atraer la suerte es TU
ACTITUD
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