Buscar este blog

25 de agosto de 2008

Image Hosted by ImageShack.us

Dicen que era un hombre maniático, obsesivo y extremadamente perfeccionista. Hitchcock poseía un humor negro, extraño, cercano a la fina ironía, como buen inglés que era. Uno de sus entretenimientos preferidos era gastar bromas pesadas a sus actores porque de esa forma marcaba su superioridad sobre los demás. Pero con Tippi Hedren, su mayor damnificada, cruzó todos los límites; controlaba sus amistades, sus horarios, sus comidas, su vestuario y su conducta en general. La hizo objeto de sus burlas y de su particular y macabro sentido del humor cuando en una ocasión le regaló a su hija, Melanie Griffith, durante el rodaje de “Los Pájaros” una muñeca, réplica exacta de su madre y vestida como en el rodaje, dentro de un pequeño ataúd de madera. Ese era el precio por trabajar con uno de los magos del suspense pero la Hedren no pudo soportar aquella tortura y cuando acabó de rodar las películas que había firmado se desentendió del director y hasta de su propia carrera cinematográfica.

Con Kim Novak también lo intentó. Las rubias eran otra de sus obsesiones favoritas. Durante el rodaje de “Vértigo” la hizo repetir varias veces una escena en que tenía que lanzarse al agua a pesar de que la primera toma había salido bien sólo por diversión.
Sus manías eran bien conocidas y temidas, aunque no todas eran tan pesadas como éstas. Quizás su manía más conocida sean sus cameos; que empezaron en sus primeras películas cuando por falta de presupuesto, o sea, por falta de dinero para contratar figurantes, él mismo y parte de su equipo técnico tenían que aparecer ante la cámara para suplir a éstos. Estos primeros cameos terminaron convirtiéndose en una especie de ritual, en parte superstición y gag; transformándose con el tiempo en un guiño gracioso entre el director y su público.
Recientemente se ha descubierto su cameo más secreto; el que hasta hoy más desapercibido había pasado. Hay ciertas dudas sobre su autenticidad pero viendo las imágenes parece claro que se trata del mismísimo Alfred Hitchcock.

Se trata de la película “Con la muerte en los talones”. La acción transcurre a bordo de un tren, donde se puede a ver un pequeño grupo de gente entre los que se encuentra una ancianita vestida de azul.

Inmediatamente después podemos ver que unos revisores se acercan y comprueban a la anciana su billete.

Después de una breve conversación, inaudible para el espectador. Los revisores pasan por delante de la anciana y se dirigen hacia la cámara. La mujer vestida con un traje azul se encoge de hombros. En ese momento el perfil de Alfred Hitchcock se hace reconocible.

Otros cameos

Uno de sus primeros cameos conocidos data del año 1929. Se trata de la película “Blackmail”, aquí titulada “La muchacha de Londres”. Se le puede ver sentado en el metro leyendo un libro; el niño que juega entre los asientos le hunde el sombrero en la cabeza. Hitchcock le pega en la espalda, y cuando el niño se pone de pie él pone una expresión atemorizada.

Image Hosted by ImageShack.us
"Náufragos" de 1944. Uno de los cameos más originales de Hitchcock. En esta ocasión se puede ver su oronda figura en un anuncio publicitario de un producto adelgazante (Reduco) que publica un periódico, "antes" y "después" de usarlo.

Extraños en un tren” de 1951. Se le puede ver subiendo al tren con un estuche de contrabajo al mismo tiampo que Farley Granger baja.

Rebeca” de 1940. Pasa por delante de una cabina telefónica justo antes de que el protagonista (George Sanders) realice una llamada en esa misma cabina.

Con la muerte en los talones” del año 1959. Durante los títulos de crédito del principio, se le puede ver corriendo para coger al autobús, pero antes de que pueda subir se le cierra la puerta.

Los pájaros” de 1963. Se le puede ver saliendo de una tienda de animales con dos terriers blancos, al mismo tiempo que Tippi Hedren se dispone a entrar.

21 de agosto de 2008

La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.

Epicuro de Samos.

Mi sentido pésame a los familiares de las victimas del avión siniestrado ayer en Barajas.

Descansen en paz

20 de agosto de 2008

La Momia. La Tumba del Emperador Dragón

Condenados por una bruja traidora a permanecer en muerte aparente para la eternidad, el despiadado emperador chino Dragón y sus diez mil guerreros han esperado en su amplia tumba de barro, olvidados de todos, durante cientos de años, cual ejército de terracota. Pero cuando engañan al joven aventurero y arqueólogo Alex O'Connel para que despierte de su sueño eterno al temible gobernante, no le queda más remedio que pedir ayuda a las únicas personas que saben más que él acerca de los no muertos: sus padres. El monarca regresa a la vida con todo su poder y los protagonistas descubren pronto que su afán de dominación no ha hecho más que crecer en todos estos años. Sirviéndose de poderes sobrenaturales inimaginables, el Emperador Momia cruzará el lejano Oriente con su legión sin que nadie pueda detenerle... a menos que los O'Connell encuentren la forma de hacerlo.

Han pasado siete años desde que “El regreso de la momia” se estrenara, y nada ha cambiado; bueno casi nada. La tumba del Emperador Dragón sigue la misma línea de sus predecesoras. Si algo funciona para qué cambiarlo…

Lo malo es que esta tercera parte carece de la frescura de La Momia; la primera pelí de la saga y, con justicia, la mejor de las tres.

En esta ocasión la acción se traslada a China. El nuevo malo, Qin Shi Huang – tirano en toda regla, y considerado el unificador de China-, está interpretado por el especialista en artes marciales Jet Li. Como malo lo único que se puede decir de él es que se limita a figurar, y nunca mejor dicho. Al contrario que sucedía en las primeras películas, este malo no es atractivo. Jet Li no consigue aproximarse al carisma que Arnold Vosloo supo darle a su personaje de Imhotep.

La bella Michelle Yeoh es Zijuan, hechicera y guardiana de la fuente de la vida, que por amor, como no podía ser de otra manera, condenará al emperador Dragón y a su poderoso ejército a una no existencia. Michelle sube considerablemente el nivel de la película, y hasta me atrevo a decir que gracias a ella y a su personaje la cinta consigue ser menos mala de lo que es.

Otros que se incorporan a la saga son Luke Ford, interpretando al crecidito hijo de Rick y Eve O´Connell; Isabella Leong: Lin, hija de la hechicera Zijuan y guardiana de la tumba del emperador. Y Maria Bello, sustituyendo a Rachel Weisz como Evelyn O´Connell.

Los que se mantienen, aunque bastante más cascados, todo hay que decirlo, son Brendan Fraser de nuevo en la piel de Rick O´Connell y John Hannah como Jonathan Carnahan; el contrapunto cómico de la saga.

Y ya tenemos todos los ingredientes para hacer una entretenida película de aventuras al estilo de Indiana Jones, con algunos de sus aciertos y con bastantes de sus fallos.

Uno de los aciertos es su escenificación. Tanto en la primera parte de la película (cuando se cuenta la historia del emperador Dragón), como en la segunda parte (en la China de los años 40), los escenarios son impresionantes.

De sus fallos…bueno es mejor verlos. Porque a pesar de ese malo tan inexpresivo, de lo trillado de la trama, de esos yetis que aparecen tan oportunamente, de parecerse cada más a una mala copia de Indiana Jones, de esa momia que no es momia sino estatuilla y dragón de tres cabezas, de lo cansado que se ve a Brendan Fraser, de que el personaje de Eve O´Connell haya ido perdiendo carisma en cada nueva entrega hasta quedarse en nada, de que los chistes ya no tengan gracia, de…bueno a pesar de todo eso “La tumba del Emperador Dragón” cumple con su cometido: entretener sin complicarse demasiado.

15 de agosto de 2008

Nubes en tránsito

La luz de la mañana iluminaba tenuemente la pequeña habitación. Sobre la cama sin hacer una maleta vacía esperaba, olvidada, a que su propietario terminara de decidir cuales de sus escasas pertenencias lo acompañarían en su viaje.
Había descubierto un mundo de pequeños tesoros en los cajones de la cómoda. Tesoros que había olvidado poseer y cuya visión le habían traído a la mente recuerdos muy vividos de días mejores.
Pero todo aquello tendría que quedarse allí.
Con firmeza cerró los cajones, rechazando el sentimentalismo que empujaba en su garganta. Volvió a su maleta vacía y, asomado sobre ella, dejó escapar un suspiro. Le costaba creer que aquel día soñado había llegado. Por fin, después de muchos meses, su sueño empezaba a materializarse. Pero a pesar de la euforia y el entusiasmo de días anteriores, no se sentía tan bien como esperaba. Era un sentimiento extraño, contradictorio, que se agarraba a su pecho como una garrapata y que chupaba sus energías y hasta su alegría.
La puerta de la habitación se abrió y una mujer bajita, cargada con una pila de ropa limpia y doblada, entró trayendo consigo un aroma delicioso a café recién hecho.

-¿No bajas a desayunar?- preguntó dulcemente, acercándose a él. Y dejando la ropa sobre la cama miró con fijeza la maleta vacía. - ¿Aún estás así? A estas alturas tendrías que tenerla lista. Las cosas con prisas no salen bien.- le advirtió. Deseaba sonar tranquila, pero su voz temblaba.

-No sé qué meter. Ponga lo que ponga lo que más quiero seguirá aquí.-dijo sonriente, sujetándola por los hombros cariñosamente.

Los ojos de la mujer se ensombrecieron y ahogando un sollozo se deshizo del abrazo dándole la espalda.

-En la cocina está María. Baja a comer algo mientras te hago la maleta- y metió un par de camisas sobre las que cayeron dos silenciosas lágrimas -; ah, y hazme el favor de despedirte de ella como dios manda que últimamente apenas os habláis.

-Porque está insoportable- contestó risueño, parado ante la puerta.

La mañana se había levantado pero la habitación seguía teniendo el mismo aspecto sombrío y tristón. Aún así la recorrió con la mirada reteniendo en su memoria la disposición de los pocos muebles y aquella figura encorvada que, a pesar de su tamaño, lo llenaba todo.

-Mamá…

-¿Qué?-. Le miró a los ojos, expectante. Tenía un nudo en la garganta y no lograba deshacerlo.

-No es para siempre, lo sabes ¿verdad?- Ella suspiró emocionada y asintió con la cabeza.- Volveré, es una promesa.

Sentada tras la mesa María leía distraídamente una revista y bebía a sorbos un té muy oscuro.

-¡Puaj! ¿Estás enferma?

-No-canturreó ella irritada-. La leche tiene mucha grasa. Es más sano beber té.

-La leche tiene mucha grasa- la imitó engolando la voz.- ¡Cada días estás más tonta!

-Y tú más paleto de pueblo.

-Mira quién fue a hablar.

-Al menos yo tengo clase.

-Oh, será porque te mueves en ambientes tan selectos como el Bodegón Paco y el mercado de abastos del pueblo de al lado.-resopló sentándose frente a ella- ¡Qué mujer de mundo!

-Ahórrate el esfuerzo. Hace mucho que deje de tomarte en serio.- Se puso en pie dejando el té a medio terminar.

-¿Te vas?

-Sí, idiota. He quedado con las chicas. Nos vamos de excursión.

-Ah…- dijo sin poder disimular su decepción- pensé que vendrías al puerto a despedirme.

-Sí, a agitar un pañuelito blanco. ¿No te parece que todo eso son estúpidos formulismos? Eres mi hermano- proclamó-, y te quiero, y claro que te echaré de menos, pero ya. Tanto empalago…- se estremeció.

-Anda, si al final va a resultar que eres hermana mía y todo- dijo sonriéndole- Por mi, mejor. Tampoco me gustan las despedidas.

Terminó de desayunar solo y en silencio. La sensación de que se acercaba el momento de su partida le inquietaba. Supondría un cambio inmediato, palpable e irremediable.

María volvió a la cocina vestida adecuadamente para su excursión, con el pelo recogido en una alta coleta, precedida por ese aire altanero que solía envolverla.

-¿Has visto mi rebeca roja?- le preguntó con impaciencia.-Va a refrescar y no tengo nada que me convine tan bien con esta blusa.

-No-contestó seco.

María dejó de buscar y se detuvo para mirarle fijamente. Entornó los ojos escudriñando su rostro.

-¿Te pasa algo, Manuel?

Aquella pregunta sorprendió mucho al muchacho.

-No.

-Eso no ha sonado muy convincente-comentó sentándose frente a él.

Él dejó escapar una risita sarcástica, y se movió en la silla incorporándose un poco.

-¿De verdad quieres saberlo? Te advierto que puede sonar algo…empalagoso.

Ella sonrió, y asintió lentamente.

-Me voy lejos. Es lo que quiero, pero no sé… eso no me hace tan feliz como esperaba. Tengo un peso aquí dentro- se golpeó el pecho con un puño-, y aquí- dijo dándose una palmada en la frente.

-Son nervios. Es la primera vez que viajas…

-Sí, puede ser- la interrumpió, poco convencido.

-Qué sí, tonto.

Manuel cogió aire por la nariz lentamente y desvió la vista hacía la puerta. Sus ojos parecían ausentes.

-O…-empezó a decir María-, puede ser miedo.

Él la miró con atención, y arrugó la frente.

-La rebeca- dijo entonces, confundiéndola.

-¿Eh?

-Detrás de ti, en el aparador. La rebeca roja.

Ella se volvió y suspiró satisfecha de encontrarla. Se puso en pie, sonriente, para ir en su busca. En el mismo aparador de madera había un gran jarro repleto de enormes y olorosas flores blancas cuyo perfume, algo dulzón, flotaba en el aire anestesiándolos suavemente.

Entonces el sonido de un claxon les sobresaltó.

-Es Luís- anunció, corriendo hacía la puerta con la rebeca en las manos- va a llevarnos a ver no sé qué ruinas famosas. Un aburrimiento; pero nos invita a comer en el parador aquel tan…

-Disfrútalo.

Al escuchar su voz, apagada y sin emoción, se detuvo en seco. Ahora era ella la que sentía un peso en el estómago. Se dio la vuelta y le miró fijamente.

-¿En serio te vas? – Su voz le sonó extraña hasta a ella misma.

Hasta aquel momento no había sido consciente de ello. Pero ahora la certeza era demasiado grande como para no verla. Manuel se limitó a mirarla a los ojos dibujando una media sonrisa. Ella se mordió el labio y bajó la cabeza.

-Bueno, tú ya sabes que vayas a donde vayas siempre seguirás siendo un paleto de pueblo- dijo riendo débilmente.

Se le acercó, indecisa. El claxon había sonado de nuevo pero ella no le hizo caso. En lugar de desaparecer veloz como una gacela por la puerta como solía hacer cuando sus amigos la llamaban, se quedó allí, parada, como pegada al suelo.

-Estás haciendo esperar a Luís.

-¡Qué espere!- exclamó vehemente, con los ojos brillantes-, aún tengo que despedirme de mi hermano.

Olvidándose de lo que habían dicho, se abrazaron efusivamente.

-No te olvides de mamá, ni de mí- murmuró ella.

-Nunca- susurró, y dio un paso atrás, avergonzado. Odiaba dejarse arrastrar de forma tan irracional por sus emociones.- ¡Cuánto azúcar!

-Para llenar dos camiones- convino ella y se alejó cuanto pudo. -Adiós, Manuel- dijo desde la puerta. Y se marchó dejándole sumido en el más ensordecedor de los silencios.

El cielo estaba muy nublado. Desde hacía ocho meses se repetía esa circunstancia en su vida. Días nublados. Nubes bajas, oscuras e inmóviles. Nubes cargadas y amenazantes. Nubes de tormenta.

Paseó por el pueblo como si lo hiciera por primera vez. Miró con ojos nuevos las calles más que conocidas y lo guardó todo, junto a aquellas cosas que deberían ocupar espacio únicamente en su memoria.
Entonces la vio.

-Noelia- la llamó.

Pero ella apresuró el paso y bajó los hombros. Él la alcanzó a pocos metros de distancia.

-¿No me oyes?

Con la barbilla temblorosa y los ojos llameantes, le clavó una mirada desdeñosa que hizo que se sintiera intimidado. Con brusquedad se deshizo de las manos que la aferraban y continuó caminando con ligereza.

-¡Espera!-gritó ansioso- Hoy me voy.

El paso de ella se ralentizó casi imperceptiblemente, pero no se detuvo.

-¡Noelia!- gritó, volviendo a sujetarla de un brazo.

-Haz el favor de soltarme -dijo ella.

-¿Por qué huyes de mi?- le preguntó él, desesperado.

Noelia suspiró pesadamente reprimiendo las ganas de llorar.

-Eres tú quien se va. Y lo entiendo. No todos tenemos la oportunidad de escapar de esta prisión.

Manuel le miró fijamente. Deseaba acariciarla, besarla por última vez, pero había demasiado resentimiento en sus palabras.

-¿Me entiendes de verdad?- Sus ojos vibraban, ansiosos.

-Tuve ese mismo sueño. Ser libre, completamente libre.

-Si tú quisieras, yo…

Ella cerró los ojos un instante; cuando habló su voz sonó lejana, resignada.

- No puedo, y nunca te pediría que te quedaras.

La acarició tembloroso. Le latía muy fuerte el corazón.

-Tienes casi veinte años. Dentro de nada serás viejo. No podría soportar que me reprocharas el haberte retenido aquí. Lo lamentarías, y a la larga yo también. El amor debe ser generoso.- musitó, reprimiendo un sollozo-. No comprendía eso hasta hoy, hasta ahora.

Y besándole los labios suavemente echó a correr perdiéndose de vista.

-¡Noelia!

Las nubes plomizas se cernían sobre él. No se movían. Parecía que nada lo hacía.

Cruzó el jardín con la maleta en una mano, con el miedo que no quería reconocer latiendo en el corazón, con la vieja y nueva euforia de días pasados, con la extraña y desconcertante sensación de que aquellos pocos pasos lo estaban alejando irremediablemente de algo que nunca podría recuperar aunque quisiera, y aún así, con toda la decisión de su pocos años.
Antes de que pudiera traspasar la verja alguien se le acercó.

-Manuel, hijo…

Al volverse sintió que el suelo se movía bajo sus pies. La persona más importante de su vida le miraba con los ojos brillantes. La abrazó fuertemente y besándola en la frente recogió de sus pequeñas manos una de aquellas flores blancas y olorosas de la cocina.

Sólo se había alejado unos metros cuando sintió que alguien lo llamaba, y al girarse se encontró con María, que lo miraba risueña agitando un pañuelo blanco en una mano. Sonriendo sin poder evitarlo le devolvió el saludo y continúo, alejando de si la tristeza. A lo lejos las nubes se abrían.
Al doblar en la esquina los ojos de Noelia lo detuvieron. La luz entró a borbotones por la herida abierta del cielo.
Sujetó con calor sus manos; y abrazándola, guardó su imagen. Las fuerzas renacían en su interior.

Y partió, mientras a lo lejos las nubes avanzaban.

9 de agosto de 2008

El niño con el pijama de rayas

Estimado lector, estimada lectora:

Aunque el uso habitual de un texto como éste es describir las características de la obra, por una vez nos tomaremos la libertad de hacer una excepción a la norma establecida. No sólo porque el libro que tienes en tus manos es muy difícil de definir, sino porque estamos convencidos de que explicar su contenido estropearía la experiencia de la lectura. Creemos que es importante empezar esta novela sin saber de qué trata.

No obstante, si decides embarcarte en la aventura, debes saber que acompañarás a Bruno, un niño de nueve años, cuando se muda con su familia a una casa junto a una cerca. Cercas como ésa existen en muchos sitios del mundo, sólo deseamos que no te encuentres nunca con una. Por último, cabe aclarar que este libro no es sólo para adultos; también lo pueden leer, y sería recomendable que lo hicieran, niños a partir de los trece años de edad.

El editor.

Cuando terminé de leer el libro me embargó una sensación extraña; un desasosiego interno del que no me libre hasta muchas horas después. La historia de Bruno, narrada con una sencillez que llega a resultar un tanto desesperante, me había dejado un regusto amargo.

Me habían hablado muy bien de esta pequeña obra y mis expectativas eran altas. Por eso no niego que, en el fondo, sentí cierta decepción.

Es un libro bien escrito; y el enfoque que utiliza el autor para desentrañar la trama es original. Pero en ocasiones resulta desconcertante la “ingenuidad” del protagonista, y la opacidad con la que ciertas cosas quedan vagamente esbozadas.

La historia de Bruno comienza cuando éste tiene que dejar su fabulosa casa de cinco pisos de Berlín para irse junto a su familia a una nueva casa junto a una valla. A Bruno aquella nueva situación, y sobre todo el tener que separarse de sus mejores amigos, no le gusta nada. Además, aquel lugar extraño y horrible está muy aislado por lo que sus posibilidades para hacer nuevos amigos parecen escasas. Pero un día, casualmente, descubre a un niño que vive justo al otro lado de esa valla a la que casi no ha prestado atención; un niño que viste un pijama a rayas.

John Boyne, nos lleva de la mano y sin titubear directamente hasta un perturbador y, por otro lado, predecible final. Nada sobra, porque todo está medido. Y es justo por ese final por lo que “El niño con el pijama de rayas” resulta un libro digno de leer.

31 de julio de 2008

En una caja de cartón

Aquel día, un 31 de Julio como hoy, Pancho llegó a nuestras vidas en una caja de cartón.

Lo cierto es que, en aquel momento, no queríamos más perros. Ya teníamos dos, muy revoltosos, que llenaban nuestras vidas, además de los sofás.

Sólo que aquella bolita de pelo apareció en un momento…digamos extraño. En aquella época nada iba bien, de hecho todo iba bastante mal. La tristeza se había instalado en cada esquina de nuestra casa- y en los ojos de sus habitantes- y campaba a sus anchas haciéndose fuerte. Porque allí se notaba una ausencia, un hueco doloroso imposible de llenar con nada.

Tal vez por eso, y porque aquella bolita nos conquistó con sus ojitos diminutos y curiosos, lo acogimos.

La caja en la que su antiguo dueño lo había transportado hasta nosotros se convirtió en su cuna. Luego, en aquellos primeros días de exploraciones por la azotea encontró un lugar más cómodo para dormir: un pequeño macetón de mimbre en el que se pasaba horas enteras. Pero el macetón se le quedó pequeño muy rápidamente; Pancho resultó ser un perro inquieto, y cuando aprendió a bajar los escalones que lo mantenían alejado de las cortinas, de los cojines y de nuestros calcetines, la casa fue suya.

Ya han pasado tres años. Me ha dado por pensar en lo mucho que ha cambiado todo desde entonces. Lo dijo el sabio: Todo cambia nada es. Tres años es tiempo suficiente para cambiar, necesariamente. Aunque en el fondo las cosas sigan teniendo un tono parecido, un mismo matiz, es nuestra visión la que ha dejado de mirar igual.

Este es Pancho. Vino en un momento crucial y nos hizo olvidar. Hizo que miráramos “diferente”

Ha ido creciendo, y nosotros con él. Ese es vínculo que lo ha convertido en parte de mi familia.

26 de mayo de 2008

Se buscan okupas

El rincón de Sherezade se ha quedado estancado. Tal vez los que estábamos nos hemos quedado sin imaginación para continuar escribiendo... No me gustaría que se quedase ahí olvidado y flotando a la deriva... Así que busco amigos que quieran compartir sus inquietudes literarias en ese espacio.

Es un foro abierto a diversas colaboraciones: dispone de un concurso de relatos "Los cuentos de las mil y una palabras", en el que se vota y el ganador pone el tema de la siguiente semana, también en este apartado hay una tertulia para comentar los relatos escritos y sacar conclusiones sobre el trabajo hecho.

Contagiar las ganas de escribir

Hay un apartado para exponer otras creacciones literarias como poesía, teatro, relatos largos, opiniones sobre el tema, etc... Le sigue un lugar para hablar sobre autores y también un pequeño taller con consejos para escribir.

¿Qué más os cuento?...

En Offtopics hablamos de todo: música, películas, pintura, utilizamos fotografías para adivinar el emplazamiento donde se hicieron..., vídeos, personajes, noticias peculiares, opiniones propias sobre cualquier tema..., etc.

Si os apetece compartir vuestra imaginación con nosotros y ayudarnos a revivificar el foro, os dejo aquí la dirección:

El rincón de Sherezade

Entrad y ocupad el espacio con total libertad, sois bienvenidos.

19 de mayo de 2008

Demasiado tiempo

Image Hosted by ImageShack.us

Ha pasado mucho tiempo. Y tú sigues aquí, esperando como si no hubiera otro propósito en tu existencia. Y yo sigo, como siempre, buscando excusas para no mirarte a los ojos; porque no sé qué decirte, y no me gusta este silencio que nos une.

Ojala pudiera decirte lo que siento, lo que soy, hacía donde me gustaría ir. Sentarme y mirarte a los ojos, y dejarte entrar en mi alma. Las cosas serían más sencillas para los dos.

Sólo que…hay veces que te miro y me parece que no te conozco, que nunca lo hice. ¿Cómo podía quererte entonces? ¿Cómo podías quererme tú si nunca me entregué totalmente?

Si me hubieras dejado pensar como sería la vida sin ti…tal vez todo sería diferente. Era tu momento y seguiste aguantando. Estabas ciego. No quisiste ver. Yo tampoco. Habías dejado pasar tu momento, pero yo no quería desaprovechar el mío. Resultó más fácil de lo que imaginé. Ni siquiera miré atrás. Me alejé sin más, eché a correr.

¿A dónde fui?...eso es lo de menos. Llevaba al hombro una mochila con las ideas tontas que habían ocupado espacio en mi vida, y en el corazón las ansias de aventura. Quería derribar los muros de hipocresía, y encontrarme finalmente, allá donde mis pies me llevaran, conmigo misma. Finalmente yo.

Y mira por donde, fue justo allí donde comprendí que mi camino eras tu.

9 de febrero de 2008

Sombra final

...Aquí ciega pasión se estrelló fría, aquí mi corazón golpeó obseso, tercamente insistió, palpitó opreso. Aquí perdió mi boca su alegría.

Entre mis brazos ciega te he tenido, bajo mi pecho respiraste amada y en ti vivió mi sangre tu latido.

Oh noche oscura. Ya no espero nada. La soledad no miente a tu sentido. Reina la pura sombra sosegada.

6 de febrero de 2008

Revista Sherezade

Entrevistas, artículos de opinión, reseñas, criticas, pintura, fotografía, cine, música y recursos para escritores. Revista Sherezade
Me emociona y sobretodo me anima a continuar con el blog el hecho de que dos blogueros de pro me hayan otorgado un premio. Gracias a Consuelo Labrado y a Miguel Schweiz, por haberme incluido en la lista de premiados.

19 de enero de 2008

Soneto XXV- Pablo Neruda

Antes de amarte, amor, nada era mío:

vacilé por las calles y las cosas:

nada contaba ni tenía nombre:

el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,

túneles habitados por la luna,

hangares crueles que se despedían,

preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,

caído, abandonado y decaído,

todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,

hasta que tu belleza y tu pobreza

llenaron el otoño de regalos.

11 de enero de 2008

No es nada de tu cuerpo...

No es nada de tu cuerpo

ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,

ni ese lugar secreto que los dos conocemos,

fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.

No es tu boca -tu boca

que es igual que tu sexo-,

ni la reunión exacta de tus pechos,

ni tu espalda dulcísima y suave,

ni tu ombligo en que bebo.

Ni son tus muslos duros como el día,

ni tus rodillas de marfil al fuego,

ni tus pies diminutos y sangrantes,

ni tu olor, ni tu pelo.

No es tu mirada -¿qué es una mirada?-

triste luz descarriada, paz sin dueño,

ni el álbum de tu oído, ni tus voces,

ni las ojeras que te deja el sueño.

Ni es tu lengua de víbora tampoco,

flecha de avispas en el aire ciego,

ni la humedad caliente de tu asfixia

que sostiene tu beso.

No es nada de tu cuerpo,

ni una brizna, ni un pétalo,

ni una gota, ni un grano, ni un momento.

Es sólo este lugar donde estuviste, estos mis brazos tercos.

Jaime Sabines.

27 de diciembre de 2007

Se armó el belén...

Son días extraños. Hace mucho frío. No ha parado de llover. Parece que todo el mundo está de mal humor. Los coches, las prisas, las compras de última hora, y el inevitable trancazo de final de año me están torturando estos días. Sin embargo, ha habido una cosa buena hoy, el jefe nos ha dado una alegría: nos ha invitado a desayunar. Es un detallazo, viniendo de su parte, porque según dicen, yo lo conozco muy poco, es más agarrado que un chotis. No sé si será agarrado o no, pero el bocadillo me ha sentado hoy de muerte, y sinceramente se lo agradezco aunque no se vuelva a repetir hasta el año que viene.

Estoy tan cansada que no tengo fuerzas para escribir. Estos madrugones me están matando. Odio madrugar, odio desayunar tan temprano y tener que correr cada mañana bajo el sereno helado hasta la estación. Odio la gente en navidad y trabajar en lo que trabajo. Odio escribir como si fuera un feje indio, y odio por encima de todas las cosas esta dislexia mía que me hace escribir feje en lugar de jefe...

Estoy deseando que acaben estas, entrañables, fiestas. Llevamos dos meses de intensa campaña navideña y mis nervios no pueden soportarlo más. ¿Me estaré convirtiendo en un Mr. Scrooge cualquiera, malhumorada siempre, malencarada, dura y esquinada como el pedernal…? Odiaría verme alguna vez así, pero tengo que reconocer que la navidad saca lo peor de mí. Estoy siendo injusta, ya lo sé, qué culpa tiene la navidad del consumismo desatado, y de la locura general. Sí, si ya lo sé, me estoy dejando arrastrar por mis sentimientos, o mejor dicho, por el dolor de espalda y el sueño atrasado y el gripazo que, fiel como cada año, se presenta para aguarme, literalmente, las fiestas. En el fondo me siguen gustando estas fechas, aunque no sean ni una sombra de las navidades de antes.

El día de nochebuena se armó el belén en mi barrio. Unos chicos estaban tirando petardos por ahí, y al parecer uno cayó, accidentalmente o eso se presupone, en la puerta del garaje del médico, lo que fue el detonante de una gran pelea. El médico es uno de los últimos vecinos que llegó al barrio, hace unos diez años más o menos; suficiente tiempo para dejar de ser el nuevo aunque no lo suficiente tratándose de él. Nunca le ha preocupado ganarse la simpatía de nadie, y como si se tratará de Mr Scrooge siempre ha mantenido las distancias con todo el mundo, y no por timidez. Aquel día, durante toda la mañana y tarde se habían escuchado petardos, voladores, y mucho alboroto, cosa normal en estas fechas. Aquellos chicos del barrio, serían seis o siete, bajaban de una de las calles de arriba, iban armando jaleo, y estaban muy exaltados.

El médico salía justo en ese momento y observó con su privilegiada vista de lince cómo uno de los petardos caía sobre su puerta de garaje. Los increpó y los chicos al principio respondieron de buen rollo. Sin embargo el médico prosiguió con su reprimenda, quizá en un tono no muy adecuado. Uno de los chicos le insultó y el médico, herido en su orgullo, le siguió…buscándole las cosquillas. El chico, que se vio acosado por el médico, continuo lanzándole... piropos, y el médico, que cada vez se exaltaba más, le posó una mano sobre el hombro con no sé qué intenciones pero con pésimas consecuencias. El chico le golpeó, el médico respondió, y los dos se enzarzaron como gallos de pelea. El hijo del médico y su mujer salieron corriendo al escuchar el griterío y se encontraron con el jaleo armado. Gritos de todo tipo, insultos varios y un escándalo como hace tiempo no se presenciaba en el barrio. Resulta que la bronca fue subiendo en intensidad, y al final tuvo que venir una ambulancia y hasta la policía. Mi padre fue “testigo” junto con otros vecinos del incidente, y dicen que estaban intentando convencer al médico para que se fuera a su casa pero el hombre estaba fuera de si y no hacía caso a nadie.

En el barrio no se habla de otra cosa. La pelea ha pasado a ser el tema estrella en las tertulias de los bares y supermercados, y cada uno tiene una versión diferente de lo sucedido. Se añaden o se quitan cosas y como una bola de nieve el cuento de la pelea se va haciendo cada vez más grande, y más disparatado. Ya no son seis los chicos, ahora son diez, y skin hear, nada más y nada menos, y la imaginación de cada uno de mis vecinos va añadiendo y condimentando este guiso con cosas de su propia cosecha. Después de la tormenta siempre llega la calma. Y eso es lo que ha llegado al barrio; una calma total que tal vez es el preludio perfecto para la gran fiesta de fuegos artificiales de fin de año.

Al médico se le ve pasar, serio como siempre, con su brazo en cabestrillo, y todo el mundo lo mira sin querer, como de reojo, y cuando alguien habla de lo sucedido en sus caras se asoma una sonrisa de satisfacción. Tal vez esté mal decirlo, pero en su interior, estoy segura, piensan que no ha estado mal que alguien le bajara los humos, aunque fuera a mamporrazos.

Me he acordado de esta gran película del gran actor Paco Martínez Soria a raíz de esto. Se armó el belén es una película de 1969 y narra una historia sencilla, la de un cura algo anticuado que es destinado a una parroquia de un suburbio de Madrid donde intenta, por todos los medios, ganarse el afecto de sus nuevos feligreses. La verdad es que los años no pasan en balde, y los treinta y nueve años que tiene ya esta película se notan. Pero se pasa un rato muy entretenido. La recomiendo.

19 de diciembre de 2007

Elizabeth Eckford y los nueve de Little Rock

Elizabeth Eckford, una de las estudiantes Afro-Americanas del "Little Rock Nine", fue el ídolo de la lucha antirracista en Estados Unidos.

El 4 de septiembre de 1957, Elizabeth junto a ocho compañeros afro-americanos intentaron entrar en el Little Rock Central High School.

La segregación racial en las escuelas estaba prohibida por el Tribunal Supremo, pero las cosas no habían cambiado demasiado en el sur de los EEUU.

Orval Faubus, Gobernador de Arkansas en aquella época, había dado la orden a la Guardia Nacional de evitar que los estudiantes de color se matriculasen en el Central High School. Motivo por el cual, Elizabeth Eckford y sus ocho compañeros, fueron detenidos a las puertas del instituto.

Días más tarde el grupo intentaría asistir de nuevo siendo otra vez rechazados. Finalmente, el día 24 de septiembre de 1957 y sólo después de que el Presidente Eisenhower ordenara a la Armada Norteamericana escoltar a Elizabeth y sus compañeros; los Little Rock Nine pudieron acceder al Central High School.

Conocí esta historia, casualmente, gracias a la película “Forrest Gump”. Por aquella época no tenía ordenador y las enciclopedias que tenía en casa no daban muchos detalles al respecto. La información que tenía entonces sobre esta historia de superación y de lucha no era muy completa; fechas y nombres pero nada más. Recuerdo que anoté en alguna parte este nombre: Elizabeth Eckford, y que me hice la promesa de investigar sobre los Nueve de Little Rock cuando tuviera mejores medios a mi alcance. Supongo que lo olvidé o puede que la nota se perdiera entre la montaña de apuntes y libros de texto de mi vida de estudiante. De nuevo, la casualidad es la que me ha conducido a esta historia y a Elizabeth Eckford, y hoy no puedo dejar pasar la oportunidad de hablar sobre ella: sobre los nueve de Little Rock, y sobre la segregación racial en EEUU.

Desde siempre nos han vendido una imagen de EEUU algo… distorsionada: Un nación libre, igual, y única. Puede que sí sea única, gracias a dios, pero no es libre, y mucho menos igualitaria. Su historia está plagada de injusticias, de racismo y de abusos. Pero aquel día de septiembre de hace cincuenta años algo pasó y todo el mundo posó sus ojos sobre los nueve estudiantes de color que habían intentado acceder al instituto Central High. Unos años antes, El caso Brown había contribuido sustancialmente a la transformación de las relaciones raciales en Estados Unidos. Pero sería aquella imagen, la de Elizabeth Eckford encaminándose sola y siendo increpada por los exaltados alumnos blancos del Central High, la que marcaría a toda una nación y la enfrentaría consigo misma. EEUU no podía vanagloriarse de mediar en el extranjero contra el odio cuando en su propia nación muchos de sus ciudadanos eran perseguidos y discriminados simplemente por el color de su piel. Aquellos nueve alumnos abrieron la veda de la igualdad pero pagando un alto precio a cambio: el acoso constante y el desprecio sistemático de sus compañeros blancos los marcaría profundamente para el resto de sus vidas.

Finalmente en 1964 se aprobó la ley de Derechos Civiles, que prohíbe la discriminación por motivo de raza, color de piel, religión u origen.

Han pasado cincuenta años, las cosas han cambiado mucho, puede, seguramente, que no para mejor. Pero el sacrificio de estos nueve alumnos será siempre recordado.

En el 25 de Septiembre de 1997, en el 40 aniversario de estos hechos, Bill Clinton pronunció un emotivo discurso, este es un pequeño fragmento del mismo:

“Creemos que cada individuo posee las mismas posibilidades; cada individuo nace con el derecho igual para esforzarse, para trabajar y para subir tan alto como pueda; y que nazca con igual responsabilidad para actuar según las leyes, para reflejar nuestros valores y para transmitirlos a sus hijos”

17 de diciembre de 2007

Cuánto rato te he mirado

sin mirarte a ti, en la imagen

exacta e inaccesible

que te traiciona el espejo!

«Bésame», dices. Te beso,

y mientras te beso pienso

en lo fríos que serán

tus labios en el espejo.

«Toda el alma para ti»,

murmuras, pero en el pecho

siento un vacío que sólo

me lo llenará ese alma

que no me das.

El alma que se recata

con disfraz de claridades

en tu forma del espejo.

7 de diciembre de 2007

Frescura divertida

Su nombre completo es Mica Holbrook Penniman ismaili. Nació en Beirut, capital del Líbano, el 18 de agosto de 1983. A sus veinticuatro años ha triunfado en el mundo entero gracias a su música de buenas vibraciones y al éxito que cosechó su single: Grace Kelly.

A los nueve años, huyendo de la guerra del Líbano, y después de vagar por diferentes lugares del mundo como Kuwait o París, se estableció definitivamente en Londres, junto a su familia. En aquella época Mika sufría dislexia, lo que dificultó su integración y marcó su carácter. A modo de terapia, su madre le hizo estudiar música con una rígida disciplina que, al parecer, surtió buenos efectos.

Antes de triunfar como cantante pop, Mika fue cantante de ópera, escribió música funcional para la aerolínea British Airways y compuso singles publicitarios. En el 2007 firmó un contrato con el reactivado sello de música disco de los setenta Casablanca Records y cuyo álbum debut, Life in cartoon motion, se edita bajo el sello de Island Records UK (Universal). Su primer álbum fue producido por Tommy Mottola y Greg Wells.

Es el artista más prometedor del año según la encuesta anual que realiza la BBC entre más de 130 profesionales independientes del mundo de la música y los medios de comunicación británicos.

Se le compara con el difunto Freddy Mercury, al que le ha dedicado su primer trabajo, y con el cantante de los Scissor Sisters, por la similitud de su timbre de voz. Lo cierto es que Mika tiene un indiscutible estilo propio y una fuerza artística que salta a simple vista.

6 de diciembre de 2007

La leyenda de Gara y Jonay

"Como lo de arriba es lo de abajo, lo que fue será, lo que ha de suceder ocurrirá" Así había hablado Gerián, el viejo que rompía gánigos con la mirada. Gara no supo qué secreto guardaban las palabras del viejo de los ojos poderosos. Estaban próximas las fiestas del Beñesmén. Pronto llegaría a la Gomera desde Tenerife los menceyes y nobles principales para tomar parte en las celebraciones de la recolección. Gara princesa de Agulo, y las jóvenes gomeras habían acudido donde Los Chorros de Epina para mirar su rostro en el agua. Fue entonces cuando los ojos poderosos del viejo Gerián vieron lo que a ninguna otra mirada se revelaba.

"La sombra del fuego quema el agua. La muerte acecha. Como lo de arriba es lo de abajo, lo que fue será, lo que ha de suceder ocurrirá." Siete chorros mágicos manaban en Epina. Los siete nacían en siete puntos distintos de los adentros de la isla sin que nadie hubiese descubierto nunca su origen secreto. Siete charcos formaban los siete chorros y siete virtudes ofrecían a los que de ellos bebiesen. Y era costumbre que cuando llegaban las fiestas del Beñesmén, las jóvenes gomeras juntasen agua de cada uno de los siete chorros en un pequeño estanquillo hecho a base de breas, musgos y yedras. Antes de que el sol rayara, miraban su rostro en el agua y si la imagen era calma y clara, ese año encontrarían pareja, mas si el reflejo era turbio o lo empañaban las sombras, la desgracia aguardaba como aguarda sigilosa en su tela la araña.

Gara se había asomado al estanquillo y al principio fue nítido y quieto el reflejo de su imagen, pero pronto el liquido se cubrió de sombras y comenzó a agitarse hasta que en vez de su rostro apareció un sol incendiario que cegó el agua dejándola sucia, revuelta y anochecida.

"Lo que ha de suceder ocurrirá. Huye del fuego Gara, o el fuego habrá de consumirte"

Así habló Gerián, el que rompía ganigos con la mirada, el que veía lo que a otros ojos quedaba oculto. Y corrió de boca en boca el augurio. Y calló Gara su temor y su asombro. Arribaron los menceyes y nobles de Tenerife a las playas de La Gomera para compartir las fiestas del beñesmén. Al Mencey de Ajede le acompañaba su hijo Jonay que no tardó en distinguirse en sus luchas con los banotes, en la esquiva de guijas, en la alzada de pesos y en las otras competiciones y juegos de los que tomaba parte. Gara lo contemplaba. Como acude la sangre a la herida, o como el mar refleja el cielo, inevitablemente se descubrieron y se enlazaron sus miradas. No pudieron impedir que el amor las alcanzase, así lo hicieron saber a sus padres y así, para añadir más júbilo a la alegría de las fiestas del Beñesmén, fue hecho público su compromiso. Apenas se propagó la nueva, inesperadamente el mar se pobló de destellos y se cuajó el aire de estampidos y ecos prolongados. Echeyde, el gran volcán de Tenerife, arrojaba lava y fuego por el cráter.

Tanta era su furia que desde la gomera podían divisar las largas lenguas encendidas estirándose desde la cima hacia lo alto. Entonces fue cuando recordaron el augurio del viejo Gerián, el aojador. Gara y Jonay, agua y fuego. Gara era princesa de Agulo, el lugar del agua, Jonay venía de la tierra del fuego, de la isla del infierno. No podía ser. El fuego retrocede ante el agua. El agua se consume en el fuego. Gara y Jonay, agua y fuego. Imposible su mezcla, imposible la alianza. Las llamaradas que brotaban de la boca de echedey lo confirmaban. Aquel amor era imposible. Sólo grandes males podían sucederse si no se separaban. Bajo amenaza, les prohibieron sus padres que volvieran a encontrarse. Su unión quedo maldita. Calmó su furia Echeyde y de nuevo se encerró el fuego en sus adentros de piedra. Concluyeron las fiestas del Beñesmén y sin peligro, ya en la isla, regresaron a Tenerife los menceyes y nobles que habían ido a La Gomera. Más Jonay no podía olvidar a Gara. Un peso infinito, como un quebranto interminable, lo doblegaba y lo desvivía.

Necesitaba volver a verla, tenerla a su lado pese a las prohibiciones, pese a la maldición que sobre ellos cernía. Ató Jonay a su cintura dos vejigas de animal infladas y, al amparo de la noche, se lanzó al mar dispuesto a atravesar la distancia que le separaba de su enamorada. Las vejigas le ayudaban a flotar y cuando el cansancio rendía sus fuerzas, la imagen de Gara acudía a su memoria dándole ánimos para recobrarse y seguir nadando. Así hasta que, aun dudosa, la luz del alba lo recibió al llegar a las playas de La Gomera

"El fuego habrá de consumirte"

Eso le había dicho Gerián a Gara. Y un fuego desmesurado la incendió cuando Jonay, escabulléndose y ocultándose, fue a encontrarla y se abrazaron apasionadamente. Escaparon por entre los montes de laurisilva hasta refugiarse en EL Cedro. Allí se entregaron al amor y se fundieron sus labios y sus ansias. Más no podía durar mucho aquella pasión furtiva. Lo dijo Gerián cuando el rostro de Gara desapareció del agua de Los Chorros de Epina y en su lugar sólo hubo un resplandor de hoguera sobre el líquido sucio, revuelto y anochecido.

"La muerte acecha. Como lo de arriba es lo de abajo lo que fue será, lo que ha de suceder ocurrirá" Enterado el padre de Gara de la huida de su hija con Jonay, dispuso que salieran a perseguirlos. En la cumbre más alta de La Gomera habrían de encontrarlos, estrechamente unidos, amándose. Antes que volver a separarse, antes que sus perseguidores les prendieran, Gara la princesa del Lugar Del Agua y Jonay, príncipe de la Tierra Del Fuego, buscaron la muerte. Afiló Jonay con su tabona los extremos de una recia vara de cedro y lo colocó entre su pecho y el de Gara. Las puntas hirientes apoyadas sobre sus corazones. Luego sin decirse nada, mirándose a los ojos, sintiendo como la barra de cedro los traspasaba por el empuje de su violento y desesperado abrazo, quedaron quietamente fundidos. Entonces agua y fuego fueron uno solo en la suma de sus cuerpos.

Dicen los mayores que en los profundos barrancos es posible escuchar aún el eco del último de los suspiros de los dos enamorados que antaño sellaron su unión en la infranqueable frontera de la vida y de la muerte.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...